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Medio ambiente

Más del 90% de los nutrientes que degradan el Mar Menor afloran desde sus propios sedimentos, según un estudio

La investigación identifica una fuente de nutrientes apenas considerada en las actuaciones de recuperación y plantea revisar las medidas de restauración

Las actuaciones para la recuperación del Mar Menor son importantes, pero queda mucho trabajo por hacer.

Las actuaciones para la recuperación del Mar Menor son importantes, pero queda mucho trabajo por hacer. / Ecologistas en Acción

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

La degradación del Mar Menor podría estar sostenida por un mecanismo que hasta ahora había pasado prácticamente desapercibido en las estrategias de restauración. Fuentes de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) sostienen que la mayor parte de algunos de los nutrientes responsables de la eutrofización no entra actualmente desde el exterior, sino que vuelve a la laguna tras recircular por sus sedimentos, donde se ha acumulado durante décadas la contaminación generada por la actividad humana.

Así lo concluye un estudio liderado por la investigadora Júlia Rodríguez-Puig, del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (ICTA-UAB), y publicado en la revista científica Limnology and Oceanography. El trabajo identifica por primera vez el peso de las distintas vías de descarga de aguas subterráneas hacia el Mar Menor y atribuye a la recirculación del agua de la propia laguna el origen de más del 90% del amonio, el fósforo inorgánico, la sílice disuelta y buena parte del nitrógeno orgánico que alimentan los procesos de eutrofización.

Hasta ahora, la mayor parte de las investigaciones había señalado a los fertilizantes agrícolas transportados por la rambla del Albujón y por las aguas subterráneas continentales como las principales vías de entrada de nutrientes. El nuevo trabajo no cuestiona ese papel en el caso de los nitratos, que siguen llegando mayoritariamente por esas vías, pero incorpora un proceso que, según los autores, había sido infravalorado: el agua salada de la propia laguna se infiltra en los sedimentos, permanece allí desde horas hasta años y regresa enriquecida con nutrientes acumulados tras décadas de contaminación agrícola y minera.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores emplearon isótopos de radio como trazadores naturales que permitieron diferenciar tres tipos de descarga subterránea: el agua dulce procedente del acuífero; la recirculación de agua de la laguna a través del subsuelo durante largos periodos, y el intercambio de agua intersticial en los primeros centímetros del sedimento, un proceso mucho más rápido impulsado por el oleaje y la actividad de los organismos bentónicos.

Los resultados indican que son precisamente estos dos últimos mecanismos los que dominan el aporte de nutrientes como el amonio, el fósforo, la sílice y el nitrógeno orgánico disuelto. Según fuentes de la Universidad Autónoma de Barcelona, ese flujo interno actúa como un sistema de transporte que devuelve continuamente a la columna de agua los compuestos retenidos en los sedimentos durante años.

La investigación también detecta un comportamiento estacional que incrementa la vulnerabilidad del ecosistema. Durante el verano, la recirculación superficial del agua en los sedimentos aumenta significativamente la entrada de fósforo, un nutriente limitante para el crecimiento del fitoplancton. Los autores advierten de que ese incremento favorece las proliferaciones algales y eleva el riesgo de episodios de hipoxia, uno de los procesos asociados a las mortandades masivas de fauna registradas en los últimos años.

Fuentes de la Universidad Autónoma de Barcelona consideran que estos resultados tienen implicaciones directas para la gestión ambiental del Mar Menor, ya que las actuaciones actuales continúan orientándose principalmente a reducir la llegada de nitratos desde tierra. "Poco se ha prestado atención al amonio y al fósforo, que se acumulan en los sedimentos como contaminación heredada y pueden seguir alimentando la eutrofización durante décadas incluso después de reducir o eliminar las aportaciones externas", señalan los investigadores en el estudio.

Una de las infografías que acompañan el trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Una de las infografías que acompañan el trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona. / UAB

Las conclusiones también abren un nuevo escenario sobre las medidas de restauración. El Marco de Actuaciones Prioritarias para la Recuperación del Mar Menor contempla intervenciones sobre ramblas, humedales y ecosistemas periféricos, pero no incorpora actuaciones específicas dirigidas a limitar la liberación de nutrientes desde los sedimentos.

El trabajo coincide, además, con un momento de debate sobre el origen de las principales presiones que soporta la laguna. Hace apenas unos días, la comisionada del Ciclo del Agua y Restauración de Ecosistemas del Ministerio para la Transición Ecológica, Laura Martín Murillo, adelantó que los estudios hidrogeológicos desarrollados por el Ministerio durante los últimos tres años apuntan, de forma preliminar, a que "la principal amenaza para el Mar Menor no parece ser el acuífero, tan denostado, sino las avenidas en episodios de lluvias intensas".

Aunque ambos trabajos analizan procesos distintos y no son directamente comparables, sí ofrecen perspectivas que pueden interpretarse como divergentes. Mientras el estudio ministerial sitúa el protagonismo en los aportes asociados a las lluvias torrenciales, la investigación de la UAB concluye que la mayor parte del amonio, el fósforo y otros nutrientes esenciales para la eutrofización proceden de la recirculación del agua dentro de la propia laguna y no de aportes directos del acuífero o de las ramblas. En cambio, el trabajo sí mantiene que los nitratos continúan llegando principalmente a través de la rambla del Albujón y de las aguas subterráneas dulces.

El estudio se desarrolló en el marco del proyecto OPAL (Origin and Pathways of Anthropogenic Solutes into Coastal Lagoons: Groundwater, Sediments and Episodic Events), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, con la participación de la Universidad Politécnica de Cartagena y el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC.

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