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Social

El braille, más vivo que nunca en la Región de Murcia

Tras 200 años de historia, el código sigue reclamando presencia en la vida cotidiana: desde los medicamentos hasta las cartas de los restaurantes

González Oropesa,  junto a personal de la fundación y la consejera Conchita Ruiz, muestra un aparato para leer en braille de forma más cómoda, ayer.

González Oropesa, junto a personal de la fundación y la consejera Conchita Ruiz, muestra un aparato para leer en braille de forma más cómoda, ayer. / JUAN CARLOS CAVAL

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Maxim Polovchuk

Maxim Polovchuk

Imagínese que su autor favorito acaba de publicar un nuevo libro, que empieza a dolerle la garganta y necesita tomar una aspirina o que es domingo y toca limpiar la casa. Son gestos tan cotidianos que apenas pensamos en ellos. Ahora imagine que no puede hacer ninguna de esas cosas sin ayuda, porque una grave deficiencia visual le impide leer la etiqueta de un medicamento, identificar un producto de limpieza o encontrar el libro que busque, porque el braille sigue siendo una excepción en muchos ámbitos de la vida cotidiana. Para más de 300 millones de personas en el mundo, esa no es una hipótesis: es su realidad.

El sistema braille se declaró la semana pasada Patrimonio Cultural Inmaterial. Es la culminación de un proceso que la ONCE inició en abril de 2025, coincidiendo con el bicentenario de la creación del sistema y el primer paso de una aspiración mayor: que la Unesco lo reconozca también como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, una petición que España impulsa junto a Francia y Alemania.

En conmemoración al reconocimiento nacional del braille, la consejera de Política Social, Conchita Ruiz, visitó la biblioteca de braille de la ONCE con la finalidad de revindicar una "accesibilidad universal" y la necesidad de "sensibilizar a toda la población" . Pero más allá del protocolo institucional, lo que dejó la jornada fueron las voces de quienes conviven a diario con el sistema: Rocío, Nuria y Lourdes.

"La tecnología, más que desplazar el braille, es un aliado"

González Oropesa

— Miembro de la ONCE

Rocío González Oropesa, promotora de braille en la ONCE, fue muy clara al desmontar la idea de que el sistema de lectura para personas con discapacidad visual sea una reliquia del pasado: "El braille no es un código arcaico, sino que ha evolucionado durante los dos siglos de vida que tiene" , afirmó.

Por su parte, Nuria Vidal Carpio, jefa del departamento de Servicios Sociales de Murcia, añadió una frase que resume bien el espíritu de la declaración patrimonial: "Es un código vivo que se sigue actualizando". Esa actualización se nota en la tecnología, dado que, lejos de desplazarlo, los dispositivos digitales se han convertido en su aliado: permiten sustituir varios volúmenes físicos de un mismo libro por un solo dispositivo, cuyo precio ronda los 800 euros, y el propio sistema ha pasado de las seis celdas originales a ocho puntos para adaptarse a la informática y la notación musical.

González Oropesa también reivindicó algo que va más allá de lo técnico: la libertad de elegir el formato de lectura. "Si yo quiero leerme un libro en braille lo hago, pero si me apetece poner el audio debería poder elegir", explicó al respecto.

El reto está en la educación

Vidal Carpio puso el foco en el trabajo que hace la ONCE en los colegios, donde es necesario transcribir y solicitar los libros con antelación para que ningún estudiante ciego se sienta excluido frente a sus compañeros. Un trabajo silencioso, pero que condiciona la experiencia educativa de niños y adolescentes con discapacidad visual en toda la Región.

Por otro lado, Lourdes Reig Carbonell, especialista de la Unidad de Adaptación Documental, insistió en que la clave no está solo en el material, sino en las personas: la formación de los profesionales y de los profesores de apoyo es, para ella, lo más importante para que la inclusión educativa funcione.

Más allá del debate general, hay pequeños avances tangibles: desde el año pasado, San Javier cuenta con 6 libros en braille, y algún otro título se ha incorporado en Lo Pagán. Son cifras modestas, pero significan que las bibliotecas municipales empiezan a dar los primeros pasos en un terreno que, hasta ahora, quedaba casi en exclusiva para los centros especializados de la ONCE.

Más allá del braille, la inclusión también pasa por la manera de hablar. González Oropesa anima a desterrar el miedo a utilizar expresiones cotidianas como "ya nos veremos" cuando se conversa con una persona ciega. Para ella, la verdadera normalización consiste en dejar de tratar la ceguera como un tema tabú y hablarlo con toda la naturalidad.

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