05 de mayo de 2019
05.05.2019
La Opinión de Murcia
Warm Up

El milagro de los Mary Chain en la primera noche del Warm Up

Las delicias variadas de Jesus & Mary Chain, la conversión de Amaia al indie (o mejor lo dejamos en pop, a secas), los 'Cayetanos' y los bailes de Two Door Cinema Club nos hicieron pasar una buena jornada cantando bajo la lluvia

05.05.2019 | 04:00
El público no dejó de bailotear ni un segundo mientras Two Door Cinema Club desgranaba sensacionales hits.
El milagro de los Mary Chain en la primera noche del Warm Up
El milagro de los Mary Chain en la primera noche del Warm Up
El milagro de los Mary Chain en la primera noche del Warm Up

En esta edición del Warm Up –en su primera jornada–, presenciamos la 'destriunfitización' definitiva de la vencedora de Operación Triunfo 2017 (y eurovisiva), la tierna Amaia, que ya pasó en su día por el Primavera Sound, y escogió el Warm Up para presentar parte del que será su celosamente guardado primer disco, en el que ha trabajado con Refree, y cuyo single El relámpago (producido por Santiago Motorizado) había estrenado con éxito escasas horas antes de la actuación en Murcia. Ella confesó que estaba nerviosa como un flan, pero se mostró abducida hacia el pop.

No estoy muy seguro de si la luz que se elevaba sobre el escenario procedía de un drone o de un platillo volante, pero resultó sorprendente que cantara a Skeeter Davis (su versión de The end of the world) y a Dusty Sprinfield (quizás vía Karina, que inmortalizó su I only want be with you), y qué decir de su interpretación de Medio drogados de Los Fresones Rebeldes o la frescura de su versión de Perdona (ahora sí que sí) de nuestro genio Marcelo Criminal, que más tarde volvería a interpretar junto a Carolina Durante, en uno de los momentazos del festival, cuando más arreciaba la lluvia. Amaia, alternando piano y guitarra, me recordó la transformación sufrida años atrás por Robbie Williams al juntarse con los gamberros hermanos Gallaguer, borrando por completo la imagen que se tenía de él en Take That. Punto, set y partido. Amaia arrebatada para el indie.

Los chicos están bien

La hora culminante de la noche del viernes llegó con la aparición en escena de The Jesus & Mary Chain, abanderados de un rock vanguardista, nihilista, pero lleno de melodías pop. Hasta la noche lluviosa acompañaba a los hermanos Reid, que irradian una luz melancólica muy especial, una tristeza que sienta bien, pero, a poco de empezar ellos, dejó de llover. El concierto fue una selección de delicias variadas. Los hermanos Reid aparecieron sobre un escenario salpicado de amplis con las letras de Jesus, y en todo momento hubo profusión de luces y efectos estroboscópicos a raudales, un tanto fuera de lugar a veces. Tomaron posiciones junto al guitarrista Scott Von Ryper (del dúo australiano The Black Ryper), Mark Crozer al bajo y el batería Brian Young (antes en Fountains of Wayne), una formación que se mantiene estable desde hace varios años; y, sin mucha ostentación, The Jesus & Mary Chain fueron directos a la yugular con Amputation, de su último álbum (Damage and joy), publicado casi 20 años después de Munki (1998), del cual sonaron varios cortes codeándose con esperados clásicos. Nada más empezar soltaron las magníficas April skies y Head on. Si alguien necesitaba una prueba de que la motosierra de los Mary Chain todavía 'funciona', quedaron despejadas sus dudas.

William Reid, con sus rizos, parecía un profesor chiflado. Jim Reid, derrochando actitud, ensartaba la voz en cada canción con ese siniestro trasfondo oscuro que a estas melodías pop les va como anillo al dedo. Habló poco, como de costumbre; de vez en cuando balbuceaba "gracias". Sin embargo, la música lo dijo todo. En el primer tercio del concierto sonaron canciones de Automatic, Darklands y Damage and joy antes de que apareciera la hechizante Snakedriver, de la banda sonora de El Cuervo (1994), pero The Jesus y Mary tenían escondidas unas cuantas golosinas más: Después de All things must pass (Upside down), llegó nada menos que la canción titular del EP Some candy talking (1986), a la altura del éxtasis generado.

El inconfundible ritmo percusivo de Be my baby de las Ronettes inició Just like honey, una canción de amor "para enfermos mentales", casi ultrajada al final por una vocalista con sus coros algo desafinados. En un torbellino de feedback y drones se desplegó Cracking up, y siguió The living end (Psychocandy). La irónica I hate rock'n'roll precedió a una estremecedora Reverence, cuya turbia atmósfera de acoples malsanos fue llevada hasta el límite para regocijo del personal. Sublime. El sonido fue impecable, y acertaron con el repertorio. También es cierto que Damage and joy no está nada mal, y que las canciones elegidas de él no desentonaron con los clásicos. Los chicos están bien; dieron un concierto a la altura de su leyenda. El milagro de The Jesus and Mary Chain.

El esperado regreso a los escenarios de Two Door Cinema Club ha sido triunfal. Alex, Kevin y Sam avanzaron material de su cuarto álbum. Talk, el alegre e intoxicante primer single de adelanto, abrió su show; puede considerarse un clásico instantáneo, y establece una atmósfera que ya no amaina hasta el final. El público no dejó de bailotear mientras el grupo desgranaba sensacionales hits como Undercover Martyn, que desató el frenesí, y What you know, con inclinaciones disco y una puesta en escena acorde (colorista y con mucha parafernalia), pero es su repertorio por lo que matarían muchos grupos. No habían llegado al estribillo y la gente ya estaba saltando, y no les dieron motivo para dejar de hacerlo, ya que siguió This is the life. Y no es que vayan a lo seguro sólo tocando éxitos pasados. De Gameshow, su último álbum, hicieron el disco funk de Bad decisions, con esos falsetes que trasladaban hasta los Bee Gees. Fue un concierto como la mayoría de sus canciones: vibrante, incisivo, imposible no disfrutarlo, aunque a alguien pudiera parecerle un tanto repetitivo. Diría que fue con ellos el momento de más concurrencia, tal vez no el álgido, con algo más de 15.000 personas en el recinto de La Fica; claro que la impertinente lluvia y el frío quizás disuadieron a parte del público.

«Sonamos mejor que ayer»

¿De verdad no son el grupo del año Carolina Durante? Estando en el momento justo en el lugar adecuado y escuchando los "buenos consejos de las peores personas" es como han conseguido su rápida ascensión. "No sonamos mal, sonamos mejor que ayer", repetía el estribillo de Canciones de Juanita, y es así. Vale que la propuesta de los madrileños no inventa nada nuevo, pero su desparpajo y esas canciones directas les han convertido en uno de los mayores hypes que ha dado nuestra escena en mucho tiempo.

No sólo están ahí los obvios guiños a los Nikis; también hay referencias a Él Mató a un Policía Motorizado, a Juanita y Los Feos, al hombre del tiempo, a Mikel (¿Izal?)... No faltan dejes a Pixies, Airbag, Los Punsetes o Jesus & Mary Chain (a mi lado tuve a los 'Cayetanos' y Amaia dando botes en su concierto) y un punk pop directo y contagioso, acompañado de brillantes letras para corear en sus conciertos: Joder, no sé, y por supuesto Cayetano, que el cantante introdujo bromeando con "¿Oís eso? Es el silencio", en clara alusión al ciudadano Rivera.

Carolina Durante lograron sonar divertidos y frescos con la lluvia arreciando, evidenciando las razones de su buena aceptación entre público de distintas generaciones. Punk pop divertido, vacilón y con ecos ochenteros. Vamos, que sí, que son Los Nikis de hoy.

Uno de los directos más divertidos fue el de Space Surimi, Coopermen & Carlboro. Momento de bajarse del cohete de Zahara tras algunos altibajos, para ver a estos dos tipos con aspecto de delincuentes liando el taco en plan caña 'old school': la 'grasia' jerezana. Tu Mario tiene Facebook, Sácala a bailar... Unos desvergonzados con una gracia que no se puede aguantar, que invitan a mover el culo con tu abuela. Guateque lo llaman ellos. Me recordó aquel Rapper's delight, publicado en 1979 por The Sugarhill Gang, que aquí se tradujo por El gozo del rollista, pero la cosa va en serio.

De vuelta a Zahara, en pleno vuelo sideral de su disco Astronauta, nos la encontramos en órbita danzando sin complejos, bailarines coreografiados incluidos. Incluso se bajó entre el público con sus 'boys' –vestidos, como ella misma, con aire espacial–, mientras sonaba Hoy la bestia cena en casa. Un sistema solar no sé si llegaron a crear, pero un buen ambiente sí que lograron, ahora que tampoco fue una rave para tirar cohetes. Zahara es para todos los géneros y para todas las orientaciones. Se fueron mientras sonaba de fondo Starman de Bowie, que a un buen volumen siempre da tono en un festival.

Antes, en ese mismo escenario Warm Up, había estado la chilena Javiera Mena con sus ritmos sintéticos, entre tropical, hip-hop y techno psicodélicos, y un sonido muy noventero, y he de decir que las canciones nuevas ganaron mucho gracias al formato y a la actitud con la que fueron presentadas. Mena alborotó la pista a ratos en un concierto que resultó irregular y apretó el acelerador al final, impulsando la fiebre del viernes noche.

Gran noche de Marcelo Criminal

Y el viernes fue la gran noche, o el día, de Marcelo Criminal. Fue el encargado de abrir en el Escenario Up, en bata y con la sola compañía de su portátil y una guitarra. Pura lo-fi y unas letras con un humor muy particular merecedoras de la atención de otras artistas que las han versionado, como es el caso de Perdona (ahora sí que sí): sonó varias veces en la primera jornada del festival. Una prueba de que se puede hacer pop sin insultar a la inteligencia. El propio Marcelo define su estilo como "mala música para gente sensible y moderna", y sus canciones muestran una potencia lírica costumbrista y descomunal desde la cotidianidad y la ternura; así, Murcia nos pertenece (un guiño a París nos pertenece de Jacques Rivette) reivindica el poder de lo popular. La invitación final ("nos vemos en el parking") fue sencillamente genial, como su show.

La participación murciana también incluyó a Claim: se dieron un baño de masas con sus canciones de pop barnizadas de tropicalismo, que les están haciendo ascender en festivales; y, por supuesto, Second, acostumbrados a jugar en esa liga intermedia entre lo comercial y lo alternativo. Son unos clásicos, y contaron con el factor de jugar en casa. Creo que esta debió de ser una de las ocasiones que han tocado ante más público, y lo solventaron con la misma elegancia y savoir faire de costumbre. Con un repertorio bien trufado de éxitos, reconocimos a los Second de siempre en el nervio guitarrero, en el protagonismo de la voz de su cantante, en las influencias anglosajonas y en las ganas. Los chicos conocen la fórmula.

Fue una lástima que la actuación de Two Door Cinema Club apagara casi por completo a The Shivas, cuatro amigos de Portland que prestan especial atención a los orígenes del surf rock y el 60's rock'nroll. Su mezcla de surf-pop y garaje los conecta directamente con coetáneos como Thee Oh Sees. Canciones envueltas en reverb con unas guitarras juguetonas y surferas, un toquecillo psicodélico y una dosis generosa de nostalgia de los años sesenta hasta en sus pintas (la chica baterista parecía sacada directamente de Rocky Horror Picture Show).

Marius Lauber y los suyos, Roosevelt, intentaron calentar la fría noche con su música, la habitual fiesta festivalera de la que ya ofrecieron una completa sesión Alex Trimble y sus Two Door Cinema Club. De poco sirvió el cohete que lanzaron con Montreal. Un poco de revivalismo, sin ninguna sorpresa, dentro del género del Synth-Pop.

2 Many Dj's, dos selectores que en su momento revolucionaron el concepto de Dj set, siguen dando clases magistrales de lo que significa esto de mezclar sonidos cada vez que se ponen detrás de unos platos y una mesa de mezclas. Pusieron el fin de fiesta, aunque, tras la actuación de Trimble y los suyos, fueron muchos los que emprendieron la retirada.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook