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Política

Sara Rubira: gestión, desgaste y batalla permanente por el agua

Su naturalidad y su conexión con el sector agrario la convirtieron en una de las voces más singulares del Gobierno regional

La consejera de Agricultura, Sara Rubira.

La consejera de Agricultura, Sara Rubira. / Loyola Pérez de Villegas

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

Nunca fue una consejera de despacho. Sara Rubira llegó al Gobierno regional desde el terreno, desde las comunidades de regantes, desde años vinculada a un sector que conocía de primera mano y que también sentía como propio. Quizá por eso su paso por la Consejería de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca deja una sensación distinta a la de otros relevos políticos: la de alguien que no solo gestionó una cartera compleja, sino que se implicó emocionalmente en ella.

Su salida del Ejecutivo de Fernando López Miras cierra una etapa marcada por la tensión constante. Porque Rubira asumió una de las consejerías más delicadas de la Región de Murcia en uno de los momentos más difíciles para el campo: sequía, presión medioambiental, incertidumbre sobre el trasvase y una creciente confrontación política alrededor del agua y el Mar Menor.

Periodista de formación y especializada en comunicación institucional, conocía perfectamente la maquinaria interna de la Consejería mucho antes de ocupar el cargo. Había sido jefa de prensa del departamento y construyó buena parte de su perfil ligada al mundo del regadío. En 2021 se convirtió en una de las primeras mujeres en presidir una comunidad de regantes en la Región de Murcia, la de El Porvenir de Abanilla, respaldada por más del 80% de los comuneros, un hito que reforzó su peso dentro del sector.

Ese vínculo fue precisamente el que llevó al PP a situarla al frente de Agricultura en 2023, en plena negociación del gobierno de coalición con Vox. Los populares querían conservar una cartera estratégica y apostaron por una cara nueva, un perfil técnico, conectado con las organizaciones agrarias y con credibilidad dentro del mundo del agua.

Desde entonces, buena parte de su gestión giró alrededor de la defensa del campo murciano y, especialmente, del Trasvase Tajo-Segura. Rubira se convirtió en una de las voces más visibles del Ejecutivo regional frente al Ministerio para la Transición Ecológica y asumió la defensa política de un sector que veía amenazada su viabilidad.

Polémica por el informe de la UPCT

Durante su 'guardia', aumentaron las ayudas al sector agrario, mejoró la cobertura del seguro agrario e impulsó la modernización del sector agroalimentario, la agricultura ecológica y la innovación hídrica como parte del modelo agrícola murciano. Durante su etapa, la Región consolidó su liderazgo nacional en superficie ecológica y reforzó su posición como referente internacional en tecnología de regadío.

La recta final de su mandato, sin embargo, estuvo marcada por el desgaste político. Su gestión en el enfrentamiento en torno al informe de la Universidad Politécnica de Cartagena sobre metales pesados en suelos agrícolas del Campo de Cartagena abrió una fuerte polémica entre el Gobierno regional, la oposición y parte de la comunidad científica. El conflicto terminó erosionando su imagen pública en los últimos meses de legislatura.

Aun así, dentro del sector agrario mantuvo un reconocimiento poco habitual en política. Las organizaciones agrarias y las comunidades de regantes valoraban especialmente que hablara "su mismo idioma". No era una dirigente ajena al campo. Conocía sus problemas, sus tiempos y también sus códigos.

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