Reeconocimiento
El guardián de la historia que puso (y pone) voz a Ricote
Alberto Guillamón Salcedo, antiguo jefe de Patrimonio Histórico de la Región, es el primer Hijo Predilecto de la villa de Ricote tras una vida dedicada a conservar nombres, calles, archivos familiares y recuerdos compartidos de un pequeño pueblo, pero con una identidad única que se niega a desaparecer

Alberto Guillamón (d) sostiene junto a su hijo, Sergio Guillamón (i) un ejemplar del especial de las fiestas de Ricote. / Israel Sánchez
En Ricote, los nombres importan. Importan los de las calles, los de los vecinos, los de quienes se fueron, los de quienes dejaron huella y los de quienes solo aparecen en una fotografía antigua o en un recorte de periódico. Alberto Guillamón Salcedo lleva décadas cuidando ese mapa íntimo del pueblo. A los 88 años, su pueblo le devolvió en forma de reconocimiento lo que él había hecho durante toda una vida: llevarlo por bandera. "Me quedé impactado. No me lo esperaba", confiesa, al saber que sería el primer Hijo Predilecto de la villa de Ricote.
El Pleno del Ayuntamiento de Ricote aprobó por unanimidad -lo que demuestra el afecto común de un pueblo-, a finales de 2025, la distinción a quien ha sido durante décadas uno de los grandes custodios de la memoria local. La entrega del pergamino se oficializó en abril de 2026, en un acto institucional que tuvo además un valor simbólico añadido: Guillamón se convertía en el primer ciudadano nombrado Hijo Predilecto de la Villa de Ricote. "Esa singularidad es tan acentuada que me emocioné", reconoce. No era solo un título. Era una forma de devolverle, en público, algo de lo que él había entregado durante años: tiempo, papeles, fotografías, nombres, gestiones y empeño.
Nacido en Ricote en 1937, vino al mundo con el nombre de Trinidad Guillamón Salcedo, en recuerdo de su abuelo. La vida, sin embargo, le fue llevando hacia otro nombre, Alberto, por el que todos lo conocen. La razón tiene algo de memoria familiar y bastante de comedia administrativa. Guillamón recuerda que aquel nombre le ocasionó "mil peripecias": desde documentos en los que tenía que aclarar que Trinidad era varón hasta una escena en un hotel en la que la esposa de un amigo llamó preguntando por su marido y le respondieron que debía de haber una confusión, porque aquel huésped ya estaba alojado «con su mujer», es decir, con Trinidad. Al final decidió cambiarlo. Para entonces, Alberto ya era más que un nombre: era la manera natural en que el pueblo lo nombraba.
Fue jefe de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura de la Región de Murcia hasta su jubilación, en 2001. Desde aquel puesto conoció la administración por dentro, sus trámites, sus papeles, sus exigencias. Pero nunca separó del todo su responsabilidad profesional de su vínculo afectivo con su pueblo. "Siempre he llevado a Ricote por bandera", afirma. Lo hizo incluso en los años en que vivió en Bilbao, cuando colaboraba con la prensa y firmaba con el nombre de su tierra. En alguna ocasión recurrió también a Paúl del Castillo, un nombre unido al manantial y al castillo de Moro, como si incluso el seudónimo tuviera que regresar al paisaje primero. Después, ya en Murcia, continuó esa labor de difusión desde la cultura, el deporte, los periódicos, los libros y los homenajes.
Su legado no se mide solo en cargos, sino en una constancia casi artesanal para con Ricote. Ha organizado o impulsado reconocimientos a figuras relevantes del municipio, ha participado en obituarios de vecinos destacados y ha contribuido a expedientes para dedicar calles y espacios a nombres unidos a la historia local: los Hermanos Gil Villar, los Doctores Abenza, el poeta Serafín Salmerón o Jesús Turpín ‘El Panzas’, entre otros. También ha donado al Ayuntamiento el archivo de prensa regional que venía recopilando desde 1978, una suma paciente de recortes y noticias que condensan la historia y evolución de un pueblo.
Cada 20 de enero, La Opinión imprime memoria viva del pueblo desde hace 38 años
Guillamón ha escrito varios libros sobre historia, personajes y vivencias locales. Entre ellos figuran obras vinculadas a Ricote y la Niña Bonita, a los Hermanos Gil Villar y al futbolista Jesús Turpín ‘El Panzas’. En esas páginas aparece el Ricote de las fiestas, los oficios, los motes, las familias, los ausentes y los que regresan aunque solo sea por la memoria. "Eso queda para la historia", sostiene. Lo dice sin grandilocuencia, como quien sabe que un municipio pequeño necesita defender cada rastro porque nada está garantizado.
Casado y padre de tres hijos, habla de su familia como parte inseparable del reconocimiento. En el acto institucional quiso dedicar el cierre de su intervención a su mujer. "Fue un reconocimiento a mí, pero por lo que ha significado en mí mi mujer", explica. También ha transmitido a sus descendientes el vínculo con Ricote. No como una consigna, sino como una pertenencia. "Los tres", dice al hablar de sus hijos. Los tres conservan ese lazo. Y en su manera de contarlo aparece una expresión que vale por toda una biografía compartida: "Somos militantes de Ricote".
Esa militancia tiene forma de archivo. De llamadas. De fotografías buscadas con paciencia. De artículos encargados para que nadie quede fuera. De apodos anotados antes de que se pierdan. Y, sobre todo, de un suplemento especial que se publica desde hace 38 años de forma ininterrumpida cada 20 de enero, día que arrancan las fiestas de Ricote, en las páginas de La Opinión de Murcia. Guillamón habla de ese número como de una obra colectiva, de la que también lleva años siendo partícipe uno de sus hijos, Sergio: semanas de preparación, colaboradores, anuncios, recuerdos familiares, páginas que han llegado a crecer hasta convertirse en una crónica coral del municipio. "El periódico es más que un simple ejemplar", sostiene. En él aparecen fiestas, nombres, fotografías, vecinos, ausentes y personajes populares, como si cada edición levantara acta de que Ricote sigue teniendo voz propia. Esa obsesión noble por que cada vecino tenga, al menos una vez, su hueco convierte al pueblo en algo más que un lugar de nacimiento: un territorio moral, pequeño y envejecido, lleno de voces que Guillamón se empeña en ordenar para preservar la identidad de un pueblo.
Hoy se desplaza con andador, pero esa imagen no reclama compasión. Más bien aporta una escena de resistencia: la de un hombre incansable que, habiendo superado un fibrosarcoma que le afectó notablemente a la musculatura de una pierna, aún habla de proyectos, libros que está editando y que recogen la historia de Ricote, materiales por reunir y asuntos que faltan por contar. La enfermedad le dejó, según explica, una merma física en la pierna; no así en la memoria ni en el impulso. Su defensa de la memoria local no pertenece al pasado. Sigue viva en la voluntad de difundir Ricote "a todos los niveles", de tocar todos los registros posibles para que el municipio conserve su acento propio.
Cuando se le pregunta qué legado le gustaría dejar, no busca una fórmula solemne. Responde con lo esencial: "Mi amor a Ricote y la difusión del pueblo". Ahí está todo. El funcionario de Patrimonio, el escritor local, el organizador de homenajes, el recopilador de artículos de prensa, el padre y el abuelo que contagió el amor a sus raíces, el vecino que convirtió la memoria en una tarea común. Alberto Guillamón Salcedo ha pasado la vida diciendo Ricote para que otros no dejen de escucharlo.
- Publican las notas de la PAU 2026 en la Región de Murcia: baja el número de aprobados y la nota media
- En directo: Palma-ElPozo Murcia
- Multas entre 300 y 900 euros después de rellenar el depósito de su coche con gasolina 95 tras el encarecimiento del litro: la Guardia civil ya extrema la vigilancia
- La remodelación del Gobierno regional llega al tercer escalón con el nombramiento de 17 directores generales
- Ruiqi Jinzhang, mejor nota de la PAU en Murcia: 'Los últimos días no salía de mi habitación
- El mítico Bar Culturas de Murcia sale a la venta por una millonada: un oasis en plena huerta
- Herido al caerle encima un balcón cuando se bañaba en la piscina de un hotel de La Manga
- La mujer que acusa al ginecólogo de la Arrixaca contó a sus compañeras y a su jefe la agresión sexual al poco de ocurrir