10 de abril de 2019
10.04.2019

El conservatorio, de nuevo, en la catedral

La Catedral acogió otro de los conciertos que el Conservatorio Superior de Música de Murcia viene organizando en distintos lugares

09.04.2019 | 20:58

La Catedral acogió otro de los conciertos que el Conservatorio Superior de Música de Murcia viene organizando en distintos lugares para celebrar los cien años de su creación, cuando no se distinguía entre superior o profesional. Esta vez, el concertista, en el gran órgano Merklin-Schütze, ha sido Alfonso Guillamón de los Reyes, desde 2008 Canónigo, Prefecto de Música Sacra y Organista Titular de la Catedral de Murcia. Que, antes, estudió piano, con premio especial fin de carrera, en el conservatorio de aquí, se tituló en órgano en el Conservatorio de Valencia con el catedrático Vicente Ros, impartió clases de piano y de órgano en el Conservatorio de Murcia, y que, durante años, fue profesor numerario de piano, por oposición, en el Conservatorio Profesional de Música de Lorca. Vinculaciones, con el Conservatorio y con la Catedral, que hacen oportuna su participación en este ciclo conmemorativo.

Organista que interpretó: Toccata en Mi menor, del alemán Johann Pachelbel (1653-1706); Preludio y fuga en Mi mayor, del alemán de origen bohemo Johann Caspar Ferdinand Fischer (c1656-1746); Choeur de Voix Humaines, séptima de las diez Meditaciones religiosas op. 122 del francés Louis Alfred James Lefébure-Wély (1817-1870); 'Herzlich tut mich verlangen', décimo de los once preludios corales op. 122, del germano Johannes Brahms (1833-1897); Toccata en Do mayor, del español, alavés, Jesús Guridi (1886-1961), y Génesis, del murciano, de Santomera, Ginés Abellán (1942), que fue catedrático y, de 1987 a 1989, director del conservatorio que celebra su centenario, y que asistió al concierto.

Con el conocimiento del instrumento y el trabajo riguroso en la preparación de las obras, Alfonso Guillamón ofreció ejecuciones firmes, limpias y de una corrección fuera de toda duda, además de interpretaciones equilibradas, ponderadas, con sentido de la proporción, y en las que la ausencia de exageración, aparatosidad o artificio, no consiguió esconder ese componente de expresión que, al no estar inflado, se aprecia como más íntimo, podríamos decir que sincero y entrañable.

Buen desarrollo, con impulso interno, con buena mezcla de elementos contrastantes y concepto unitario, en la música de Pachelbel; y sello claramente alemán, con un casi imperceptible toque de refinamiento francés, en la página de Fischer, perteneciente a la colección 'Ariadne Musica', para algunos un antecedente, con todas las diferencias en cuanto a magnitud formal, del magno 'Clave Bien Temperado' bachiano. Y, en ambas piezas, dentro de estilo, con la registración conveniente para que la escucha de esta música barroca resultara satisfactoria en el órgano romántico, sinfónico. Finura expresiva en la de Lefébure-Wély. Sensación de nebulosa nostalgia en la de Brahms, publicada después de su muerte, el recuerdo de Bach con las maneras del romanticismo, o postromanticismo. Con buen despliegue de las enormes posibilidades sonoras del gran instrumento en la de Guridi, compacta, rotunda. Y con evidente comprensión y entendimiento, en la de Abellán, música de buena factura, con hábil utilización de los recursos del lenguaje, escrita en 2017 para la inauguración, tras restauración, del órgano de Santomera.

La asistencia fue aproximada a la del concierto anterior del ciclo aquí, y los oyentes, atentos y concentrados en la escucha, aplaudieron al final con sinceridad.

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