Laboral
La cantera regional de notarios que 'exporta' talento a toda España
La academia del Colegio logra que sus ocho opositores superen la oposición tras 14 horas de estudio diario y muchos años de constancia

Los ocho alumnos que han aprobado la oposición (sentados), junto a varios miembros de la junta directiva del Colegio de Notarios de la Región de Murcia. / Ars Longa Comunicación
Durante un largo tiempo, sus vidas han cabido entre un flexo, centenares de temas y una fecha de examen marcada en rojo en el calendario y que veían cómo lentamente iba arcercándose. Han estudiado ocho, diez y hasta catorce horas al día. Han renunciado a viajes, celebraciones y fines de semana... Algunos han necesitado cuatro años; otros, siete, nueve u once.
Ahora, después de superar una de las oposiciones más exigentes, ocho jóvenes formados en la Academia del Colegio de Notarios de la Región de Murcia están a punto de convertirse en profesionales de pleno derecho y llevar el sello de la Región a despachos repartidos por España.
La última convocatoria ha confirmado a la academia murciana como una de las grandes ‘canteras’ nacionales del Notariado. Ocho de sus alumnos aprobaron y los ocho que llegaron al dictamen, la decisiva prueba práctica, lo superaron. Detrás del resultado hay unos 40 opositores y una red de notarios que dedica gratuitamente parte de su tiempo a formar a quienes aspiran a relevarlos.
«Lo que pedimos a los opositores es, sobre todo, compromiso, seriedad y constancia», explica a este perióico Carlos Castaño, director de la Academia de Murcia, que recibe también a estudiantes de provincias cercanas. No existe un filtro rígido de entrada. Se solicita el expediente y se mantiene una entrevista, pero las notas no son lo decisivo. «Esta oposición no depende tanto de las aptitudes o de la capacidad intelectual como de la constancia y el compromiso», sostiene Castaño.
La formación personalizada y el compromiso altruista de los preparadores explican el éxito
El sistema se apoya en grupos reducidos. Cada preparador trabaja normalmente con dos o tres alumnos, escucha semanalmente la exposición oral de los temas, corrige, fija el ritmo y acompaña al opositor durante un proceso de varios años. Los preparadores revisan cada trimestre la evolución de los estudiantes y adaptan el método a sus necesidades. «El preparador actúa, sobre todo, como un mentor: orienta, marca un camino y unas pautas de trabajo, mientras que el estudio diario corresponde al propio opositor», explica Castaño.
La academia facilita el temario y prepara tanto las pruebas teóricas como el dictamen. Esto último supone una ventaja diferencial para la Región, ya que en España apenas existen siete u ocho academias de este tipo y algunas no forman para el ejercicio práctico, por lo que sus alumnos deben desplazarse a Madrid.
Por su parte, Luis Barnés, vicedecano del Colegio de Notarios de la Región, destaca el carácter altruista del proyecto. «Los preparadores son notarios en ejercicio que, de manera altruista, colaboran en la formación de los opositores», señala.
"La formación no ha sido solo académica, también humana y personal"
La oposición es nacional y exige dominar las instituciones del Derecho privado y saber trasladar ese conocimiento a casos prácticos complejos. Barnés calcula que «el tiempo de estudio que se considera mínimo para aspirar a aprobar esta oposición es de unos tres años». Aunque valora positivamente el sistema, entre uno de los puntos a mejorar bajo su punto de vista es que las convocatorias pudiesen ser anuales y no cada dos años.

Miguel García, Jesús Dato, Anna Paula Pereira y Natalia Serrano. / Ars Longa Comunicación
Ocho con un mismo objetivo
Pasando a conocer las historias de los ocho alumnos que con esfuerzo y tesón han conseguido superar la prueba, el sanjaviereño Miguel García ha tardado casi siete años. Eligió esta profesión por el deseo de ayudar a las personas con un conocimiento técnico especializado y por la influencia de su madre, oficial de notaría. Estudiaba unas diez horas al día. Lo más difícil fueron «las renuncias, el tener que decir que no a planes y ver cómo tu entorno avanza y tú sigues con tu vida en standby». Ahora espera quedarse cerca de Murcia, donde están su familia y su pareja.
"Lo más duro ha sido renunciar a eventos familiares muy importantes"
Jesús Dato, natural de Cartagena, descubrió la profesión mientras estudiaba Derecho y ADE, después de acercarse a una notaría para conocer el trabajo cotidiano. Ha dedicado cinco años y medio a la oposición, con jornadas de ocho o nueve horas que llegaron a doce o catorce antes de los exámenes. Lo más duro fue «renunciar a uno mismo, con la mirada puesta en un solo objetivo: aprobar la oposición y conseguir ser notario». Él sí se ve ejerciendo en cualquier punto de España, allá donde lo llamen.
"La adaptación de la formación universitaria a una oposición de este tipo exige mucha constancia"
La preparación más larga ha sido la de la murciana Natalia Serrano, que ha invertido once años. Su rutina oscilaba entre ocho y nueve horas, aunque en los años de examen superaba las doce. La mayor dificultad fue comprobar que «no siempre hay un fiel reflejo del esfuerzo y conocimiento obtenido». Tras el aprobado, no contempla una meta cerrada, sino el comienzo de una formación continua para ofrecer un servicio eficaz.
"La vida sigue fuera mientras tú estás entre el flexo y los temas"
Anna Paula Pereira, nacida en Brasil, llegó a la oposición atraída por el Derecho privado y por la cercanía de la función notarial con las personas. Estudió cerca de nueve años, ocho horas diarias durante seis días a la semana. Pereira de la necesidad de mantener «la constancia de una máquina», aunque cada opositor tenga sus propias circunstancias. Su descripción del sacrificio resume una experiencia común: «La vida afuera sigue mientras tú estás entre el flexo y los temas». En la academia, asegura, encontró maestros de Derecho y también de vida.

Luis Escribano, Paula García, Pablo Barberá e Isabel Marín. / Ars Longa Comunicación
Luis Escribano, de Murcia, necesitó tres años y nueve meses. Comenzó con diez horas netas diarias y elevó el ritmo hasta las doce o catorce. Su momento más duro fue el suspenso en una convocatoria anterior y las dudas sobre su propia valía. Ahora se imagina en un pequeño pueblo, ayudando a sus habitantes a tomar decisiones con seguridad jurídica. «El cuerpo del Notariado no se entiende sin la cercanía de asistir y guiar a la gente en sus decisiones más importantes», afirma.
"Nuestro resultado no es sino un reflejo de lo que allí se imparte"
Paula García, nacida en Torrevieja y criada en Vera, llegó a la academia del Colegio regional por recomendación de un notario. El proceso se prolongó durante tres años y diez meses. Fue la primera aspirante en examinarse y, en los meses previos, llegó a estudiar también trece o catorce horas. Para ella, opositar supuso «tomar la decisión de poner mi vida en pausa». Con el tiempo, sin embargo, entendió las renuncias como aplazamientos y no como pérdidas definitivas. Ahora quiere ser una notaria cercana, accesible y comprometida con seguir aprendiendo.
"Lo más duro ha sido tomar la decisión de poner mi vida en pausa"
Por su parte, el murciano Pablo Barberá de Mazón ha dedicado siete años a construir su camino profesional propio. El estrés llegó a provocarle migrañas que podían incapacitarlo durante días, por lo que terminó priorizando la calidad del estudio sobre el número de horas. Recuerda los viajes, celebraciones y momentos familiares perdidos mientras la vida de los demás avanzaba. El final lo resume con una palabra: «Liberación». Además de ejercer, quiere volver algún día como preparador y devolver a otros la ayuda recibida.
"Todo el sacrificio, las renuncias y los años estudiando han merecido la pena"
La más joven de este grupo de ocho es Isabel Marín, de la pedanía de Valentín de Cehegín. Tiene 24 años y estudiaba entre diez y doce horas, seis días a la semana. Tras superar el primer ejercicio pasó a hacerlo todos los días, sin descanso. Para ella, la mayor exigencia fue mental: «Mantener a raya los nervios, convivir con las inquietudes del ‘¿lo conseguiré?’ y gestionar tantas horas de estudio han sido un reto diario». Ahora se ve al frente de su notaría, al servicio de las personas.
Los ocho iniciarán un periodo de prácticas antes de incorporarse a sus primeros destinos. Algunos desean quedarse cerca de casa; otros aceptarán una plaza allí donde les corresponda. Muchos probablemente comenzarán en pequeñas localidades alejadas de la Región. Esa dispersión resume el éxito de la academia: Murcia los forma, pero España entera se beneficia de su preparación.
La cadena tampoco termina con el aprobado. Antiguos alumnos destinados cerca de Murcia regresan después como preparadores. Y, aunque no existe una obligación escrita, sí que hay una deuda moral con quienes dedicaron tardes a escuchar temas, corregir dictámenes y sostenerlos durante los peores momentos. «Existe un compromiso moral de devolver a la academia lo recibido y contribuir a la formación de las siguientes generaciones», resume Castaño.
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