Cultura
Enrique Rey, escritor: "El verano de tu vida es un mito inalcanzable, pero que sigue tirando de nosotros"
Desde el Mar Menor hasta las redes sociales, Enrique Rey analiza en su obra ‘Melón con jamón’ cómo el negocio turístico y el postureo han transformado la temporada más idealizada del año: el verano como una religión civil

Enrique Rey, autor de ‘Melón con jamón’ e instructor en la escuela de vela Socaire. / L. O.
De niño, Enrique Rey -articulista, escritor e ingeniero naval- esperaba el verano con más impaciencia que el Día de Reyes. Han pasado los años, se ha mudado de Madrid a Murcia, ha empezado a dar clases de vela en Santiago de la Ribera y esa ilusión ingenua sigue casi intacta. Pero ahora convive con otra mirada, más adulta y más incómoda: la del que ve el verano desde dentro, como quien lo sostiene y no solo quien lo disfruta. De esa doble mirada nace Melón con jamón, un primer libro que convierte la estación más fotografiada del año en objeto de estudio: sus rituales, su publicidad, sus fieles, y también sus sacrificados.
¿Cambió su forma de ver el verano al vivirlo desde Murcia?
Cambió muchísimo. Hay un chiste que resume bien lo que me pasó: uno muere, va al infierno, tiene una barbacoa con los Rolling Stones y se lo pasa genial — así que elige quedarse. Pero al volver como residente perpetuo, le ponen cadenas y empieza la tortura. "No es lo mismo ser turista que ser residente", le explican. A mí me pasó algo parecido: me convertí en sufridor de todo lo que mueve el verano — el exceso de gente en infraestructuras pequeñas, la depredación del territorio. Pero también conservé la ilusión, esa parte del verano como fiesta perpetua.
¿Qué sentimientos produce la época estival?
Todo el libro habla de cómo el verano es una especie de euforia con un origen muy remoto: toda civilización ha celebrado el solsticio de junio. Esa emoción se ha transformado fácilmente en negocio. Nos emocionamos de manera excesiva, nos enamoramos con facilidad, hay una sensación de que todo está permitido. Y el verano se ha construido igual que lo sentimos: los chiringuitos son caóticos, la arquitectura veraniega es un poco loca.
¿Hay algo del verano murciano que se coló en el libro sin que se diera cuenta?
Todo el paisaje del Mar Menor está muy presente porque es mi referencia de verano. Y tiene algo que me parece muy interesante: es como una miniatura donde ocurren muchas cosas en muy poco espacio, como la contaminación o el turismo.
Nos emocionamos de manera excesiva, nos enamoramos con facilidad y hay una sensación de que todo está permitido
¿Qué le permite el formato ensayo que el periodismo de actualidad no le permitía decir?
Al ser un primer libro, tiene algo de repaso a todas mis obsesiones, porque el verano sirve para hablar de muchísimas cosas y yo siempre hablo de las mismas: el paso del tiempo, la memoria, el trabajo. El verano sirve muy bien para hablar de nostalgia y melancolía, y también de descanso y trabajo.
Habla del verano como una "religión civil" en España. ¿Qué rituales tiene esa religión?
Todos los años se vuelve al mismo sitio, como una ilusión renovada. El verano tiene además algo purificador —como los baños rituales en muchas religiones—, algo de borrón y cuenta nueva: quemas alguna pertenencia en la hoguera de San Juan y sales purificado. Luego están los rituales de consumo, como ir al chiringuito.

Enrique Rey tras el festival 'La Mar de Libros' en Los Alcázares. / Raquel Agea
¿Quién se queda fuera de esos rituales y de ese ‘verano idílico’?
El verano es cada vez más inaccesible para quienes lo construyen: los trabajadores de la industria turística. Y ese mito del veraneo de postal escondía también la explotación de las mujeres. Me acuerdo de mi abuela yéndose de la playa un par de horas antes que los demás para preparar la comida: quien tiene que cuidar no tiene mucho verano. Y está esa presión social de tener que aprovechar el verano al máximo, ese verano imaginado que pesa más que el real.
¿De dónde viene ese ‘verano imaginado’ y por qué seguimos persiguiéndolo aunque sepamos que no existe?
Hay mucho cine, mucha canción, mucha publicidad que construye una idea de verano que se superpone a lo que realmente vivimos. Muchas veces perseguimos más el verano que hemos visto en Instagram que el que está a nuestro alcance. Ese imaginario se lleva construyendo desde los años 60. Si uno hace el corte de los mejores momentos de todos sus veranos, quizás sí se parezca.
El verano es cada vez más inaccesible para quienes lo construyen y lo hacen posible
¿Es posible hoy un verano español que no dependa del negocio turístico?
Es muy complicado, porque mientras se mida todo en registros de turistas seguirá funcionando así. Las ciudades compiten como si cada turista fuera un premio. Hace diez años era raro ver una manifestación contra el turismo; ahora ya son frecuentes, en Málaga, en Mallorca. Al menos el problema ya está a la vista, aunque solucionarlo es otra cosa.
Dice en su libro que Instagram nos ha convertido en "propagandistas" de la industria turística. ¿Cómo se rompe ese ciclo cuando el propio usuario es quien lo alimenta gratis?
Hay una opulencia en redes de presumir sobre el destino, pero es algo natural: ya en el siglo XVIII había comedias italianas sobre gente que se endeudaba por alardear en verano. Tampoco hay que sentirse muy culpable. Esta época tiene mucho de gasto improductivo y llega a ser inevitable en ocasiones.
Si el verano es una religión civil, ¿usted es creyente o ya ha perdido la fe escribiendo el libro?
A mí el verano no me debe nada. Me lo he pasado muy bien. Está también el mito de los amores de verano, que en mi caso se convirtió en algo definitivo. Y a pesar de todo, sigo siendo creyente y adepto al verano.
La presión social de disfrutar al máximo hace que el verano imaginado pese más que el real
Si tuviera que escribir la continuación de este libro dentro de diez años, ¿qué cree que habrá cambiado para bien y para mal?
Creo que todo lo que menciona el libro se habrá amplificado y acelerado. No soy muy optimista: mientras no cambie el sistema productivo, las cosas no cambiarán mucho. Estaremos todavía más espantados por catástrofes climáticas, grandes tormentas, grandes incendios.
Si alguien termina el libro y solo se queda con una idea, ¿cuál le gustaría que fuera?
El verano de tu vida es un mito inalcanzable, pero que sigue tirando de nosotros y de España entera. O sea, el verano es como una especie de locomotora en la que todos los españoles estamos subidos, no se sabe muy bien si para descarrilar o para llegar a la diversión que tanto promete la estación.
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