Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Fenómeno astronómico y social

Las nubes se quedan con el eclipse en Murcia

La expectación ante uno de los grandes fenómenos astronómicos del año se encontró en Murcia con un cielo cubierto que dificultó su contemplación cuando el disco estaba completamente oculto

Un grupo de visitantes espera el eclipse desde el Palacio IBN Mardanis

Un grupo de visitantes espera el eclipse desde el Palacio IBN Mardanis / ISRAEL SANCHEZ

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
J.M. Lax Asís

J.M. Lax Asís

El eclipse que España llevaba más de un siglo esperando por fin iba a ver la luz, o mejor dicho, la oscuridad. El fenómeno astronómico que durante meses había llenado agendas, reservas, carreteras y miradores llegó este miércoles a la Península para convertir el cielo en el gran escenario de una tarde excepcional. En buena parte del norte de España, la Luna llegó a ocultar por completo el Sol; en la Región de Murcia, fuera de la franja de totalidad, el eclipse se debía contemplar como parcial , aunque con una ocultación cercana al 98 por ciento.

A las siete y media de la tarde, desde el Castillejo de Monteagudo ya no se miraba únicamente a la huerta. Las cabezas se levantaban hacia el oeste, las gafas de observación pasaban de unas manos a otras y, durante unos minutos, el antiguo palacio de Ibn Mardanis se convertía en un improvisado balcón hacia el cielo. Un centenar de personas había subido hasta allí para contemplar un fenómeno astronómico excepcional, pero las nubes habían decidido poner a prueba su paciencia.

El eclipse de sol con la luna en retirada

El eclipse de sol con la luna en retirada / Israel Sánchez

La expectación crecía a la misma velocidad que la preocupación. "¿Dónde está el Sol?", se preguntaban algunos mientras buscaban entre las nubes un hueco que permitiera ver el eclipse. El cielo comenzaba a oscurecerse, pero el protagonista seguía sin aparecer. La gente miraba hacia arriba, consultaba sus teléfonos y esperaba.

"Anda que no hay nubes en Murcia en todo el año y justo hoy... Ni hecho a propósito", comentaba uno de los asistentes. Otros intentaban tomárselo con humor: "Al menos hemos hecho ejercicio subiendo aquí", decía uno de los grupos que había accedido hasta la fortaleza del Rey Lobo.

La espera terminó convirtiéndose en parte de la experiencia. Mientras algunos seguían pendientes del horizonte, otros aprovecharon para jugar a las cartas, conversar o simplemente hacer tiempo. "El eclipse no se ve, pero el estadio se ve muy bien desde aquí", bromeaban al contemplar desde la altura la panorámica del campo de fútbol.

En los altavoces portátiles instalados para contemplar el fenómeno astronómico sonaba de fondo Conquest of Paradise, de Vangelis. La música acompañaba una escena extraña: decenas de personas reunidas para mirar un fenómeno que estaba sucediendo sobre sus cabezas y que, sin embargo, permanecía oculto.

La tecnología permitió al menos salvar una parte de la tarde. Los teléfonos móviles comenzaron a convertirse en pequeñas ventanas hacia el eclipse. Quienes no podían verlo directamente seguían el fenómeno a través de las retransmisiones y las imágenes que llegaban desde otros puntos de España y del mundo. Otros levantaban igualmente sus dispositivos hacia el cielo para intentar inmortalizar aquel particular ‘no evento del siglo’, al menos desde Monteagudo.

Porque sí había algo que podía percibirse. La luz había cambiado. El cielo tenía una tonalidad distinta y el ambiente se había ido apagando poco a poco, aunque el Sol permaneciera escondido. La oscuridad era visible; el eclipse, no.

"Anda que no hay nubes en Murcia en todo el año y justo hoy...", se lamentaban los presentes

Nueve siglos mirando al mismo cielo

Antes de que comenzara la espera, los asistentes habían recorrido el Palacio de Ibn Mardanis dentro del programa de divulgación Fortalezas del Rey Lobo. La actividad pretendía precisamente establecer un puente entre aquella Murcia del siglo XII y la observación contemporánea del firmamento.

Francisco José Navarro Jara, del proyecto Rey Lobo, lo explicaba durante la visita: "Hace nueve siglos otras personas también miraban al cielo e instaban a ponerse en la mirada de gente que estuvo en el siglo XII en este lugar y contemplaban el cielo y las estrellas. Como nosotros ahora, en un puente entre épocas".

La comparación adquiría un significado especial mientras el grupo esperaba que las nubes se apartaran. En tiempos de Ibn Mardanis, mirar al cielo no era únicamente una forma de contemplar la belleza de los astros. La astronomía tenía aplicaciones relacionadas con la agricultura, la navegación, la orientación, la medición del tiempo y el conocimiento científico.

Aquella tarde de agosto, nueve siglos después, un grupo de murcianos volvía a hacer algo parecido. La diferencia era que ahora llevaba gafas homologadas, teléfonos móviles y acceso en tiempo real a imágenes procedentes de cualquier lugar. Pero seguía dependiendo de lo mismo: que las nubes permitieran mirar. "Por lo menos nos hemos llevado una explicación histórica", resumía otro de los asistentes.

La preocupación dio paso poco a poco a una resignación divertida. "Bueno, pues guardamos las gafas para el año que viene", decía alguien entre las risas del grupo. Otros seguían mirando hacia el oeste. Quedaba todavía una posibilidad: el Sol tenía que desaparecer por el horizonte. Y entonces ocurrió.

"¡Se ve el filo!"

Cuando la tarde ya encaraba su final y el Sol se aproximaba al horizonte, las nubes concedieron finalmente unos instantes. No fue el eclipse que muchos habían imaginado ni la imagen completa que habían ido a buscar. La Luna ya comenzaba a retirarse y el fenómeno estaba en su tramo final, pero apareció un pequeño resquicio entre las nubes.

"¡Se ve el filo!", gritó alguien.

Las cabezas volvieron a levantarse al mismo tiempo. Los teléfonos se elevaron. Las gafas que algunos ya habían guardado regresaron a las manos. Durante unos instantes, el Sol se dejó ver entre las nubes y permitió contemplar parte del fenómeno antes de esconderse definitivamente por el horizonte.

Visitantes en La Fortaleza del Rey Lobo.

Visitantes en La Fortaleza del Rey Lobo. / Israel Sánchez

Fue poco, pero fue suficiente

La decepción acumulada durante buena parte de la tarde se transformó en una pequeña celebración. "Más vale poco que nada", resumía uno de los presentes mientras intentaba conseguir una última imagen.

El eclipse no pudo contemplarse en todo su esplendor desde Monteagudo. Las nubes se quedaron con buena parte del espectáculo. Pero cuando el Sol apareció finalmente entre ellas, aunque fuera durante unos segundos y cuando la Luna ya emprendía su retirada, el centenar de personas que había subido hasta el Castillejo obtuvo al menos aquello que había ido a buscar: una prueba fugaz de que el fenómeno estaba allí.

Y quizá también una pequeña lección sobre la astronomía que hace nueve siglos, desde ese mismo paisaje, trataban de comprender quienes miraban al cielo desde la Murcia de Ibn Mardanis. A veces basta con levantar la cabeza. Incluso cuando las nubes obligan a esperar.

Tracking Pixel Contents