19 de diciembre de 2018
19.12.2018
Exposición

Antonio López y los cinco 'visitantes' del Palacio de San Esteban

El maestro manchego expone en la sede del Gobierno Regional cinco torsos en mármol blanco que ha realizado junto al artista almeriense Andrés García Ibáñez

19.12.2018 | 04:00
Antonio López y los cinco ´visitantes´ del Palacio de San Esteban

Se trata de un conjunto escultórico inédito hasta ahora.

El Palacio de San Esteban volvió a hacer ayer –y hasta finales de febrero– un hueco a la cultura. Es habitual que la sede del Gobierno Regional acoja pequeños conciertos por estas fechas, aunque no tanto que se abra a las artes plásticas. Sin embargo, la ocasión lo merecía. Visitaba Murcia uno de los artistas españoles vivos más laureados –Premio Nacional de Arquitectura (1965), Premio Príncipe de Asturias (1985), Premio Velázquez (2006)...– y una de las figuras más reconocidas en su especialidad; en especial en la capital del Segura, 'País de la escultura', que la llaman algunos por la herencia que dejaron Antonio Campillo y sus discípulos.

A sus 82 años –cumplirá 83 en enero–, el artista manchego acudió ayer a la inauguración de una muestra que, bajo el título Juventud, se mostraba ayer por primera vez al público en un acto que, como correspondía, fue muy concurrido. «Es un honor para la Región que un artista como él haya elegido nuestra tierra para exhibir estas cinco maravillosas piezas inéditas», declaró el presidente de la Región, Fernando López Miras, durante la apertura de esta muestra: un grupo escultórico compuesto de cinco bustos de mármol blanco que representan a cinco modelos reales y que han sido realizadas por López, junto al también pintor, escultor y arquitecto Andrés García Ibáñez. En concreto, son dos torsos femeninos, dos masculinos y el de un niño de trece años. Los varones son dos jóvenes pintores: Javier (de Murcia) y Miguel (de Logroño). Las mujeres son María, una modelo cordobesa, y Ana, bailarina murciana. Pedro es un niño de Olula del Río (Almería).

La muestra nace de un encargo para la ciudad de Melilla. Antonio López, Andrés García Ibáñez y el madrileño Julio López Hernández –que falleció el pasado mes de mayo, quedándose tristemente fuera de la ecuación– debían realizar un gran torso de seis metros de alto para colocar frente a la costa; trabajo para el cual la pareja de escultores acabó realizando cinco propuestas diferentes. Las cinco –de unos noventa centímetros cada una– que desde ayer funcionan como un grupo independiente.

El conjunto recupera la tradición escultórica de la antigüedad clásica, tan influyente en la trayectoria de Antonio López y del grupo de los Realistas de Madrid, del que él es el máximo representante. Es «un maestro de maestros, que en la Región siempre hemos alabado y reconocido», insistió López Miras, que puso como ejemplo su nombramiento en 2014 como doctor Honoris Causa por la Universidad de Murcia. «Es una referencia para creadores y uno de los artistas más importantes de la historia del arte en nuestro país», sentenció el presidente.

Elogios a García Ibáñez

López Miras también ensalzó la figura de Andrés García Ibáñez, que estos díaz exhibe además en el Mubam una interpretación libre del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, el 'Himno de la Alegría'. Tampoco le faltaron elogios por parte de Antonio López, que reconoció haber disfrutado «muchísimo el trabajo en compañía»; una labor conjunta que permite hacer «una suma de cualidades» que da como resultado «una buena combinación».

López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936) comentó que el trabajo de los artistas es normalmente «muy solitario» y «cada pintor, cada escultor está en su rincón haciendo su tarea en la soledad», pero cuando surge la oportunidad de «fundirte con otra persona» para materializar una idea común, tomar juntos las decisiones principales sobre el trabajo, se logra una suma de cualidades muy positiva. En Juventud se puede ver lo que son ambos: «Hay una cosa muy valiente, muy directa y muy moderna. Andrés es mucho más joven que yo y hay una paciencia que ya pertenece a mí en el trabajo. Es una buena combinación».

Trabajar con García Ibáñez le ha permitido también cambiar su concepción en la búsqueda de los modelos. El maestro del hiperrealismo, máximo representante español de esa corriente, ha recordado uno de sus trabajos más reconocidos, Un hombre y una mujer, para los que buscó modelos «muchísimo tiempo» sin encontrar los que tenía en su mente, por lo que tuvo que trabajar «con trocitos y fragmentos de diferentes personas». «La generosidad de aceptar las cosas como llegan –afirmó en alusión a la metodología empleada en esta ocasión– me parece maravillosa. Yo he luchado siempre por algo que tenía en la cabeza y nunca lo encontraba en la realidad. La cercanía con Andrés me ha hecho ver que todas las cosas creadas son igualmente interesantes, más feas o bonitas según unos cánones que pueden venir de acá o allá, pero todo lo creado es algo que merece atención y respeto y es una preciosidad», relató el artista manchego.

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