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Medioambiente

José Martínez Sánchez, técnico ambiental: "Divisar el águila perdicera sobre tu cabeza es algo extraordinario"

Los técnicos ambientales advierten del valor y la fragilidad de este enclave único

Un ejemplar de águila perdicera.

Un ejemplar de águila perdicera. / L. O.

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

Donde muchos solo ven un paisaje seco y castigado por el sol, los técnicos ambientales encuentran uno de los enclaves más valiosos para las aves del Mediterráneo español. Cabo Cope y Sierra de la Almenara, entre Lorca y Águilas, se han consolidado como un refugio clave para especies altamente especializadas, algunas de ellas escasas, amenazadas o prácticamente únicas en Europa occidental. Sin embargo, bajo ese valor ecológico incuestionable se extiende también una presión constante y silenciosa: la de las transformaciones agrícolas, el avance del desarrollo urbanístico, la fragmentación progresiva del hábitat y el impacto de infraestructuras como carreteras o tendidos eléctricos, factores que dibujan un equilibrio frágil entre conservación y cambio.

El reciente estudio impulsado por la Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática ha confirmado científicamente la riqueza ornitológica de la ZEPA Almenara-Moreras-Cabo Cope. Tras los datos aparecen aves adaptadas a sobrevivir en un entorno extremo y cada vez más escaso en el litoral mediterráneo.

José Martínez, técnico ambiental. | CARM

José Martínez, técnico ambiental. / CARM

José Martínez Sánchez, técnico ambiental de la Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática explica que el valor del enclave reside precisamente en esas condiciones áridas. "La aparente dureza del paisaje debida a su aridez es lo que lo hace tan valioso", señala. Según detalla, la combinación de ramblas, saladares, laderas pedregosas y cultivos tradicionales crea un mosaico ecológico único capaz de albergar especies altamente especializadas.

El alzacola rojizo se consolida como reproductor habitual dentro de este espacio protegido

Entre las aves detectadas durante el trabajo de campo destacan las asociadas a espacios abiertos de matorral. La cogujada montesina aparece prácticamente distribuida por todo el territorio, aunque los investigadores también subrayan la presencia de especies menos conocidas para el gran público, como la terrera marismeña o la calandria común.

Uno de los casos más relevantes es el del alzacola rojizo, que se consolida como reproductor habitual dentro de este espacio protegido. Martínez Sánchez recuerda que esta ave encuentra aquí «su principal refugio regional», en un contexto marcado por la fuerte reducción de sus poblaciones debido a los cambios en los usos del suelo.

El otro gran símbolo del enclave es el camachuelo trompetero, una pequeña ave adaptada a ambientes semiáridos cuya situación resulta especialmente singular. El técnico ambiental destaca que esta especie "solo cría de forma regular en este rincón de la Región de Murcia", y recuerda además que el sureste ibérico constituye el único enclave de reproducción estable de la especie en toda Europa occidental.

La investigación también pone el foco en la importancia de la ZEPA para las grandes rapaces, especialmente para el águila perdicera, catalogada en peligro de extinción en la Región de Murcia. "Poder divisar al águila perdicera sobrevolando tu cabeza es siempre una satisfacción extraordinaria para cualquier naturalista", afirma Martínez Sánchez.

Pese a su relevancia ecológica, el técnico ambiental considera que Cabo Cope y Sierra de la Almenara siguen siendo espacios relativamente desconocidos. "Es uno de los grandes refugios de aves de espacios abiertos de matorral del sureste ibérico", sostiene.

Tras los resultados del estudio, el siguiente paso será transformar toda la información recopilada en medidas concretas de conservación. El objetivo es mejorar la gestión del espacio natural, favorecer el hábitat de las especies más sensibles y mantener un seguimiento permanente de la fauna.

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