El mar también se cultiva: la historia de la acuicultura que llega a nuestra mesa
Permite criar especies acuáticas de forma controlada para garantizar un suministro regular de alimentos y complementar así el pescado obtenido mediante la pesca convencional
Sashimi de atún rojo de acuicultura española. / La Opinión
Hay realidades tan cotidianas que apenas nos detenemos a pensar en ellas. El pescado forma parte de la cultura gastronómica mediterránea desde hace siglos. Está presente en los mercados, en los restaurantes y en muchas mesas familiares. Sin embargo, pocas veces nos preguntamos cómo será posible seguir disfrutando de este alimento dentro de veinte o treinta años, en un mundo donde la población continúa creciendo y los recursos naturales son limitados.
La respuesta pasa, en parte, por una actividad que muchos conocen de oídas pero que sigue siendo una gran desconocida para buena parte de la sociedad: la acuicultura.
Cultivar peces puede parecer una idea moderna, pero en realidad es una práctica con una larga historia. Lo que sí es relativamente reciente es el desarrollo científico y tecnológico que ha transformado esta actividad en una de las principales fuentes de producción de alimentos de origen marino. Hoy, millones de personas consumen pescado procedente de acuicultura sin ser plenamente conscientes de ello.
Viveros de acuicultura en Murcia. / La Opinión
La comparación más sencilla es pensar en la agricultura. Nadie se sorprende de que las frutas o las verduras se cultiven antes de llegar al mercado. Con los alimentos procedentes de mares y ríos sucede algo parecido. La acuicultura permite criar especies acuáticas de forma controlada para garantizar un suministro regular de alimentos y complementar así el pescado obtenido mediante la pesca convencional.
Una necesidad cada vez más evidente si tenemos en cuenta que el consumo de pescado entre 2 y 3 veces por semana sigue siendo recomendado por nutricionistas y especialistas en salud como parte de una alimentación equilibrada. El desafío consiste en responder a esa demanda sin incrementar la presión sobre unos recursos naturales que son finitos.
Un paisaje habitual en las costas españolas
España es uno de los países europeos con mayor tradición acuícola. A lo largo de su litoral, desde Galicia hasta el Mediterráneo, y también en las riberas de los ríos en el interior, existen instalaciones donde se cultivan diferentes especies que posteriormente llegan a pescaderías, mercados y restaurantes.
La Región de Murcia forma parte de esa realidad manteniendo desde hace décadas una estrecha relación con el mar. Más allá de la pesca tradicional, sus aguas albergan una actividad que ha ido creciendo de forma discreta hasta convertirse en una pieza esencial de obtención de alimentos: la acuicultura.
Dorada de acuicultura española. / La Opinión
Frente a enclaves como Águilas, Mazarrón o Cartagena, mar adentro y lejos de la mirada cotidiana de quienes pasean por la costa, se crían algunas de las especies más apreciadas de la gastronomía mediterránea, como la dorada, la lubina, la corvina o el atún rojo. Gracias a la acuicultura española, estos pescados pueden estar disponibles de forma regular durante todo el año, manteniendo los estándares de calidad y frescura que demanda el consumidor.
Pero la acuicultura es mucho más que los viveros flotantes que se distinguen en el horizonte. Detrás de este nutritivo alimento hay años de investigación, innovación, conocimiento acumulado y experiencia. Biólogos, veterinarios, técnicos especializados y profesionales del mar trabajan cada día para supervisar el crecimiento de las especies, garantizar su bienestar y controlar las condiciones del medio en el que se desarrollan.
Esta combinación de tradición marinera y tecnología ha convertido a la Región de Murcia en uno de los referentes nacionales de la llamada economía azul. Un liderazgo construido con el paso del tiempo, aprovechando las condiciones privilegiadas de su litoral y apostando por una actividad que hoy forma parte de la respuesta a uno de los grandes desafíos del siglo XXI: obtener alimentos saludables de forma sostenible.
Tecnología al servicio de un alimento ancestral
La paradoja resulta interesante: uno de los alimentos más antiguos de nuestra dieta depende hoy de algunas de las tecnologías más avanzadas.
Sensores, sistemas de monitorización, análisis de datos y programas de seguimiento permiten controlar parámetros que hace apenas unas décadas eran imposibles de medir con precisión. El objetivo es optimizar los procesos, mejorar el bienestar de los peces y reducir el impacto sobre el entorno natural.
La acuicultura moderna se ha desarrollado precisamente en esa intersección entre tradición e innovación. Conserva la relación histórica del ser humano con el mar, pero incorpora herramientas propias del siglo XXI para responder a los retos alimentarios actuales.
Este desarrollo ha convertido a la acuicultura murciana en un espacio de colaboración entre empresas, centros de investigación y universidades. El conocimiento generado durante años permite hoy conocer en tiempo real variables como la temperatura, los niveles de oxígeno o las corrientes marinas, entre otros. Una información que ayuda a tomar decisiones precisas y que refleja hasta qué punto la innovación forma parte del día a día de un sector que, aunque vinculado al mar, se apoya cada vez más en la ciencia y la tecnología.
Más allá de los tópicos
Pese a su presencia creciente en la alimentación, la acuicultura sigue rodeada de preguntas, percepciones y, en ocasiones, ideas preconcebidas. Quizá porque los consumidores están cada vez más interesados en conocer el origen de aquello que comen. Y esa preocupación es positiva.
Comprender cómo se cultivan los alimentos permite tomar decisiones más informadas. En el caso de la acuicultura española, significa acercarse a una actividad sometida a exigentes controles sanitarios, ambientales y de trazabilidad, que busca ofrecer productos seguros y de calidad manteniendo un equilibrio con el entorno en el que se desarrolla.
Lejos de las simplificaciones, la conversación sobre el futuro de la alimentación plantea cuestiones complejas. Cómo alimentar a una población creciente, cómo proteger los recursos naturales o cómo garantizar dietas saludables son preguntas para las que no existen respuestas únicas.
Lo que parece cada vez más claro es que la acuicultura formará parte de ellas.
El pescado del futuro ya está aquí
Quizá la mejor forma de entender la acuicultura sea observar lo que ocurre en nuestra propia mesa. Muchas de las doradas, lubinas o corvinas que consumimos forman parte de una historia que comienza mucho antes de la pescadería.
Una historia de mar, ciencia, conocimiento y trabajo humano. Una historia que transcurre cada día a lo largo de las costas españolas y que nos recuerda que obtener alimentos exige pensar en el mañana.
Porque el desafío no consiste únicamente en seguir obteniendo pescado del mar. Consiste en hacerlo de forma responsable, garantizando alimentos saludables para una población creciente y preservando al mismo tiempo los recursos de los que dependen las generaciones futuras.
En las aguas de la Región de Murcia, ese futuro lleva años tomando forma. Lejos de la vista de la mayoría, entre corrientes marinas, conocimiento científico y oficio marinero, miles de peces son cultivados cada día antes de llegar a nuestros mercados y restaurantes. Una realidad poco conocida que demuestra que el mar también puede cultivarse.