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Verano

Los expertos coinciden: dormir con el aire acondicionado encendido no es el problema, sino ponerlo así durante la noche

Bajar de golpe los grados y orientar el chorro hacia la cama puede pasar factura al descanso y al bolsillo

Los expertos coinciden dormir con el aire acondicionado encendido no es el problema, sino ponerlo así durante la noche

Los expertos coinciden dormir con el aire acondicionado encendido no es el problema, sino ponerlo así durante la noche / Ferran Nadeu

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Juanjo Raja

Juanjo Raja

Llega el calor, llega la noche y llega el momento de tomar una decisión que muchos hogares repiten cada verano: encender el aire acondicionado, bajar la temperatura todo lo posible para enfriar la habitación cuanto antes y dejarlo funcionando hasta que suene el despertador. Parece lo más lógico del mundo. El problema es que, según los expertos, ese gesto tan extendido puede ser justo el error.

Y no, el problema no es dormir con el aire acondicionado encendido. Ese debate está superado. El verdadero fallo está en cómo se usa: temperatura demasiado baja, chorro directo sobre el cuerpo y ningún tipo de temporizador o modo noche activado. Tres ingredientes que, combinados durante horas, pueden arruinar el descanso y encarecer la factura de la luz.

El error que casi todo el mundo comete

La escena es familiar: antes de meterse en la cama, se pone el aparato a 18 o 19 grados para que la habitación se enfríe rápido. Una vez dentro, las lamas apuntan directamente hacia la cama y el equipo sigue a pleno rendimiento durante toda la madrugada. Lo que parece una solución eficaz es, en realidad, una combinación poco recomendable.

El cuerpo humano no necesita una habitación helada para descansar bien. Necesita una temperatura estable y una corriente que no sea agresiva. El confort térmico no depende únicamente del número que marca el mando: también influyen la actividad previa, la ropa de cama, la sensibilidad de cada persona y las condiciones del propio espacio, tal y como recoge el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) al hablar del bienestar en espacios climatizados.

El chorro directo, un fallo que se repite de día y de noche

Uno de los errores más comunes, y menos comentados, es proyectar el flujo de aire frío directamente sobre la piel durante horas. Da igual que la temperatura esté ajustada a un nivel razonable: si el chorro cae de forma constante sobre la cara, el cuello, la espalda o el pecho, el efecto puede resultar igual de perjudicial para el descanso.

Así se señala en las recomendaciones de uso del aire acondicionado, que advierten de que dirigir directamente la corriente fría sobre el cuerpo es un error tanto de día como de noche.

La solución pasa por orientar las lamas hacia arriba o hacia una zona de la habitación donde el aire circule sin impactar directamente sobre quien duerme. Un ajuste menor que marca una diferencia notable.

El modo noche existe, y muy poca gente lo usa

Los aparatos modernos llevan años incorporando funciones pensadas precisamente para este uso. El modo sleep, o modo noche, suaviza tanto la temperatura como la intensidad de salida del aire mientras se duerme, llegando incluso, en algunos equipos, a apagarlo de forma progresiva a medida que avanza la madrugada. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) recoge esta función como una de las más útiles para un uso nocturno responsable del aire acondicionado, aunque también una de las más ignoradas.

Activar el temporizador es otra alternativa sencilla: enfriar la habitación antes de acostarse y programar el apagado para que el equipo no trabaje durante las horas de sueño más profundo.

La factura, el argumento que nadie ignora

Hay otro motivo para reconsiderar el hábito, y este tiene que ver directamente con el bolsillo. Poner el aire a 18 grados no convierte la habitación antes en un lugar cómodo: obliga al equipo a trabajar más y eleva el consumo. La OCU recomienda ajustar el termostato entre 24 y 26 grados y recuerda que por cada grado que se sube se puede ahorrar alrededor de un 10% en la factura eléctrica.

Dicho de otro modo: bajar el termostato al mínimo cada noche no es solo incómodo para el cuerpo, sino también para el banco.

Aire sí, pero no así

El mensaje de los expertos no es renunciar al aire acondicionado en las noches de calor. Es usarlo de otra manera. Enfriar la habitación antes de acostarse, ajustar la temperatura entre 24 y 26 grados, activar el modo noche o el temporizador y orientar las lamas para que el aire no caiga directamente sobre la cama.

Cambios pequeños que pueden mejorar el descanso y aligerar la factura al mismo tiempo. El consejo se resume en una idea sencilla: aire sí, pero no a cualquier precio ni de cualquier manera durante toda la madrugada.

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