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Incendio en Murcia

Los Garres despierta entre cenizas: "No pensabas en tu vida, solo en ayudar"

Las llamas han dejado una profunda herida en la pedanía murciana, pero también han aflorado grandes ejemplos de valentía, colaboración y ayuda mutua

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

El olor sigue ahí. Se ha quedado atrapado en las cortinas, en la ropa tendida, en las terrazas cubiertas de ceniza y en la memoria reciente de la pedanía murciana Los Garres. Aunque las llamas ya no avanzan sobre las viviendas y la sierra de Carrascoy y El Valle ha dejado de rugir con la violencia de la tarde del martes, el incendio continúa presente en cada bocanada de aire. La sierra aparece ahora ennegrecida, herida, irreconocible por momentos.

Pero la huella más profunda no es la que ha dejado el fuego sobre el paisaje, sino la sensación de vulnerabilidad que comparten muchos vecinos después de haber contemplado durante horas cómo las llamas descendían hacia sus casas. Hubo miedo, incertidumbre y muchos nervios. También impotencia. Y, al mismo tiempo, afloró la otra cara de las grandes emergencias: la solidaridad de quienes repartieron agua y mascarillas, sacaron mangueras, auxiliaron a desconocidos o permanecieron pendientes de quien pudiera necesitar ayuda. Una respuesta colectiva que ha dejado una imagen imborrable en una jornada que Los Garres, San José de la Montaña y Algezares, entre otras poblaciones cercanas, tardarán mucho tiempo en olvidar.

Las primeras señales de alarma llegaron a media tarde. Poco después de las tres, varios vecinos comenzaron a escuchar sirenas y el ruido de los primeros medios aéreos. Desde distintos puntos de Los Garres se observaban columnas de humo que, con el paso de los minutos, crecían hasta convertirse en un incendio devastador en el entorno de la Cresta del Gallo.

Raúl Pérez, fundador de la cadena de supermercados Lesco, fue de los primeros en acercarse a observar lo que estaba ocurriendo. Desde las inmediaciones del campo de fútbol detectó algo que le llamó especialmente la atención: tres focos distintos separados por varios cientos de metros.

"No pensabas en tu vida, solo en ayudar", señala el fundador de supermercados Lesco

"Yo pienso que ha sido algo intencionado", afirma. Según explica, los focos se encontraban a una distancia aproximada de entre 500 y 600 metros unos de otros. En un primer momento apenas corría viento, pero la situación cambió rápidamente. "Empezó a correr un aire caliente, fuerte, y cambiaba de dirección continuamente", recuerda.

Aquellos cambios de viento resultaron determinantes. Lo que inicialmente parecía un incendio contenido comenzó a propagarse con rapidez. A las cinco de la tarde, las llamas ya se encontraban muy cerca de zonas habitadas.

Fue entonces cuando muchos vecinos dejaron de ser espectadores para convertirse en improvisados colaboradores de la emergencia. Pérez relata que, al ver el fuego acercarse, pidió ayuda a otros residentes para sacar mangueras y cubos de agua. "Lo único que intentas es ayudar. No piensas en tu seguridad", explica.

Rauñl Pérez, fundador de la cadena de supermercados Lesco.

Raúl Pérez, fundador de la cadena de supermercados Lesco. / ISRAEL SANCHEZ

La escena se repitió en numerosos puntos del pueblo. Mientras los servicios de emergencia trataban de contener varios frentes simultáneos, vecinos armados con mangueras intentaban proteger viviendas, jardines y pequeñas construcciones. Algunos repartían mascarillas; otros ofrecían agua o ayuda logística.

La esposa de Raúl comenzó a distribuir mascarillas y trapos entre quienes respiraban humo durante horas. El propio empresario ofreció desde el primer momento los recursos de su supermercado para atender cualquier necesidad que pudiera surgir. "Quien tuviera algún problema o necesitara algo iba a tener disponible el supermercado las 24 horas", explica.

La solidaridad también se manifestó en gestos más discretos. Durante la emergencia, Raúl y otros vecinos ayudaron a rescatar a un joven que cayó a una acequia en medio del nerviosismo y las prisas. Él mismo sufrió una caída, que le ha dejado algunas marcas en los brazos, mientras colaboraba en las labores de apoyo.

El miedo fue especialmente intenso para quienes tenían las llamas prácticamente a las puertas de sus viviendas o negocios. Es el caso de María José, responsable de las históricas Bodegas El Curro, cuya nave quedó rodeada por zonas calcinadas.

"He visto esa finca verde toda mi vida y ahora está negra": el dolor de los vecinos tras el incendio

"Lo viví con mucha incertidumbre, muy nerviosa y con mucho miedo", señala. Durante horas observó cómo el fuego avanzaba por ambos lados de la propiedad, aunque finalmente la nave pudo salvarse gracias a una combinación de factores. Un camino, un muro y una zona bien mantenida actuaron como improvisados cortafuegos.

A pesar del susto, destaca la rapidez de la respuesta institucional. "Hay que dar las gracias al Ayuntamiento, a la Comunidad Autónoma y a los bomberos. Han estado muy pendientes y reaccionaron enseguida", señala. A su juicio, la actuación temprana evitó consecuencias mucho más graves.

Joaquín, uno de los vecinos de Los Garres que presenció la lengua de fuego frente a las viviendas.

Joaquín, uno de los vecinos de Los Garres que presenció la lengua de fuego frente a las viviendas. / ISRAEL SANCHEZ

La incertidumbre también marcó la tarde de Cristina, vecina de la calle Tejeras. Cuando observó la alarma creciente entre los residentes no dudó en abandonar la vivienda junto a su hijo y sus dos gatos. "No me lo pensé dos veces", cuenta. Apenas tuvo tiempo para recoger la cartera, el teléfono móvil y a sus animales antes de marcharse a casa de un familiar.

La imagen que encontró al salir de su calle sigue muy presente en su memoria: calles cortadas, vecinos grabando vídeos, llamas visibles y una sensación generalizada de que la situación podía empeorar en cualquier momento.

Aunque regresó a su vivienda esa misma noche, el descanso fue prácticamente imposible. El humo había penetrado en el interior de las casas y la incertidumbre seguía presente. "Sabíamos que estaba controlado, pero seguíamos con la alarma de pensar que quizá habría que volver a salir", explica.

"Sabíamos que algún día podía pasar", advierten los vecinos afectados

Esa misma sensación de inquietud permanente la describe Ángeles Jiménez, cuya vivienda se encuentra frente a la sierra afectada. Acostumbrada a contemplar ese paisaje desde niña, asegura que jamás había presenciado algo semejante. Cuando escuchó los primeros helicópteros se asomó al exterior y comprendió enseguida que aquello era diferente. "Lo vi demasiado fuerte", recuerda. Durante horas siguió la evolución del incendio desde distintos puntos del barrio. Bajó las persianas de su vivienda y buscó refugio en una zona más protegida, mientras observaba cómo las llamas descendían por la ladera.

Más allá del miedo inmediato, Ángeles confiesa sentir una profunda tristeza por la transformación del entorno. "He visto esa finca preciosa, verde, llena de vida, y ahora la veo negra. Eso me deprime muchísimo", lamenta.

A su lado, su madre Isabel vivió la emergencia desde una ventana. Mientras sus familiares le pedían que permaneciera a salvo en el interior de la vivienda, uno de sus nietos salió con una manguera para intentar humedecer los alrededores de la casa.

Cristina, vecina de Los Garres, frente al paisaje desolado y consumido por las llamas.

Cristina, vecina de Los Garres, frente al paisaje desolado y consumido por las llamas. / ISRAEL SANCHEZ

Durante más de una hora observó cómo vecinos y bomberos combatían el avance del fuego. Su reflexión apunta además a la necesidad de mejorar la gestión forestal. Recuerda que años atrás el ganado pastaba en algunas de estas zonas y contribuía a eliminar vegetación seca.

La preocupación por el estado del monte es compartida por muchos residentes. Joaquín, otro vecino de Los Garres, asegura que desde hacía años existía la sensación de que algo así podía ocurrir. "Más tarde o más temprano tenía que suceder", afirma al referirse a la acumulación de vegetación seca.

Desde su vivienda observó cómo el viento cambiaba constantemente de dirección y alimentaba el avance de las llamas. Aunque abandonó la zona junto a su familia cuando el incendio comenzó a crecer, el impacto continúa siendo visible. Ceniza acumulada en las terrazas, olor persistente y daños menores en jardines y mobiliario exterior forman parte ahora del paisaje cotidiano.

Su esposa, Juani, comparte esa mezcla de impotencia y resignación. Recuerda que en apenas unos minutos el fuego transformó completamente la ladera. "En dos minutos se quedó como lo estás viendo", explica mientras señala el monte ennegrecido.

La nave de la Bodegas El Curro estuvo cercada por el fuego, pero no afortunadamente no sufrió grandes daños.

La nave de la Bodegas El Curro estuvo cercada por el fuego, pero afortunadamente no sufrió grandes daños. / ISRAEL SANCHEZ

Pese a todo, los vecinos coinciden en un mensaje común: la actuación de los servicios de emergencia evitó una tragedia mucho mayor. Muchos recuerdan a bomberos agotados tras horas de trabajo, a voluntarios repartiendo agua y mascarillas y a residentes colaborando sin pensar en sí mismos.

Porque si algo ha dejado este incendio, además de ceniza y un paisaje herido, es la imagen de una comunidad que respondió unida frente a una amenaza que parecía incontrolable. La sierra tardará años en recuperar su color. La sensación de vulnerabilidad probablemente también necesite tiempo para desaparecer. Pero entre las llamas quedó igualmente al descubierto la fortaleza de un pueblo que, cuando más miedo tuvo, encontró la forma de ayudarse a sí mismo.

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