23 de noviembre de 2013
23.11.2013
Arte

Confusa mezcolanza tangible

La escultora Sofía Tornero expone una amplia colección de piezas, de diferentes épocas, en el Museo Regional de Arte Moderno de Cartagena

23.11.2013 | 22:10
Sofía Tornero, junto a una de las piezas expuestas en Cartagena.

Woody Allen, después de asistir a un curso de lectura rápida, ha podido leer Guerra y paz en 30 minutos. Los científicos de la Universidad de Manchester han reconstruido digitalmente uno de los gigantescos dinosaurios que vivió hace 94 millones de años. En la casa Chirstie´s de Nueva York subastan un tríptico de Francis Bacon (1909-1992) por unos 105,8 millones de euros. ¿Creen ustedes que estos asuntos deben estar relacionados con la exposición que voy a comentar? Tal vez no, tal vez sí. (´Sí´ se llama el nuevo perfume de Armani para mujer).

Las obras de la escultora multidisciplinar Sofía Tornero (Abarán, 1976) merecen un cum laude. Su trabajo artístico es prolífero y variopinto, así se aprecia en las 37 obras que presenta hasta el día 11 de enero de 2014 en el Museo Regional de Arte Moderno (Muram), en Cartagena, en el inmueble anexo al Palacio Aguirre. Las piezas se reparten por las cuatro plantas con una particular distribución expositiva y corresponden a su producción realizada durante 17 años, de 1996 a 2013. La pieza de sus inicios, Mi guitarra y yo, de 1996, en piedra natural (arenisca) tallada y peana de hierro patina, la ideó en su periodo de formación, cuando aún cursaba estudios en la que fuese Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Murcia. En 1997 obtiene su primer reconocimiento público, al concederle un premio en la modalidad de escultura en el extinto concurso ´Murcia Joven. Artes Plásticas´, convocado por la Comunidad Autónoma de Murcia.

Sin título

Las piezas expuestas están divididas en tres grupos, según manifiesta la escultora a esta redacción: Punto de inflexión, 1996-2009, Emergentes, 2009-2012 y Al rojo vivo, 2012-2013. En la muestra destaca la obra Evolución, de 2012, en hierro, barro cocido, resina de poliéster patina de pigmentos naturales con peana de mármol y reproducida en bronce. Sofía Tornero asume riesgos y se afana por sumergirse en una intensa actividad creativa, construye bellas piezas conceptuales, donde acopla elementos de reciclaje en algunas de ellas. Y como persona, es asequible, cercana y de trato afable.

Quien suscribe estas líneas opina que hubiese sido necesario dar un título genérico a la exposición; y, sin embargo, tan sólo aparece el nombre y apellido de la autora, colocados a modo de logotipo/anagrama de la marca de un producto comercial.

En principio, son respetables todas las decisiones. La información emitida desde el departamento de prensa de Tornero es algo confusa e inexacta. En esos comunicados se presenta a la escultora como a una «joven artista emergente», de 37 años de edad, y según lo visto no debería de calificarse entonces de una «muestra de carácter retrospectivo». ´Emergente´ y ´retrospectivo´ no casan muy bien; se muestran algunas piezas realizadas en los últimos 17 años.

Y, además, Sofía Tornero no es «la artista más joven en exponer en la red de museos de la Región», como reza en otro escrito remitido. El pintor Juan José Martínez Cánovas (Murcia, 1980), expuso de manera individual Nacentes Morimur en el año 2010 en las salas del Museo de Bellas Artes de Murcia, cuando contaba con 30 años de edad. Todo es aceptable menos las imprecisiones imaginadas o mal explicadas. Tornero expone también estos días en una muestra colectiva ´e´, en la galería Pop Up Art de Barcelona, junto a otros cuatro artistas, tres de ellos murcianos: Abellán Juliá, José Rizzo y Ramón Lez.

Resina y barro

La serie Emergentes se pudo contemplar en diciembre de 2012/enero 2013 en el Museo Siyasa de Cieza, y durante el verano del pasado año, esta colección estaría expuesta en el Palacete de la Seda, en Murcia (Fundación Fuentes-Vicente), y allí se mostraron esculturas en resina de poliéster y barro cocido, junto a bocetos preparatorios y dibujos pintados con el propio óxido de las piezas.

«La vida, todo lo que me rodea, las experiencias que vivo€ las situaciones cotidianas del día a día, contemplar en silencio un atardecer, estar y chalar con mis amigos, pasear con mi perro Sito, etc. Todo lo que vivo me transmite la energía creadora que necesito para iniciar cada proyecto», contesta Tornero ante la pregunta ¿Cuáles son las motivaciones que le llevan a crear e inventar?. Sobre la utilización del hierro, cuarto elemento más abundante en la corteza terrestre, en varias de sus obras, la entrevistada apunta: «Trabajar con este metal de transición me supone un reto, y a pesar de considerársele un material frío, a mi me transmite una especial calidez. Deja de ser un elemento rígido porque me permite que lo transforme en obra de arte€ Me queda mucho por hacer».

La profesora Marian García Arroyo, que ha ejercido de comisaria de la exposición, explica la obra de Sofía diciendo: «Sus creaciones integran un proceso creativo y productivo. Porque su pasión por crear incluye un continuo incesante de productividad más allá de todo lo previsto, con formas expresivas que contienen un ser lingüístico (€) La obra, independientemente del poder comunicante, atrapa. Seduce por su sencillez». Y parece ser que, en ocasiones, a la ´sencillez´ nos encargamos de convertirla en complejidad, dotándola de un marketing trasnochado. El arte evoluciona al compás del individuo y los intermediarios manejan los ´hilos rojos´ a destiempo y de manera difusa. La obra esculturo-poética de Sofía Tornero va creciendo y madurando al compás que su autora, y denota brillantez. Para continuar creando, exponiendo y consolidándose como artista suprema se precisa cautela y reflexión.

«En esta exposición me hubiese gustado ser invisible», apunta tímidamente la artista, que ante la propuesta de ponerle ahora un título aglutinador a la muestra, responde con rapidez diciendo: «A ciento cien kilómetros/hora, título de su última pieza realizada en 2013, ´ampliación y parte´ de la obra que figura en el catálogo como De Abarán a Madrid, de 2009. En ese misterioso viaje Abarán-Madrid-Cieza aparece un imaginario personaje, Pepito, realizado en resina de poliéster con pigmentos naturales, en color azul, que «representa el mundo interior, la paz, la calma€», precisa la autora. Dijo Francis Bacon «Acaso algún día logre capturar un instante en toda su violencia y en toda su belleza».

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