17 de marzo de 2019
17.03.2019
Entrevista
Arte

Cristóbal Gabarrón: "Mi obra es sincera, no hay artificio"

El artista presenta la serie 'Pieles', formada por más de cincuenta piezas

17.03.2019 | 04:00
Cristóbal Gabarrón posa junto a algunas de las obras del proyecto ´Pieles´.

Artista. Comparte la historia de su nuevo proyecto, 'Pieles', una colección de más de cincuenta piezas, parte de las cuales se exhibe en la Ermita de San Roque de Fuente Álamo hasta principios de mayo. La exposición se trasladará, posteriormente, a ciudades como China y San Francisco.

Cristóbal Gabarrón (1945, Mula) reflexiona sobre su paisaje interno y su visión del mundo y la naturaleza en Pieles, una serie de piezas elaboradas con hojas de palma como materia principal, como parte de un proceso de evolución del propio artista en diálogo con la naturaleza, que se muestran en la Ermita de San Roque de Fuente Álamo hasta mayo. El proyecto –comisariado y coordinado por Juan García Sandoval y José Celdrán– está formado por varias obras expuestas de manera individual y otras que conforman un gran retablo de la diversidad y de la vida, porque Gabarrón trabaja este concepto desde su amplio significado.

Pincel del Año de la Villa de Fuente Álamo en 2018, su fuerza imaginativa se advierte a través de su voz y de sus manos, que mueve sobre el papel a la vez que explica el proceso de confección de las piezas. Una piel, la del propio artista, que da paso a una obra "sincera, sin artificio". La piel de Cristóbal Gabarrón es porosa, sufrida, comprometida. Humana. Es una piel receptiva con causas sociales, que cala, se impregna. Es una piel de contrastes. Es como su obra: auténtica.

¿Cómo surge este proyecto?
La primera idea era hacerme un estudio en Mula, porque trabajar es lo que me gusta. Para mí el descanso es trabajar (mental y creativamente). Es lo que amo. Con la intención de crear un estudio, hago un proyecto que contempla la colocación de plantas y árboles. Decido que plantaré tres palmeras, como base de algo que ya iré haciendo. Me gustan mucho las palmeras y están presentes en bastantes series en mi vida porque son un elemento fálico al revés, son hombre y mujer. La interpretación que hago siempre conduce a los conceptos sobre los que trabajo: amor, muerte, naturaleza, justicia; esas cuestiones. Entonces planto esas palmeras y, pasado el tiempo, encuentro un día que una de ellas se ha secado. Esa en la que puse más interés, la que planté con tanto cariño, a la que le llegaba el agua perfectamente, se ha muerto, por alguna razón, y se convierte en una ruina, en la muerte general de las cosas. Ese momento es muy doloroso y empiezo a recoger las hojas. Pensé que había que dar a la palmera un entierro un poco serio, cortarla con cuidado, trasladarla con delicadeza. Y voy dejando las pequeñas cosas, los trocitos, y pienso: 'Con esto tengo que hacer una obra de arte a través de la que pueda expresar los sentimientos que me produce'.

¿Y qué hizo?
Guardé, entonces, una serie de elementos naturales, sin saber qué iba a hacer. Pensando, únicamente. No buscando lo físico, no buscando la imagen, sino intentando averiguar cómo expresar un sentimiento.

¿Con qué dificultades se encuentra?
El problema era investigar cómo, con toda esa materia muerta que no se sujeta y a la que hay que hacer unos tratamientos, podía conformar la obra. Después de mucho tiempo de darle vueltas y mientras estoy trabajando una pieza para Naciones Unidas, surge un planteamiento –a través de un filósofo– sobre la idea de que todas las personas llevamos máscaras.

¿Puede hablarme de esa idea?
Dependiendo de qué mascara nos ponemos ante los demás (algunos por maldad, otros, simplemente, por defensa), nos mostramos de una forma u otra. Y de ahí, partiendo del tema de las máscaras, entro en una cuestión filosófica que se refiere a las diferentes pieles.

¿A las diferentes pieles del ser humano?
Si yo te conozco a ti y te veo y te oigo, sé si estás bien o mal. No sé qué te pasa, pero puedo ver si te ocurre algo. Se produce en la piel o en la voz unas circunstancias que hacen saber si estás contento o triste. Después de una máscara, siempre hay una piel que cubre a la persona, su humanidad, lo que está pensando. Tengo la obra, tengo el sentimiento que me produce la palmera, lo identifico –aunque el proyecto no es solamente esto–, y lo interpreto. Entonces, a través de una apuesta artística, voy introduciendo personajes que se me han ocurrido.

¿Cómo son esos personajes?
La persona se tatúa de alguna manera, se hace un ensamble, un collage, es una cuestión psicológica, independientemente de la máscara que se ponga, que transmite cómo es el personaje.

¿Y los elementos de estas 'máscaras'?
Tú ves una pluma de color rojo, pero sabes que la pluma no es una cuestión estética. Cualquier elemento se coloca de manera que tenga una arquitectura que funcione, pero tiene realidad. La pluma es el personaje porque cada elemento va en compensación de lo que he pensado.

¿Todas las 'pieles' de esta exposición están interrelacionadas, creando una narrativa de conjunto?
Sí; digamos que es una representación de la sociedad [hace el gesto de las comillas con las manos], sin decir qué es bueno o malo.

¿Enlaza con el tema de la identidad del ser humano?
Por supuesto. Es un grupo de personas; un pueblo. Un estudio de los personajes que encuentro, pero no trato de juzgar. Simplemente lo hago en positivo, no es una crítica. Me quedo con la primera idea de piel, noto que la piel ha cambiado y eso es lo que interpreto. La información de lo que te ocurre, de tu interior, es el resultado de esa piel.

¿Cómo se establece la relación con la naturaleza?
R En la naturaleza hay varias cosas. Pero la interpretación no es tan cerrada. No hay tantas motivaciones. Soy una persona cada vez más interesada en la naturaleza. Puedo pasarme horas mirando el mar.

¿Vive en contacto con ella?
Vivo en una casa donde, cada vez que me levanto, veo cómo los árboles van creciendo, evolucionando.

¿Y qué más le aporta?
Creo que en la naturaleza está prácticamente todo. Cuando pintaba figurativo buscaba esa belleza que luego me repugna en el sentido de concepto. No me interesa otra cosa. Vuelvo a la naturaleza pero no con esa idea, sino aprendiendo de ella, viendo cómo puedo dialogar; y el diálogo se produce igual, como cuando hacía escultura.

¿Podría hablarme de esta etapa?
Cuando empiezo con la escultura pública, hace ya muchos años, propongo en Nueva York esculturas que dialoguen; es decir, un diálogo entre la gente y lo que circunda esa escultura. Expongo en Cáceres, por ejemplo, para dialogar con su espacio de siglos anteriores. Ahí ya he pasado a dialogar con la naturaleza. Busco espacios donde te puedas encontrar con ella, no en un jardín, sino en medio de un monte. Mi obra va hacia la naturaleza.

Y el uso del color, ¿es importante?
Tiene que tener coherencia. Por qué un color y no otro. Esta obra no podía tener más que ese color. Ni otros colores, ni más ni menos. Además es un collage porque los cortes no son así en la naturaleza, pero tú procuras intervenir lo menos posible para facilitar ese diálogo. Me pasa con las piedras. Veo una piedra y me impresiona tanto su forma natural que pienso en darle una segunda utilidad y conformar una escultura. Pero el respeto que me produce la piedra me hace establecer un diálogo con ella para no dañarla. No soy capaz de destrozar un tercio de la piedra para sacar algo. Para eso ya existen otros materiales. Antes sí lo hacía, pero ahora utilizo otros materiales.

¿Es una nueva fase?
El amor, el desamor, la muerte, la vida, esa cantidad de cosas sencillas son las que me preocupaban y me siguen preocupando. Tampoco creas que son grandes ideas, sino cosas muy pequeñitas las que te inspiran.

¿Cómo se enfrenta a cada proyecto?
Cuando voy a iniciar una obra digo: 'Estoy asustado'. Me preocupa muchísimo. De hecho me ocurre con los folios en blanco. No soy capaz de escribir en ellos si no están usados, reciclados. Necesito que estén manchados de algo. Entonces, empezar una obra de pintura, escultura, objeto o lo que sea, pese a que lo tengo pensado en la cabeza y he hecho infinidad de bocetos y dibujos, es un reto.

¿Sigue esos esquemas?
Los dibujos los tengo para interiorizarlo y, una vez hecho eso, no lo copio para que la obra sea fresca. Tengo ese tema y lo hago. Y cuando termino digo 'hasta aquí'.

¿Qué pretende provocar en el espectador?
Pienso en que me convenza a mí. Claro que quiero que al espectador le guste y le comunique algo, pero no pienso en qué hago para que se emocione. Quiero que se emocione porque para él tenga sentido. Cualquier persona ve e interpreta algo diferente. Una de las cosas que tiene el arte en cualquier disciplina es que, depende de cómo tú estés, las emociones son diferentes. Desde luego eso es arte.

Dígame, ¿cómo es su estudio? ¿Qué necesita para trabajar?
Simplemente, que no haya ruido. Silencio. Una soledad. Es un estado que te procuras tú. En el estudio estoy absorto. No me voy a enterar si me hablan. Es esa inspiración de la que habla la gente. Tú te pones a trabajar y tu mente se coloca en predisposición de crear. Ese miedo que te digo casi escénico con la obra. Coger el tema, pensar, hasta que das la primera pincelada o el primer golpe. A partir de ahí es diferente. Cuando doy el primer trazo sé si la obra va a funcionar o no. Y no lo logras explicar. La serie de Pieles la vi muy clara desde el principio porque ya tenía pensados los conceptos. Cuando dicen 'usted ha creado'€ Yo no soy creador de nada, soy transformador de algo. Somos testigos de lo que nos gusta y eso influencia lo que vemos.

Y para finalizar, ¿cómo es la piel de Cristóbal Gabarrón?
Es una pregunta difícil. Depende de muchísimas cosas. Creo que es bastante transparente pese a que soy muy hacia dentro; pretende ser amable, pese a que a veces puedo ser muy duro. Es una gran contradicción. Es una obra sincera, no hay artificio. Hay piezas que tienen tres elementos o tres pinceladas. Y otras que me han pedido algo más. Puede ser que guste o no, o más o menos, pero es honesta. Nunca busco trucos. Quiero hacer la obra que pretendo hacer y eso es honesto. Me revelo con todo lo que está ocurriendo. No soy ajeno a lo que pasa alrededor. Puedo estar en silencio pero me afecta lo que ocurre, es importante.

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