Medio ambiente
Así se prepara el Segura para la próxima gran riada: corredores verdes, parques inundables y nuevos cauces
La jornada '100 años cuidando a la población' de la CHS repasó la evolución de la gestión del riesgo de inundación y avanzó los proyectos que marcarán el futuro de la cuenca

Recreación parque inundable de más de 30 hectáreas en Los Alcázares para hacer frente a las inundaciones. / CHS
Las inundaciones siguen siendo uno de los grandes desafíos de la cuenca del Segura. Aunque las infraestructuras, la planificación y el conocimiento técnico han avanzado de forma notable durante el último siglo, los efectos del cambio climático, la creciente ocupación del territorio y la transformación del paisaje obligan a replantear continuamente las estrategias de protección. Sobre ese horizonte de retos y soluciones se centró buena parte del debate durante la jornada ‘100 años cuidando a la población’, organizada por la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), en la que se trazó una mirada que conectó la experiencia histórica con las actuaciones que marcarán el futuro de zonas especialmente vulnerables como la Vega Baja y el Campo de Cartagena.
La sesión, celebrada en el Centro Cultural Las Claras de Murcia dentro del ciclo conmemorativo del centenario de la CHS, reunió a especialistas que analizaron la evolución de la gestión del riesgo de inundación en la demarcación. Desde el repaso a las grandes riadas históricas hasta la exposición de los instrumentos actuales de planificación, las distintas intervenciones coincidieron en señalar que la lucha contra las inundaciones exige una combinación de obras hidráulicas, ordenación territorial y coordinación institucional.
Una de las intervenciones más destacadas fue la de Sebastián Delgado Amaro, jefe de Área de Proyectos y Obras de la Dirección Técnica de la Confederación Hidrográfica del Segura, quien puso el foco en los desafíos que aún quedan por resolver y en las actuaciones que ya se proyectan para las zonas más expuestas a las inundaciones.
Delgado partió del análisis de la dana de septiembre de 2019, conocida como la riada de Santa María, uno de los episodios más graves registrados en la historia reciente del sureste español. Además, recordó que la Vega Baja y la rambla del Albujón estuvieron entre las áreas más afectadas, en un fenómeno caracterizado por lluvias extraordinarias, una duración inusual y miles de personas evacuadas. Según explicó, la combinación de precipitaciones extremas, una intensa transformación del territorio y la ocupación de áreas vulnerables incrementó notablemente las consecuencias del episodio.

La jornada '100 años cuidando a la población', celebrado el pasado miércoles en el Centro Cultural Las Claras (Fundación Cajamurcia). / CHS
A partir de ese diagnóstico, el responsable técnico defendió la necesidad de abordar el problema desde una visión integral. En el caso de la Vega Baja, señaló que se trata de un fenómeno especialmente complejo debido a la interacción entre las avenidas del Segura, el Guadalentín y numerosas ramblas que desembocan en la llanura inundable. Además, advirtió de que la capacidad para aumentar el desagüe de la comarca es limitada.
"La mejor forma de evacuar el agua en fenómenos de inundación en la Vega Baja es que el agua no llegue a la Vega Baja", afirmó durante su exposición, una idea que se convirtió en el eje de las soluciones planteadas.
En este sentido, Delgado explicó que la CHS ha desarrollado un Plan Director de Actuaciones basado en modelos de simulación que permiten estudiar distintos escenarios futuros y evaluar la eficacia de cada medida desde el punto de vista técnico, económico, social y ambiental.
Entre las alternativas analizadas destacó la ampliación de la capacidad hidráulica del río Segura en determinados tramos estratégicos: desde la confluencia del azarbe del Hurchillo hasta su desembocadura, ampliar su capacidad para la entrada de flujo desde la rambla de Abanilla hasta el futuro corredor verde de Campaneta, pedanía oriolana.
El objetivo es dotar al cauce de una capacidad más homogénea hasta su desembocadura, facilitar la evacuación de caudales y, al mismo tiempo, avanzar en la renaturalización del río mediante espacios que permitan la infiltración y la laminación de avenidas.
Otra de las propuestas relevantes es la creación de corredores verdes capaces de canalizar y ordenar los flujos procedentes de las ramblas de la margen izquierda, especialmente aquellos que alcanzan la Vega Baja de forma descontrolada y con gran carga de sedimentos. Estas infraestructuras buscarían compatibilizar la seguridad frente a inundaciones con la recuperación ambiental y el mantenimiento del drenaje natural del territorio.

Ocupación del territorio, desde 1929 a la actualidad, una de las imágenes que se proyectaron en la jornadas. / CHS
Respecto al Campo de Cartagena, Delgado subrayó que los desafíos son distintos, aunque igualmente complejos. El aumento de los episodios de lluvia intensa, la reducción de la capacidad natural de infiltración del suelo, la alteración histórica de la red de drenaje y la ocupación de áreas litorales especialmente sensibles configuran un escenario de elevada vulnerabilidad.
La estrategia diseñada para esta zona se estructura en tres escalas de actuación. La primera se centra en parcelas y áreas agrícolas capaces de almacenar temporalmente la escorrentía generada por lluvias extremas. La segunda estudia la ubicación de espacios de almacenamiento controlado que permitan reducir los picos de caudal antes de que alcancen los núcleos urbanos. Finalmente, una tercera línea de trabajo contempla intervenciones dentro de las propias ciudades mediante soluciones de drenaje urbano sostenible y sistemas convencionales que actúen de forma complementaria.
Entre las actuaciones ya impulsadas por la Confederación figuran la recuperación de la rambla de la Pescadería, la corrección hidrológica de la rambla de Cobatillas, la creación de corredores verdes en el entorno de Torre Pacheco y los estudios para nuevas actuaciones de protección en Los Alcázares, la rambla del Albujón y otras zonas sensibles del Campo de Cartagena.
Precisamente en Los Alcázares, uno de los proyectos más avanzados, de inminente licitación, contempla la construcción de un gran parque inundable de unas 30 hectáreas (con capacidad para almacenar 400.000 metros cúbicos de agua) destinado a captar escorrentías, reducir el riesgo de inundación y generar al mismo tiempo un nuevo espacio verde conectado con el casco urbano. La actuación incluye medidas de renaturalización y fomento de la biodiversidad, además de nuevos cauces y corredores peatonales.
Como conclusión, Delgado insistió en que las inundaciones constituyen un problema de enorme complejidad hidrológica, hidráulica y territorial, agravado por el cambio climático y por la creciente presión sobre el suelo. También recordó que las soluciones requieren largos procesos de tramitación y la implicación de distintas administraciones, además de incorporar criterios ambientales desde el diseño inicial de las actuaciones.

Carlos Marco, ex director técnico de la CHS, (a la izquierda), Lucía Pérez, jefa de servicio en la Comisaría de Aguas, y Jesús García, de la Oficina de Planificación Hidrológica. / CHS
Otras intervenciones
El encargado de abrir la jornada fue Emilio Estrella Sevilla, doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y miembro de la Real Academia Alfonso X el Sabio, quien repasó algunos de los episodios más devastadores registrados en la cuenca del Segura y la evolución de las medidas adoptadas para mitigar sus consecuencias sobre la población.
A continuación, Carlos Marco García, doctor ingeniero de Caminos y licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, profundizó en el Plan de Defensa contra Avenidas de 1987, considerado un punto de inflexión en la política hidráulica de la cuenca. La mirada hacia el presente corrió a cargo de Lucía Pérez López, jefa de Servicio en la Comisaría de Aguas de la CHS, quien explicó las líneas maestras del vigente Plan de Gestión del Riesgo de Inundación, aprobado en 2023.
Las grandes catástrofes que marcaron la historia
Hay territorios que aprenden a convivir con la escasez de agua y otros que, periódicamente, recuerdan su fuerza devastadora. La cuenca del Segura pertenece a ambos mundos. Durante la jornada se recordaron algunas de las grandes catástrofes que ha sufrido una demarcación considerada históricamente una de las más expuestas de Europa a las avenidas y lluvias torrenciales.
La más devastadora fue la riada de San Calixto, el 14 de octubre de 1651. Una dana excepcional descargó más de 1.000 litros por metro cuadrado en algunas zonas y provocó el desbordamiento simultáneo de los ríos Segura y Guadalentín. El balance superó el millar de fallecidos y arrasó amplias zonas de Murcia, Orihuela, Almoradí y Guardamar.
Más de dos siglos después llegó la riada de Santa Teresa, el 15 de octubre de 1879, considerada una de las mayores tragedias hidráulicas de España. En la cabecera del Guadalentín se registraron cerca de 600 milímetros de lluvia en apenas una hora. La avenida causó más de 750 muertos, destruyó unas 14.000 viviendas y arrasó cosechas y explotaciones ganaderas en toda la cuenca.
Entre los episodios contemporáneos sobresalen las inundaciones de la Vega Baja de 1987, con más de 300 milímetros de lluvia en 24 horas en algunos puntos y una comarca anegada durante días; la riada de San Wenceslao de 2012, que dejó siete fallecidos y graves daños en Lorca y Puerto Lumbreras; y, especialmente, la dana de septiembre de 2019, una de las más severas del último siglo.
Aquel episodio descargó más de 400 litros por metro cuadrado en distintos puntos de la cuenca, provocó el desbordamiento generalizado del Segura y obligó a evacuar o rescatar a miles de personas en municipios como Orihuela, Almoradí, Dolores o Los Alcázares. Más recientemente, aunque el foco se centró en Valencia, la dana de octubre de 2024 causó seis víctimas mortales en Letur y volvió a poner de manifiesto que, pese a las mejoras en infraestructuras y planificación, las inundaciones siguen siendo uno de los principales desafíos de la cuenca del Segura.
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