27 de febrero de 2019
27.02.2019
Centro Negra

La Caja Negra se abre en Blanca

El espacio del colectivo AADK presenta los resultados de las residencias de siete artistas de tres continentes diferentes, todos ellos inspirados por el paisaje y la geografía de la localidad murciana

27.02.2019 | 04:00
Alfombra de Myriam Gras.

En el año 2006, un grupo de artistas residentes en Berlín se unen para concebir varios proyectos de diferentes disciplinas artísticas; nace así la plataforma 'Arquitectura Actual de la Cultura' (AADK). Su influencia, sin embargo, se ha extendido por el globo y, en la Región, el colectivo cuenta con un espacio en Blanca: el Centro Negra, un «espacio de investigación y creación contemporánea para desarrollar proyectos artísticos en el ámbito rural», explican.

La temática «de lo local a lo global» que impera en AADK se presenta en las distintas intervenciones artísticas creadas en residencia por diferentes artista invitados; inquilinos que la semana pasada abrieron las puertas del Centro Negra para mostrar su trabajo. En concreto, esta vez hablamos de Minna Öberg y Edward Johansson (Finlandia), Anneloes Gerdien (Holanda), Raquel Meyers (Cartagena), Ash Witham (Estados Unidos), Myriam Gras (Países Bajos) y Nkembo Moswala (Congo).

En el caso de Minna y Edward, en su segundo mes de residencia, la pareja trataba de «extraer las diferentes capas a través de las cuales percibimos e internalizamos un territorio», y «mientras que trataban de concluir posibles formas de traducir esta comprensión subjetiva en representaciones visuales, su trabajo les ha devuelto un mapeo de su propia percepción», apunta Elena Azzedín, directora de residencias AADK.

Así, en el espacio 6 del Centro Negra se pudieron contemplar una serie de piezas en las que, sobre unas losas de mármol, se apreciaban fragmentos del mapa de Blanca realizados con el polvo recogido del espacio, o un panel en el que el conjunto histórico estaba compuesto por piedras recogidas de sus caminatas. Este mapa era el último de muchos realizados a través de un proceso en el que Minna, utilizando las mismas piedras, fue construyendo día a día el de las distintas poblaciones situadas a lo largo del río Segura. Edward, por su parte, introduce un catálogo de colores extraído de las fachadas de los edificios de la localidad.

Por su parte, el holandés Anneloes Gerdien concluyó las piezas que inició durante los estudios abiertos anteriores, donde los visitantes podían elegir objetos encontrados para que la artista los interviniera. Y es que, durante su proceso artístico, Anneloes no impone una noción sobre los materiales, sino que se adapta a sus atributos inherentes.

«Al permitir la observación de las piezas desde nuevos ángulos, la artista ofrece una mayor autonomía a las obras, una mayor independencia respecto de su autora, produciéndose a su vez nuevas dependencias con el espacio y el resto de elementos que la rodean», explica. Por ello, Anneloes produce una serie de piezas y las organiza de modo que permita un diálogo complejo entre las obras, su entorno y el espectador, dotando al Centro Negra de una instalación que permite a los visitantes vagar libremente por ella.

Mientras, en el espacio 'Casa Jazmín' se pudo disfrutar de la diversidad de trabajos que la cartagenera Raquel Meyers ha desarrollado durantes su residencia, en la que imperó el paralelismo entre su arte digital y el bordado, el mosaico y la arquitectura brutalista. «Su trabajo se basa en los principios de la economía de la construcción y el juego con la redundancia de elementos. El punto de cruz en el bordado y los azulejos de un mosaico también son ejemplos de esta economía de la construcción; con solo un carácter podemos construir todo lo que queramos sin caer en excesos», señalan desde el centro. Al igual que la arquitectura brutalista, estos procesos se revelan sin adornos, capturando el espíritu y las contradicciones de su tiempo y contexto contemporáneo.

Bordados en puertas de gallinero, punto de cruz sobre fotografía impresa o vídeos de los mosaicos que había compuesto de manera efímera y ritual en distintas localizaciones de Blanca mostraban las nuevas posibilidades exploradas la artista. Raquel resalta cómo estas artesanías y tecnologías evocan un sentido de obsolescencia a través de la repetición constante.

En cuanto a la holandesa Myriam Gras, la artista se ha inspirado en la riqueza histórica de la producción de alfombras en el área local, explorando este proceso y sus implicaciones más profundas en detalle. Inspirada en los patrones de la antigua fábrica de Blanca Alfombra Parra, extrajo elementos con los que creó un lienzo para albergar su propia paleta de colores y material simbólico que representaban aspectos de la producción industrial. Las huellas de los neumáticos, las manchas de petróleo y los fósiles se intersecan en las franjas de la alfombra, «lo que sugiere la conexión de esta producción con capas más profundas, trae la literalidad del suelo e invita a considerar la larga cadena de consecuencias e impacto de la industria en el medio ambiente», señala Azzedín. Tejiendo la alfombra durante las largas jornadas de las trabajadoras de una fábrica –12 horas al día, 6 días a la semana–, también reflexiona sobre las dificultades laborales y la productividad.

Un concepto similar fue el que presentó el congoleño Nkembo Moswala, cuya misión fue transformar de forma artesanal paquetes de plástico de nuestro consumo diario. A base de pliegues en este material, ha generado cientos de elementos que evocan flores u hongos. «La belleza de estos objetos y sus disposición colisiona con las particularidades nocivas y contaminantes y de las que están hechas», apuntan AADK.

Así, sobre el suelo del espacio 1, estos elementos estaban dispuestos configurando un jardín francés, recreando una estructura colonial impuesta por los residuos de la globalización. Y, en el espacio colindante, estos elementos cubrían la roca desnuda evocando el paisaje de Blanca: «Organizados de forma orgánica, sugieren la esperanza de que la vida pueda resucitar de la esterilidad, el caos y la confusión de nuestra sociedad globalizada». Junto a este paisaje se despliegaban sus piezas llamadas 'Nzoloko,' unas lonas perforadas a través de cuyas incisiones atraviesa la luz que cae sobre el espectador y el espacio circundante. Aquí era la luz el elemento que utiliza como materia prima para subvertir la imagen del crimen callejero y como un símbolo poderoso para la esperanza.

Por último, el Centro Negra también reservó un espacio para la performance con la ayuda de la californiana Ash Witham. La estadounidense buscó experimentar con la miel como material y su relación con su propio cuerpo e imaginación. Como un experimento inmersivo y un gesto simbólico, Ash realizó un ayuno de miel para «romper patrones e iniciar una auto-reprogramación más profunda». La pregunta ¿Ya estoy curada? –que dio título a la pieaza– adquirió principal protagonismo cuando Witham exploró la tensión entre alienación e intimidad.

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