06 de mayo de 2019
06.05.2019
La Opinión de Murcia
Warm Up
Conciertos

El Warm Up y la revolución del amor

Noel Gallagher's High Flying Birds, Vetusta Morla, La Casa Azul y Teenage Fanclub ponen el broche de oro a la tercera edición

06.05.2019 | 04:00

Por momentos, y viendo a buena parte del público, aquello parecía Benicassim, 20 años más tarde, y resultaba curioso ver a padres con sus hijos, sobre todo en las primeras horas. El cartel de la segunda jornada del Warm Up presentaba, por un lado, a los veteranos Teenage Fanclub y Noel Gallagher & High Flying Birds, y por otro, situados más tarde en el horario, dos cabezas de cartel nacionales: Vetusta Morla y La Casa Azul; sí, porque Guille Milkyway aprovechó muy bien su oportunidad: logró retener (y meter el ritmo en el cuerpo) al público que casi llenaba el recinto tras la actuación del ex Oasis. Conclusión: podríamos hablar de empate con la Pérfida Albión, y de un acierto en la combinación para registrar una buena caja. De mejorar la línea media del cartel, tendríamos un festival estupendo. En todo caso, para llevar tres ediciones –cambio de nombre incluido–, el resultado es positivo.

Los High Flying Birds de Noel Gallagher, que incluyen una sección de vientos y tres coristas y multiinstrumentistas, se presentaron como una familia numerosa frente a un telón blanco. No fuimos a ver a Oasis, y partiendo de ese incuestionable punto de vista, todo se desarrolló como cabía esperar.

Who built the moon? es el disco que Noel intentaba hacer desde que Oasis se separó; una colaboración con el productor de música de baile, Dj y compositor de bandas sonoras David Holmes, que sacó a Gallagher de su zona de confort (himnos a medio tiempo y referencias a los Beatles) para llevarlo a un territorio más colorido y espacioso donde hay electrónica ambiental, reluciente rock bailable estilo New Order, easy listening y glam saturado. Quizás el problema es que Noel lo debería haber hecho hace 20 años. Si te pasas décadas dando vueltas a más de lo mismo, eso es lo que la gente esperará de ti, y puede que reaccionen con frialdad si de repente metes el trombón y los interludios en francés de la vocalista Charlotte Marionneau –a la que se pudo ver también usando unas tijeras como percusión–.

Mejor tarde que nunca, y High Flying Birds muestran un optimismo agradable, tanto en el sonido (expansivo y poderoso) como por parecer seguros de que a su público le va a gustar mucho esta nueva dirección, o al menos la va a aceptar. Mientras Liam entra al escenario con la vieja intro de Oasis e inmediatamente empieza a machacar con el contenido de Definitely maybe, la aparición de Gallagher senior va precedida por un largo pasaje de drones electrónicos.

El principio fue intenso: Noel abrió con el casi instrumental y screamadélico Fort knox, y arremetieron con varias canciones seguidas más de Who built the moon?: la propulsiva Holy mountain, It's a beautiful world (entre guitarras con trémolo y un recitado en francés a cargo de Charlotte Marionneau, que interpretó su parte cantando desde un teléfono), y la alegre y destelleante She taught me how to fly, donde Marionneau percute las tijeras. Tras el disco-funk Black star dancing, estrenado esta misma semana, se internó en el catálogo de Oasis con Talk tonight (cara B de Some might say) y Little by little. Para Dead in the water, del nuevo álbum, los High Flying Birds abandonaron el escenario y dejaron solo a Noel, armado únicamente con una guitarra acústica.

Se percibe el esfuerzo de Noel por recapturar la inspiración que impulsó a Oasis a la cima. Noel parece genuinamente inspirado otra vez, empujado por algo distinto de la nostalgia de Oasis en los 90. AKA... What a life!, uno de los temas más 'experimentales' de su primer álbum (con influencias house) borró de un plumazo la nostalgia. Siguió la balada épica If I had a gun. Noel Gallagher facturaba cada tema con una perfección casi de estudio, sin dejar de interactuar con el público de las primeras filas.

Uno de los dos momentos más emotivos, alzadas al unísono las voces del público, fue con Stop crying your heart out. Los otros fueron propiciados por Don't look back in anger, una canción ya integrada en la cultura popular (si no llega a tocarla, puede que Noel no hubiera salido vivo del recinto), y All you need is love de los Beatles, con la que terminó; una versión con clima de fiesta, de despedida alegre. Se quedaron fuera muchas canciones (dispusieron de menos tiempo que Vetusta Morla), pero Noel y sus High Flying Birds arrasaron. Tras algo más de dos décadas con Oasis y tres aclamados álbumes en solitario, Noel Gallagher no tiene nada que demostrar, y su concierto confirmó que sigue siendo uno de los compositores británicos más talentosos. El show ofreció una dosis de nostalgia, pero también demostró que no está anclado en el pasado. Sonó tan poderoso e icónico como siempre.

Teenagers eternos

Necesitamos amor, y también a Gerard Love, uno de los miembros fundadores de Teenage Fanclub, que ya no sigue con ellos. Resulta que los únicos que siguen juntos son los hermanos Reid, pese a todo. El concierto de Teenage Fan Club pareció pensado especialmente para los fans.

Gerard Love dejó el grupo hace unos meses, pero desde las primeras notas de About you y el clásico Start again, quedó claro que el encanto de este pop intemporal atraviesa las décadas sin sumar ni una arruga. Teenage Fanclub, sin nuevo álbum que promocionar, ofrecen un concierto revolviendo entre lo mejor de toda su discografía. Eveything is falling apart, su más reciente single, evidencia que la receta sigue siendo la misma que a principios de los 90: una pieza atemporal que podría haber estado en Bandwagonesque o Thirteen.

Catholic education fue otra de las maravillas que tocaron, con esas guitarras a la vez rabiosas y poperas que han dado gloria al grupo. Los Fannies abordaron después Alcoholiday, la primera perla de Banwagonesque, el álbum que les hizo explotar a principios de los 90, con la que se percibía un grupo que a cada instante transparentaba el placer de tocar su música, lo que parece haberles hecho vencer al tiempo (Euros Childs al teclado y Francis Macdonald a la batería se llevan la parte del león a la hora de armonizar). Las guitarras psicodélicas de The darkest part of the night, de su último disco, Here, resonaban con un perfume muy Byrds, como cuando estaba Love.

I'm in love también está en la línea de las mejores canciones pop jamás compuestas por Teenage Fanclub, y ya directamente entramos al paraíso cuando sonaron las guitarras de The concept, clásico entre los clásicos del grupo, una obra maestra absoluta. Guitarras que alcanza la cumbre, armonías vocales dignas de los Beach Boys. Un must. Otra maravilla de Bandwagonesque cautivó igualmente: What you do to me, así como la soberbia Eveything flows, el single debut de la banda en 1989, con tintes de Dinosaur Jr en la intro y un duelo de guitarrras al final. La edad le sienta muy bien.

La decepción: faltó Sparky's dream, una de las canciones más adoradas de Teenage Fanclub (respetuosamente omitieron las composiciones de Love). Era difícil ignorar la ausencia de un miembro fundador. Sin embargo, hay que reconocer el mérito de Norman Blake, Raymond McGinley y Francis MacDonald por hacer ajustes para llenar un vacío tan enorme. En todo caso, un concierto fascinante de un grupo que con el paso de los años sigue siendo uno de los referentes del pop. Treinta años después de su aparición, Teenage Fanclub despliegan el mismo encanto. Estos escoceses son eternos.

Clásicos modernos

El concierto de Vetusta Morla fue el que reunió más público, dejando claro desde Deséame suerte hasta el final, con Los días raros, que son los indiscutibles reyes del pop en castellano. Los Vetusta volvían al mismo recinto justo un año después, esta vez para formar parte del cartel. Era el primer concierto de su nueva gira de festivales, muy centrado en su primer álbum, Un día en el mundo, que cumplía una década de vida el año pasado. Aparte de la revisión de aquellos pequeños himnos escritos hace diez años. Fue un momento sin parangón.

Si bien es cierto que se echaron de menos algunos de sus temas más populares, el set list permitía ver a Vetusta Morla jugar con sus propias canciones, dotándolas de nuevos ritmos, más electrónicos que de costumbre. La banda madrileña lució maneras de clásico moderno, marcando perfil con una puesta en escena de claroscuros, de luces blancas y azuladas. Espectacular. Es ahora cuando han aprendido a modular sus instintos emocionales. Y es también ahora cuando el grupo de Tres Cantos tiene un público más multitudinario.

Guille Milkyway, La Casa Azul, fue otro de los grandes triunfadores de la noche. Puso a todo el recinto a bailar, y lanzó el mensaje de que la única revolución posible es la del amor. Presentó el mejor espectáculo que le hayamos visto: ni los porteros de la zona VIP pudieron resistir su ofensiva de ritmo y positividad. La Casa Azul optó por interpretar un repertorio de lo más variado, sin perder de vista el nuevo álbum, La gran esfera, compaginando sin dificultades los temas más clásicos y los más novedosos. No faltaron ni La revolución sexual, que puso todo el recinto a bailar, ni tampoco Esta noche solo cantan para mí –la dedicó a Juan de Pablos– mostrando en las pantallas los rostros de grandes cantantes a las que Guille tiene un cariño especial. La actuación fue, como era de esperar, una sucesión de hits hipervitaminados, sunshine pop, bubblegum , pasando por el frenesí J-pop. Guille Milkyway se erigió como ídolo indie pop.

Antes, bajo un sol de carallo, Alondra Bentley presentaba Solar system. Poco a poco ha ido aparcando el folk intimista de sus comienzos, acercándose a otros estilos, como el pop y el soul, y dejando ver lo polifacética que puede llegar a ser. Con Solar system se ha metido de lleno en el pop electrónico, y la encontramos muy cómoda con estos sonidos de corte ochentero y sintéticos. En todo caso, había un toque de sinceridad a lo largo de su actuación, que ya es difícil de ver en un mundo tan prefabricado. Dirigiendo en todo momento a su banda, la actuación de Alondra fue una delicia para nuestros oídos. Pena que coincidiera con otros murcianos, Increíbles Ful, a punto de sacar disco; contaron con la asistencia de Jesús Cobarro para ofrecer una excitante sesión de shoegaze, dream pop y magníficas armonías que sirvieron de aperitivo para ver aTeenage Fanclub.

Algo salvaje

A Crudo Pimento sólo les faltó bajarse del escenario con un machete y descuartizarnos a todos, que estábamos ya hipnotizados con sus luces estroboscópicas, que te dejan bizco o catatónico, desarmados, y al borde de la epilepsia. Raúl, que contó con la asistencia de Paco Frutos y Pepelu en algunos momentos de su espectáculo leviatán, hacía señales como el capitán Acab para que le siguiéramos. Arrastrados al infierno entre andanadas de free jazz, hip hop, electrónica terrorista, flamenco galáctico, black metal o rock industrial mezclados de forma enloquecida con aullidos sobrenaturales, e invocando los espíritus de Trent Reznor, Captain Beefheart, Tom Waits y Manu Chao, entre otros. "No hay tiempo para las drogas en la ciudad de Nueva York / No hay tiempo para las drogas en Barcelona/ No hay tiempo para las drogas en el Ayuntamiento de Murcia", clamaba Frutos en una suerte de lamento por el ritmo de la vida moderna. Sólo faltó una gran deflagración que pusiera fin a todo, con el escenario y el recinto de La Fica saltando por los aires. Un show transgresor, hipnótico y hasta liberador, sesión mengele de placer y sufrimiento, que dinamitó los cimientos de lo correcto. Algo salvaje. Sirva esta inmersión para revalidar sus ponzoñosos encantos. Más allá del bien y del mal, su genialidad está aceptada. ¿Qué sería del rock sin el mito?

Los americanos A Giant Dog también hicieron que el personal se tambaleara con el erotismo radical de su frontwoman, Sabrina Ellis, que ofreció una actuación magistral; en partes iguales fue descarada, desafiante, vulnerable y muy bruta. La versión femenina de Iggy Pop en un directo crudo, veraz, arriesgado y peligroso. Fueron electrizantes.

Novedades Carminha nos propusieron "enseñar a los guiris cómo se baila". La banda gallega le puso acento canallita a una actuación que abarcó desde el dub a la cumbia, pasando por la música disco y el trap. Una desprejuiciada verbena. La extravagante y siempre sorprendente puesta en escena de Putochinomaricón puso cierre a una noche que supo a victoria tras la gran fiesta pop de Cariño, un trío con descaro y ganas de reivindicar que el pop puede mezclarse con ritmos tan modernos como el trap.

El lema de esta segunda jornada fue 'All you need is love'. Casi todos lo repitieron a lo largo de la noche, y, efectivamente, se echó de menos al bueno de Gerard. Este mismo miércoles se ponen a la venta los primeros abonos para el #WARMUP2020. Paz y amor para todos, que falta hace.

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