30 de octubre de 2018
30.10.2018
La Opinión de Murcia
Arte

El arte que fluye sin un principio ni un final

El pintor Álvaro Peña y el fotógrafo Miguel Ángel Caparrós presentan esta tarde en La Capilla del edificio Convalecencia de la UMU una instalación conjunta que fusiona sus dos formas de expresión

30.10.2018 | 04:00
Miguel Ángel Caparrós y Álvaro Peña, ayer en La Capilla junto a su obra.

El arte fluye. No hay vasos comunicantes, todo forma parte de un mismo mar. Diferentes formas de expresión pero una sola materia prima: la creatividad. Por eso, un proyecto que nació inspirado por el guitarrista lorquino Narciso Yepes –durante una distendida charla en Ibiza entre los creadores que hoy nos competen–, acabó centrando el foco en la música y, posteriormente, «en el arte en general». Y es esa disolución de las barreras, de los límites de la creatividad, lo que ha permitido que el pintor Álvaro Peña y el fotógrafo Miguel Ángel Caparrós presenten esta tarde, partir de las ocho en la sala La Capilla del edificio Convalecencia de la Universidad de Murcia, su instalación Numacia.

A nivel técnico –y desde la frialdad que ésto supone–, se trata de una pieza hexagonal, formada por paneles de un metro cincuenta por un metro, que desde esta tarde podrá contemplarse colgada del techo de La Capilla. Por supuesto, ha sido sobre ella sobre la que Peña y Caparrós han decidido volcar toda su creatividad, exprimiendo sus estilos hasta encontrar el nexo que les une para, posteriormente, construir Numacia. La obra del pintor –en concreto, la que lleva realizando en los últimos años– ha sido el «hilo conductor» del trabajo, tal y como reconoce Caparrós, que ha intentado emular a través de su objetivo «esas figuras ´rotas´, tan poligonales –aunque luego sean redondeadas–» que salpican los cuadros de Peña; algo que es «muy complicado de hacer con la cámara de fotos», asegura.

Sin embargo, Caparrós ha logrado superar con creces su labor. «Yo conocía su obra antes que a él. Era un pintor que siempre me ha gustado mucho, y creo que me ha sido muy fácil llegar a él porque, de alguna manera, yo también trabajo mucho la imagen abstracta en mi fotografía», explica. Por eso, cuando Peña le propuso crear esta pieza juntos, Caparrós ya tenía «muy claro» como iba a acometer esta empresa. Para ello contó con un grupo de bailarinas con las que lleva algunos años trabajando –«Sabía que ellas eran las que me darían ese dinamismo que buscaba», apunta–, y el resultado sorprendió incluso al propio Álvaro. «No se lo esperaba», desvela entre risas. «Me dijo que no tenía sentido que incluyéramos más figuras pintadas por él», añade.

Así que la labor del pintor era la de darle cohesión a la obra. «Él ha hecho una interpretación de mi obra, y yo a su vez he creado el ambiente que faltaba para que la composición fuera perfecta», señala Peña. «He trabajado la composición y la armonía y, mediante este hexágono, suspendido del techo, hemos creado una imagen sin principio ni fin en la que las figuras, las mujeres, van a apareciendo y desapareciendo en un montaje que nunca se sabe dónde empieza ni dónde acaba», explica el artista murciano sobre Numacia.

Juntos, han conseguido dotar de un «halo de misterio y magia a este sitio tan especial». Y es que la obra –igual que la instalación que la precede, Nascentes morimur, de Torregar– ha sido pensada y realizada para exponerse expresamente en este espacio y con esa «luz tan especial» que le caracteriza. «Buscábamos esa armonía que existe en el ambiente, en el aire. Por eso no queríamos poner otras obras en las paredes; queríamos que esta pieza fuera el centro y que el espectador pueda ir paseando por la sala y el hexágono rotando sin principio ni final», concreta Peña.

Y aunque aparentemente pueda parecer que no, Numacia, en ese fluir que es razón de su existencia, tiene mucho que ver con esa idea primigenia que llevó a Peña y Caparrós a trabajar juntos por primera vez, una experiencia «novedosa» y que ha sido para ambos «muy satisfactoria». «La música era la protagonista de este proyecto, y gracias a ella hemos creado esta imagen que, ´suspendida en el aire´, como en levitación, pretende llenar toda la sala –como lo pudiera hacer una melodía–, con esa magia, ese misterio del todo y de la nada», apunta Peña.

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