18 de junio de 2018
18.06.2018
La Opinión de Murcia
Entrevista
Realizador

David Macián: ''Aun con todo en contra, es posible movilizarse''

''Tengo esperanza porque varios colectivos, especialmente los más precarios, están en pie de guerra'', declara

18.06.2018 | 04:00
El realizador cartagenero David Macián

Nacido en Cartagena y curtido en el mundo del cortometraje, donde ha obtenido varios premios tanto a nivel nacional como internacional. Tras su primer largo en 2016, La Mano Invisible, vuelve al corto con Zero, basado en el caso del ERE de Coca-Cola, sobre la importancia de un trabajo digno y del apoyo colectivo.

Tras su aplaudida película La Mano Invisible, David Macián reflexiona en su nuevo proyecto, el cortometraje Zero –protagonizado por Javier Gutiérrez y Josean Bengoetxea– acerca de la importancia del poder que tiene la gente cuando se une y se organiza. Zero cuenta una historia de ficción que nace de algo real, el caso del ERE de Coca-Cola a través del cual se despidieron a muchos trabajadores de manera ilegal; después hubo un llamamiento de los trabajadores de la empresa para que la gente dejara de consumir en solidaridad con ellos, pero nunca llegó a buen puerto. Zero ya está haciendo su andadura en festivales, ganando dos premios en el Radio City Festival Internacional de Valencia y el de Mejor Actor para Josean Bengoetxea en el Concurso de Cortos de Mula. En él, Macián quiere recordar la importancia de luchar por unas condiciones de trabajo dignas.

¿Qué se van a encontrar los espectadores de Zero?
Un corto que tiene muchas conexiones con lo que he ido haciendo últimamente y que posiblemente siga haciendo; es, digamos, cine que tiene un mensaje político bastante contundente, y en este caso, a diferencia de La Mano Invisible que era más dura y pesimista, el tono de Zero es más ligero, de alguna manera se podría calificar de comedia, y sobre todo bastante más esperanzador.

¿Qué mensaje quiere mandar con este cortometraje?
Principalmente busco interpelar al espectador y que vea la importancia que tiene cualquier acción que hacemos a lo largo del día, a veces consumir o no una lata de Coca-Cola es una acción política. Zero habla, por un lado, de ese poder que tenemos como ciudadanos –que es mucho mayor de lo que a veces pensamos– y, por otra parte, del poder que tiene la gente cuando se une y se organiza. A nivel individual tenemos mucho poder pero claro, al final, por ti mismo no puedes hacer gran cosa, necesitas el apoyo colectivo.

¿Por qué este tema?
Me interesa mucho, por un lado, por lo que tiene real, por la propia historia de Coca-Cola de la cual no se ha hablado demasiado, y menos aún en cine. De hecho, estamos un poco a la espera de ver qué pasa con ellos, que si de pronto deciden venir a por nosotros por haber hecho algo que, en principio, no les deja muy bien parados. Pero hay que dejar claro que es ficción, porque aunque parta de un caso real, lo cierto es que ese llamamiento de los trabajadores a la ciudadanía en la realidad no tuvo mayor repercusión

Al principio de Zero, viendo tantas botellas de Coca Cola y su logo en grande, podríamos pensar que está patrocinado por ellos, nada más lejos de la realidad...
Obviamente no nos han patrocinado. Si hubiéramos pedido permiso nos habríamos encontrado, no solo con una calabaza, sino con un abogado probablemente amenazándonos. Lo que hicimos fue directamente obviar esa parte, dijimos ''vamos a rodarlo, a lanzarlo y que sea lo que Dios quiera''. Entonces, en ese sentido, estamos un poco viéndolas venir. Pero bueno, me apetecía hablar de ello.

Me ha dicho que le gusta tratar temas políticos. ¿Qué le parece la situación política actual?
Puf, ahí ya necesitas hacer una entrevista de unas cuantas horas [Risas]. Además, el día a día no te deja digerir lo que está pasando: lo que era novedad un día al siguiente deja de serlo. Pero todo lo que sea dejar atrás el escenario de tantos años de estancamiento... Lo que está pasando ahora habrá que ver si es para bien o para mal, pero desde luego es fácil superar el escenario del que veníamos, con tantos temas de corrupción y demás.

Sí, parece que, por desgracia, la corrupción nunca pasa de moda. ¿Nos libraremos algún día de ella?
Con todos los años que hemos tenido del gobierno anterior campando a sus anchas, todavía seguirán saliendo casos que se irán desvelando a posteriori, pero bueno, a ver lo que hace este nuevo gobierno y los venideros. Yo quiero pensar que irá bien, soy optimista por naturaleza, y quiero pensar que vendrán tiempos mejores, pero bueno, no se sabe.

Y en cuanto al trabajo, comparado con la situación laboral de aquellos años de los ERE, ¿el panorama laboral español pinta mejor? ¿Qué opina?
Bueno, por momentos he sido pesimista y de hecho La Mano Invisible bebe de esa época negativa, pero mi filmografía va un poco ligada a mi momento vital, y ahora me siento más optimista y Zero es un reflejo de eso. Yo creo que toda esta época tan negra que hemos tenido ha provocado que ciertos colectivos reaccionen de manera propia, que ya no esperen tanto a que llegue una mano mágica del Gobierno o quien sea para salvarle, sino que sean ellos mismos quienes se autogestionen y se busquen las castañas. Por esa parte tengo esperanza, porque varios colectivos, especialmente los más precarios, están en pie de guerra, luchando por sus condiciones.

¿Ese es el mensaje que quiere mandar con sus trabajos, que hay que luchar por unas condiciones laborales justas?
Claro. La Mano Invisible reflejaba esta realidad tan cruda desde la búsqueda de la reflexión, sin dar respuestas ni sugerencias. En cambio, sí lo hago en Zero y también en un documental que he rodado sobre las trabajadoras del hogar, que también es un colectivo súper precario. Tanto Zero como este documental –que aún no tiene título– tienen un mensaje positivo, para que la ciudadanía vea que, aun teniendo todo en contra, es posible movilizarse.

Estos temas que suele tratar son muy reivindicativos, ¿suelen gustar al público? ¿Sería mejor recurrir a los guiones comerciales?
Hay que distinguir lo que es el público y lo que es la rentabilidad económica del proyecto. Con respecto a lo segundo, no tengo muy claro que la respuesta en mi caso sea positiva [Risas]. En general es difícil que un proyecto sea rentable, se necesita muchísima promoción. Pero en el caso de La Mano Invisible, es curioso porque hay gente que la está descubriendo ahora. En lugar de ser una de esas pelis que nacen, lo petan y mueren, el nivel de impacto de La Mano Invisible ha sido relativamente bajo pero muy continuo, parece que la gira no se acaba nunca. Y el público está encantado, agradecido de que se produzcan este tipo de obras que te tratan como un espectador inteligente. Hablo de una parte del público claro, hay a quienes les hablas de una peli de temática laboral y salen corriendo, prefieren ver a dinosaurios que comen personas [Risas] Pero bueno, a los de arriba no les interesa que se produzcan más pelis de estas; los de arriba, llámense gobiernos, televisiones o bueno, élites.

¿Y hace falta un gran presupuesto para crear algo grande?
No, hombre también te digo que yo me muevo en un nivel muy justito, ando protestando por la precariedad laboral desde la propia precariedad. Es como nadar a contra corriente, vas produciendo películas que, desde el punto de vista económico, es difícil que te salgan las cuentas. Mi deseo sería poder seguir haciendo este tipo de obras pero en unas condiciones económicas más favorables. De hecho, de cara al futuro, me pensaría dos veces volver a hacer un largo si no es con un presupuesto más ajustado a la realidad.

Ha realizado varios cortos, pero La Mano Invisible es, hasta ahora, su único largometraje. ¿En qué variante se siente más cómodo trabajando?
Yo no distingo mucho entre corto y largo a nivel de trabajo, lo distingo más a nivel de impacto. Obviamente un largo da frutos más rápidamente y tiene una ventana mayor, a parte de los festivales, cabe la posibilidad de que vaya a televisiones. Aunque en España nos está costando porque nuestro país tiene un tipo de tele que le cuesta abrirse a determinado tipo de películas, pero se ha vendido a una tele de Colombia y de Estados Unidos. Al final, con un largo tienes unas ventanas que con el corto no tienes. Pero ya digo, que la diferencia es más a nivel de impacto mediático que a nivel de rodaje, que la gran diferencia es que un corto, en el caso de Zero, lo ruedas en un día y medio, y un largo, en el caso de La Mano Invisible, en tres semanas.
 
Zero cuenta con dos protagonistas de lujo, Javier Gutierrez y Josean Bengoetxea. ¿Qué tal ha sido trabajar con ellos?
Muy bien, son dos actores fabulosos con los que puedes rodar superrápido y fácil porque te lo dan hecho. Con Josean ya había trabajado en La Mano Invisible y con Javier, que era la primera vez, fue una experiencia bonita.
 
Tanto Zero como La Mano Invisible están basados en obras de Isaac Rosa, ¿cuál es su relación con este escritor?
Antes de adaptar su novela La Mano Invisible no nos conocíamos de nada, pero de ahí surgió una relación de amistad y confianza muy bonita. Yo creo que está muy contento con el resultado de ambas adaptaciones, tanto a nivel artístico como del proceso. Al igual que a mí, le parece importante demostrar que se puede hacer este tipo de cine cooperativo y más abierto al debate. 
Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Lo último Lo más leído