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Medio Ambiente

El Mediterráneo tropicaliza los veranos y dispara los riesgos para la Región

El climatólogo Jorge Olcina descarta una relación automática entre el mar a 30 grados y las danas, aunque reclama una vigilancia permanente

Temperatura del mar Mediterráneo durante la jornada del pasado viernes.

Temperatura del mar Mediterráneo durante la jornada del pasado viernes. / Meteored

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

Las noches ya no conceden tregua. El calor se instala cuando cae el sol, el mar conserva una temperatura impropia de estas latitudes y el aire parece incapaz de desprenderse de la energía acumulada durante el día. El verano de 2026 avanza con registros inéditos y una sucesión de episodios extremos que dibujan un escenario cada vez más familiar para el litoral mediterráneo. La Región de Murcia, situada en una de las áreas más sensibles al calentamiento global, asiste a una transformación climática que ya deja huella en la salud, la economía y la forma de habitar las ciudades.

La tercera ola de calor del verano llega acompañada de un Mediterráneo occidental con temperaturas superiores a los 30 grados en algunos sectores, valores más propios de zonas tropicales que de las costas españolas. Para Jorge Olcina, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante y director del Laboratorio de Climatología de esa institución, el episodio actual responde a una tendencia sostenida, aunque con un componente excepcional.

«Es un verano que sigue la tendencia de los últimos años de calor intenso, pero 2026 está teniendo un punto de excepción», explica. La temporada arrancó ya a finales de mayo con una primera entrada de aire sahariano y, desde entonces, se han sucedido cinco irrupciones de polvo y aire cálido procedentes del norte de África, además de tres olas de calor oficialmente declaradas. «Son dos procesos que se retroalimentan porque calientan tanto el aire como el agua del mar», señala.

El especialista considera que el litoral levantino vive una particular adaptación del cambio climático global. «Lo que yo llamo la mediterraneización del cambio climático» tiene una consecuencia especialmente visible durante las noches. El agua permanece caliente durante más tiempo y evita que las temperaturas desciendan en las zonas costeras. El resultado es una multiplicación de las noches tropicales desde los años ochenta y un incremento de las llamadas noches ecuatoriales, aquellas en las que el termómetro no baja de los 25 grados. «El calor nocturno es el rasgo específico del cambio climático en nuestra zona mediterránea», resume.

El estado del mar alimenta también una de las creencias más extendidas cada verano: la idea de que unas aguas excepcionalmente cálidas garantizan la llegada de una dana durante el otoño. Olcina rechaza esa relación automática. «No hay una relación directa», afirma. Un Mediterráneo sobrecalentado obliga a mantener una vigilancia constante porque aporta más energía si aparece una situación de inestabilidad, pero recuerda que en años recientes también hubo aguas muy cálidas sin episodios de lluvias torrenciales especialmente relevantes.

Las danas, sin embargo, sí muestran otra evolución que preocupa a los expertos. El calendario tradicional pierde peso y la posibilidad de lluvias intensas ya no queda restringida al otoño. «La zona mediterránea se ha convertido en un foco potencial de lluvias intensas durante todo el año», sostiene. Estudios internacionales apuntan, según explica, a un incremento de entre un 10 y un 12% en la frecuencia de estos embolsamientos de aire frío desde los años setenta, aunque no todos terminan generando catástrofes.

El calentamiento del planeta tampoco da señales de frenarse. «El proceso está un poco desbocado», advierte Olcina. Las emisiones de gases de efecto invernadero continúan aumentando y los modelos climáticos mantienen las tendencias actuales, con fenómenos cada vez más tempranos e intensos. El Mediterráneo aparece identificado como uno de los grandes puntos calientes del cambio climático, una condición especialmente vinculada al aumento constante de la temperatura del mar.

La Región de Murcia conoce bien otro de los protagonistas del verano: las entradas de aire sahariano. El experto recuerda que el sureste peninsular constituye la principal puerta de entrada de estas masas cálidas hacia Europa. Además de disparar los termómetros y transportar polvo en suspensión, ese aire recalienta también el Mediterráneo. «Para mí es más peligroso que caliente el mar», subraya.

La combinación de temperaturas extremas, tormentas secas y reventones térmicos quedó patente el jueves, durante una de las jornadas más difíciles del verano, cuando numerosos municipios murcianos superaron los 44 grados y coincidieron la calima, las tormentas y varios incendios forestales. Esos reventones, explica, representan «la manifestación de toda la energía que se está moviendo» en la atmósfera.

Las consecuencias trascienden el ámbito meteorológico: la posidonia sufre cuando el agua supera los 27 grados, proliferan las especies invasoras y se reducen cosechas y capturas pesqueras. El impacto llega de lleno a la salud pública. Según estudios de la UPC, el riesgo humano empieza a los 30,2 grados de día y 24 de noche, convirtiendo a las temperaturas nocturnas en la principal causa de mortalidad por calor en Barcelona —un asesino silencioso— para personas mayores o vulnerables.

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