18 de febrero de 2018
18.02.2018
Artes

"Para mí, bailar es como respirar. Sin bailar no podría vivir"

De los seis niños, cinco quieren dedicarse a la danza de forma profesional. Menos uno, Ángel: "Prefiero el fútbol"

18.02.2018 | 04:00
Miguel es bailarín de 4º de Elemental en el Conservatorio de Danza de Murcia

Ángel, Adrián, Miguel, son algunos de los nombres de estos chicos. Tienen entre ocho y once años, pero la mayoría de ellos practican danza desde los cuatro, aunque algunos lleven apenas un año en el Conservatorio. Se cambian rápidamente, llevando cuidado para que lleven la ropa bien para que no les incomode nada al bailar. A continuación ya ensayan con rigurosidad ante los espejos, sujetándose en la barra mientras practican sus posturas esenciales.

El profesor les instruye a mantener los hombros rectos, la espalda erguida, los pies simétricos mientras practican. Los profesores dicen que la danza clásica es el abecedario de toda la danza, que no puede ser alterado ni deformado, y que es básica en cualquiera de sus variantes.
Es necesario que controlen todas las posturas principales perfectamente. Incluso en un ejercicio de prácticas no se les tolera que titubeen ni que pierdan el equilibrio.

Los alumnos de Elemental deben practicar danza clásica, ballet, contemporáneo y español antes de elegir cuando sean mayores. Pero no les importa que el entrenamiento sea estricto: todos ellos quieren ser bailarines profesionales cuando crezcan. Menos Ángel: «Prefiero el fútbol», dice entre las risas de sus compañeros. Pero todos comparten su amor por la danza. «Para mí, bailar es como respirar», explica Miguel. «No puedo vivir sin respirar. Si me quitaran el baile no podría vivir...».

Su compañero Hugo explica más detalladamente lo que es el baile para ellos: «Para mí, bailar me ayuda a expresarme mejor. Siento que puedo volar con los pies.»

Al contrario de lo que pudiera parecer, los chicos afirman que sus compañeros admiran su pasión por la danza y les apoyan en su trabajo: «Algunos de mis compañeros de clase no me respetan tanto, dicen que es algo ´de niñas´» denuncia Ángel, el más pequeño de los niños de la clase. «Pero todos mis amigos, mis amigos de verdad, piensan que está genial que baile».

Sus compañeros asienten a sus palabras y confirman que no suelen tener problemas al respecto. «Lo consideran una afición más y no nos dicen nada malo. Algunos piensan que es realmente chulo que me dedique al baile».

No sólo se dedican al baile. Varios de ellos practican natación, Ángel juega al fútbol, y quedan con sus amigos del colegio cuando tienen tiempo libre. Pero su ocupación principal es la danza, para la que sacan tiempo de donde pueden.

Su horario se compone de cinco horas de clase, con distintos profesores. Practican las cuatro disciplinas, la mayoría de clases junto a las niñas, pero requieren una a la semana únicamente para varones: su desarrollo físico es distinto al de las mujeres.

La clase sólo dura dos horas, después de las cuales vuelven a ser niños como los demás hasta que empiece la próxima clase, esta vez junto a las niñas. Hablan de sus equipos de fútbol favoritos y de qué van a comprarse de merienda como premio por la entrevista. Pero durante esas dos horas han podido volar con los pies.

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