Social
Esther, madre de acogida: "Los niños lo aportan todo a la casa"
Es, junto a su mujer, una de las 600 familias que amparan en su hogar a menores que son enviados a centros de acogida

Esther, junto a sus hijos y los que mantiene acogidos en su hogar. / L. O.
Gonzalo Cano
¿Cuánto tiempo llevan acogiendo a niños en su hogar?
Empezamos con la acogida temporal. Llevamos con los menores de ahora, de 9 y 7 años, con los que ya hemos empezado el proceso de adopción, 6 años. Los dos son hermanos. En total, llevamos con acogidas temporales 9 años.
¿Tienen hijos?
Tenemos dos hijos biológicos más los dos de ahora en proceso de adopción. Antes vivieron con nosotras dos niñas. La primera estuvo 10 meses, y la segunda solo dos, porque volvió enseguida con su madre.
¿Qué diferencias puede experimentar un menor entre vivir en un centro y ser acogido por una familia?
Hay una diferencia muy grande. Suelen venir de familias desestructuradas. Ellos pasan de un infierno, que es el centro de menores, al paraíso, porque tienen todas sus necesidades cubiertas: a nivel de alimentación, educación… pero también en cuanto a la parte afectiva; el centro no es igual que una familia. Cuando ellos vinieron del centro a nuestro hogar, nos preguntaron si podían quedarse para siempre en casa. A nivel afectivo, una familia lo es todo. Eso no lo da un centro de acogida.
Y a ustedes, ¿qué les supone el hecho de acoger a estos niños en su hogar?
A nivel personal, al igual que los hijos biológicos, aportan muchísimo cariño. Ellos se han complementado de forma genial con nuestros dos hijos biológicos. Son muy cariñosos y muy agradecidos. Lo aportan todo a la casa.
¿En qué situación llegaron los niños?
En el caso de una de las niñas, su padre era alemán, de edad avanzada, y su madre brasileña, quien, por drogas o por la razón que fuese, terminó teniendo problemas psiquiátricos. La niña estaba en abandono. En cuanto a la otra niña, su madre tuvo problemas de alcoholismo, pero los resolvió y pudo volver con su hija. Por otro lado, en la situación de los dos hermanos no estaba garantizada ni su alimentación. Mucho menos la educación; ni siquiera iban al colegio.
¿Cuáles son los protocolos legales que demuestran que se es apto para acoger a un menor?
Tuvimos que hacer un curso que dura una semana. Es verdad que ahora, en el proceso de acogida permanente, que lo lleva Cruz Roja, tuvieron que venir a nuestra casa y comprobar que reuníamos las condiciones necesarias, que cada uno de los niños contase con una habitación independiente…También verifican que no tengamos problemas económicos. El proceso de adopción es algo más lento.
¿Qué les llevó a decidir acoger a menores en su hogar?
Mi mujer siempre había querido acoger. Estuvimos viviendo en Madrid un tiempo y tras venir a Murcia pensamos que era el momento oportuno.
¿Resulta difícil el proceso de desapego y de duelo tras la marcha de los niños?
A los adultos nos resulta mucho más complicado que a los niños. Nuestros hijos lo han llevado muy bien porque han entendido que era algo temporal. Fue muy bonito el caso de una de las niñas, cuando la llevamos al aeropuerto; ella misma nos dijo: «No estéis tristes porque yo me voy muy feliz». Eso ayudó a llevarlo mejor.
¿Han mantenido el contacto con los menores que han acogido?
Respecto a una de las niñas, intentamos mantener el contacto. Dimos todos los datos, pero su familia en Brasil no ha querido que sigamos conservándolo. Quizás en un futuro, cuando sea más mayor, ella misma se ponga en contacto con nosotras.
¿Qué les ha llevado ahora a adoptar a los dos hermanos?
Su futuro era volver a un centro de menores. Uno de ellos nos dijo que quería llevar nuestros apellidos. Por eso iniciamos el proceso de adopción.
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