12 de noviembre de 2018
12.11.2018
La Opinión de Murcia

Dora Catarineu: "Soy una persona políticamente incorrecta"

12.11.2018 | 04:00
Dora Catarineu posa junto a una de sus obras

Artista plástica. Estudió baile con Enrique el Cojo, el mítico bailaor y profesor español y es la única artista murciana que ha expuesto en ‘Escena documenta’, uno de los eventos más importantes dentro del arte contemporáneo. Toca el piano a la perfección –aunque ya no toca– y desde hace algún tiempo no trabaja desde su estudio. Sin embargo, la pintora cartagenera sigue siendo un icono pop. En estas líneas deja intuir su exótica personalidad, con la que impregna cada una de sus obras.

Mira que linda eres (1999) es un óleo sobre tabla que forma parte de la exposición Antológica, de Dora Catarineu (Cartagena, 1946), en el Museo Regional de Arte Moderno (Muram), una retrospectiva que reúne 70 obras –pintura, escultura y piezas cerámicas, a las que acompaña una instalación en papel fotográfico– realizadas por la artista a lo largo de 30 años.

La pieza nos seduce por su colorido expresionista –ocurre también con Roppongi, composición inspirada en las transitadas calles de Tokio, Escarabajos (2001) o Parchís (2002). Encontramos en ellos recurrencia –en su autora, ocurrencia–, repetición de un elemento con el que narra una situación, una escena o reflexiona de forma crítica sobre la sociedad.

El arte de Catarineu posee un enfoque activista: Tócame lo que quieras menos el corazón (2007) es una serie de 64 fotografías para la cual pidió a sus amigos (varones) que le enviaran una imagen en la que aparecieran desnudos o semidesnudos. Lo curioso de esta instalación es que los participantes eran, en su mayoría, personajes reconocibles de los ámbitos cultural y social de la Región. El mensaje no era otro que cuestionar la situación del arte. Además hay series que constituyen un grito feminista, donde sintetiza sus preocupaciones por el papel de la mujer en el contexto social.

Nos recibe amablemente en la cocina de la casa donde reside. Para algunos esta escena puede resultar familiar. De hecho, Ángel Mateo Charris la recrea en un texto incluido en el catálogo de esta exposición: se podría ver a Dora "hablando de sus cosas con los colegas en la cocina de alguna de sus casas –Cartagena, Murcia, Cabo de Palos– en las que ella está preparando alguna de sus recetas (?), hablando de todo y de nada, de los cátaros y de los catarineus, de lo humano y lo divino". Y la escena continúa.

Estaría perfecta con un sombrero a lo Bogart. Pero es lo más parecido a un personaje de cine –en blanco y negro, por supuesto-. Y no solo porque verla fumar, de perfil, sea una imagen de las que hay que recordar, sino porque la intensidad de lo que cuenta da para varios guiones. Sus comentarios son sarcásticos y sus frases, afiladas: "soy una persona políticamente incorrecta", advierte.

Catarineu rompió estereotipos –y algún que otro corazón- y quienes la conocen la definen como una "trabajadora obsesiva y constante; un torbellino" que quiso abrirse camino en un mundo, por entonces, predominantemente masculino.

El Museo Regional de Arte Moderno brinda sus salas en esta ocasión 'A Dora', la artista, quien dedica este proyecto 'A Dora', una de sus nietas. Comisariada por Fernando Plácido Sáenz de Elorrieta (junto a Juan García Sandoval), crítico de arte, museólogo y director artístico del Muram, la muestra es un homenaje a un icono pop.

Dividida en cuatro etapas creativas, conocemos los aspectos más destacados de su trabajo, desde los inicios de su formación académica en 1964, en la Escuela de Aparejadores y la Escuela Náutica de Sevilla, años en los que fue alumna de Enrique el Cojo, el mítico bailaor y profesor de baile español, hasta la primera década del siglo XXI.

Precedida por el mito, la artista no decepciona. Risueña y amable, da una larga calada a su cigarrillo: "pero si eres una chiquilla", me dice nada más verme –y ríe de forma ahogada, sin apenas sonido.

Saco mi libreta de apuntes. Me mira desconcertada. ¿Qué tal si le pregunto algo para la entrevista? "Invéntatela", dice de forma desenfadada. En el entretanto, José Tomás, su chihuahua, remolonea a mi alrededor solicitando carantoñas.

¿Por qué quiso ser artista?, le pregunto mientras nos sentamos a la mesa. "Por mi madre (era pintora). Ella aprendió de joven a pintar. También porque empecé recortando los perfiles de la gente con un cartón. Yo era muy creativa".

Me cuenta que estudió baile y toca varios instrumentos, como la guitarra y el piano. Sabe jugar al ajedrez y recita a los clásicos –ha empezado enérgicamente a recordar a Shakespeare–.

Frente a mí, dos de sus obras, enmarcadas en la corriente del informalismo figurativo, a través de las que ha proyectado su carácter y ha dado cabida a su interior: "en todas las exposiciones he contado mi vida", asegura. En sus colecciones se advierten los cambios de tendencia, más informales o más sintéticos; series "muy buscadas y muy coloristas", explica.

Concibe la pintura como un reflejo de la realidad social, con un discurso que bascula por diferentes temas, siempre en contra de las normas estéticas.

Ejecutadas en técnica mixta sobre tabla, sus creaciones suponen una ruptura del sistema patriarcal en el arte –como apunta García Sandoval– y las figuras permiten imaginar "sus gestos, sus trazos, su movimiento".

Influenciada por Calderò y Jack Salter, que sentaron las bases de su aprendizaje pictórico y escultórico, Catarineu siempre se ha sentido seducida por la indagación y búsqueda de nuevas fórmulas. Profesora, tiempo atrás, de personas adultas con discapacidad intelectual, es una mujer comprometida y con grandes valores humanos.

Se levanta para echar un último vistazo al cocido y salimos al exterior. La casa tiene jardín. "Hay un Ginkgo biloba y también membrillos", me dice.

Su estudio está en la planta baja. ¿Qué voy a encontrar en él? "Trastos". ¿Y colecciones? "Algún que otro cuadro". Y también carteles de sus exposiciones en los años ochenta y noventa, restos de piezas cerámicas e incontables botes de pintura. Al bajar las escaleras espero descubrir un tesoro. La emoción es la misma.

¿Qué le inquieta? "La situación de la mujer en el arte", dice con rotundidad.

Sus composiciones evolucionaron desde un informalismo gestual hasta uno más matérico. De estas primeras etapas surgen obras monocromas y bicromas en óleo con cola caliente y trazo fuerte a espátula. Son series figurativas y con riqueza de color, entre las que destaca el Tríptico de Kassel, expuesto en la ?Escena documenta? en 1987, uno de los eventos más importantes dentro del mundo del arte contemporáneo. Destacan trabajos de tópicos hispanos como El matador o La magnificencia de la exótica de las flores y sus cerámicas, entre otros.

Explica García Sandoval que "en esta época tiene su estudio en el poblado de la refinería de Escombreras y ahí surge el estilo que la propia autora ha denominado expresionismo de escombreras que está representado por el paisaje ?in dubio pro reo? (ante la duda a favor del reo)".

En una segunda etapa (1988-1997) la figura y las manchas son las protagonistas. Los matrimonios, Los Cuatro Santos o Camareros son los títulos de algunos de sus trabajos. De sus viajes a Alemania son las series de las librerías en pintura –como Por fin llegó la bibliotecaria– y en paneles de cerámica. Los grandes murales cerámicos Homenaje a Leonardo, en la Biblioteca Municipal, en el Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy de Cartagena, y Librería, en el Centro Expositivo de los Molinos del Río Segura, son dos de estos ejemplos.

Sus exposiciones se plantean como retos, "donde las obras se convierten en instalaciones en el espacio expositivo y transmiten su energía inquieta, que se genera en el proceso de trabajo", comenta el comisario de la muestra. Ejemplo de ello es la intervención formada por doscientos kilos de lombardas, un alegato contra La guerra del Golfo (1990/91). Catarineu asiente con la cabeza al recordar esta obra.

Los títulos son parte esencial de su obra: "es un imán que nos atrae y obliga al espectador a mirar con detenimiento; son breves y contundentes, siempre llenos de gracia y humor, enigmáticos y originales", explica García Sandoval: Mátalo tú antes, Picha Hut, que representa una paellera llena de formas fálicas que emulan trozos de carne, Todos los ciclistas quieren ir de amarillo o El cuento del mendigo y la princesa, composición esta última creada a modo de secuencias, en viñetas.

La artista no ha dejado de encender cigarrillos –que apaga tras una o dos caladas-. Gesticula con sus manos. A veces apoya el rostro sobre su mano izquierda. También en sus piezas condensa toda la fuerza en los gestos, manos y caras. Son composiciones en barro refractario, con decoraciones en esmaltes y engobes. Sus trabajos tratan con humor la imagen arquetípica –toreros y meninas–.

Hay trabajos cuyos cuerpos proyectan una ampulosa sensualidad y otros que se debaten entre lo trágico y alegre. Otras obras muestran unas articulaciones de gran tamaño (manos y pies), seña de identidad.

A finales de los noventa se observa la influencia de sus viajes a otros países: Japón, Rusia, Alemania o Italia... Las imágenes que retiene en su memoria son las que conforman sus cuadros más actuales. ¿Qué recuerda? "Que todo fue maravilloso".

¿Está contenta con esta exposición? "Si mucho; muy agradecida. Me ha llamado mucha gente".

Tras una larga sobremesa nos despedimos de forma entrañable. Mira que eres linda, Dora.

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