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Entrevista

Josechu Ortega: "La crisis de Ceuta puede afectar a la Región de Murcia por las redes familiares y el empleo agrícola"

La llegada masiva de personas desde el país vecino no es vista como un fenómeno migratorio, sino geopolítico: "Se trata de una herramienta de presión política por haber restablecido las relaciones diplomáticas con Argelia"

Josechu Ortega, politólogo.

Josechu Ortega, politólogo. / Juan Carlos Caval

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Jaime Ferrán

Jaime Ferrán

Lo que ocurre en Ceuta, ¿es una crisis migratoria o geopolítica?

Creo que ya no queda ninguna duda de que Marruecos utiliza las llegadas masivas de personas en un corto espacio de tiempo como herramienta de presión política contra España. Otros actores recurren a las sanciones económicas o a los aranceles; Marruecos emplea la presión migratoria. Esas oleadas siempre han coincidido con decisiones de España que no han gustado a Marruecos, especialmente con los acercamientos a Argelia. Cuando España restableció la normalidad de sus relaciones diplomáticas con Argelia, pocos días después se produjo el salto masivo.

La sensación es de que España no responde. ¿Estamos indefensos ante Marruecos?

España no juega en igualdad de condiciones. Marruecos no es una democracia y los regímenes no democráticos cuentan con ventaja al operar frente a otros países: no responden ante la ciudadanía ni están sometidos a los mismos controles internos. España, en cambio, está sujeta al derecho internacional y a su propio ordenamiento jurídico. Además, especialmente con Pedro Sánchez, España ha presentado su política exterior como una referencia moral basada en el pacifismo, la democracia, el multilateralismo y el respeto escrupuloso a los derechos humanos. Eso limita su capacidad de reacción.

La UE no ha reaccionado de forma unida y, en España, la crisis sirve a la oposición para criticar al Gobierno y el reparto de los menores llegados a Ceuta puede provocar otro enfrentamiento con las comunidades gobernadas por el PP.

Por desgracia, en España nada queda fuera de la confrontación política y de la polarización. Todo parece abordarse en función de la rentabilidad electoral. Lo hemos visto también ante otras desgracias recientes, cuando cualquier atisbo inicial de unidad se ha roto rápidamente. En cuanto a la UE, creo que muchos países han respondido pensando en sus propios temores. La inmigración, presentada como un fenómeno negativo, es el asunto con más auge en la política europea. Los partidos de derecha radical quieren que se hable de ella porque obtienen rédito electoral, mientras que los gobiernos de derecha moderada o de izquierda temen que ese debate impulse todavía más a esas fuerzas. Cada Ejecutivo ha querido dejar claro ante sus votantes que está en contra de la inmigración, aunque eso proyecte una imagen de desunión europea.

En España nada queda fuera de la polarización y todo se aborda en función de la rentabilidad electoral

¿Cómo debería reaccionar España para superar esta posición de debilidad frente a un vecino tan importante como Marruecos?

Diciendo ‘basta ya’. España ha mantenido una posición blanda por miedo a esta herramienta de presión. Ha intentado seguir una vía de colaboración con Marruecos, dotándolo de medios para controlar la frontera y realizando inversiones. Por ejemplo, se han comprado vehículos para la Policía marroquí. Sin embargo, Marruecos no quiere o no puede evitar estas entradas. Nuestro país debe reforzar las barreras físicas y aumentar la presión diplomática. El Estado marroquí es un socio importante para España, pero España es todavía más importante para Marruecos.

¿Está ganando Marruecos el relato internacional sobre Ceuta y Melilla? Cada vez hay más voces internacionales que las consideran territorios colonizados.

Marruecos está jugando sus cartas: mantiene una relación muy mala con sus vecinos y se ha aliado con dos actores muy poderosos: Estados Unidos e Israel. Intenta difundir su relato a través de ambos. No creo que Marruecos esté ganando ese relato ni que pueda hacerlo, porque los hechos históricos son muy claros; otra cosa es que pueda imponerse por la fuerza. Espero que no se llegue a ese punto, pero tampoco creo que pueda descartarse por completo ante la debilidad que demuestra España. Las dictaduras cuentan con otra ventaja frente a las democracias: pueden operar a medio y largo plazo. Marruecos nunca ha ocultado sus aspiraciones sobre Ceuta y Melilla y mantiene también reivindicaciones que afectan a Canarias. Puede trabajar de una forma más estable porque no está condicionado por unas elecciones.

¿Puede afectar esta crisis a la Región, donde reside un porcentaje importante de población marroquí?

Puede hacerlo, sobre todo por las redes familiares y de contactos. Algunas de las personas que hayan entrado quizá busquen reunirse con parientes que ya han alcanzado cierta estabilidad en España y, por qué no, en la Región. Además, la fuerza de nuestro sector primario atrae, de por sí, inmigración. Mientras las entradas no se reduzcan a cero y no exista una vía única y regular para la llegada de migrantes, estos seguirán llegando.

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