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Entrevista

Mari Paz Barbero: "La restauración es comprensión, respeto y sensibilidad hacia la obra y su historia"

Hace treinta y cinco años, con tan solo 22 años, asumió el desafío que suponía el ambicioso proyecto de restauración de las obras de Salzillo con motivo de la Expo de Sevilla de 1992. Llegó Murcia tras una sólida formación y experiencias previas en importantes enclaves patrimoniales como la Alhambra de Granada

Mari Paz Barbero en la actualidad.

Mari Paz Barbero en la actualidad. / Juan Ballester

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Juan Ballester

Juan Ballester

Como para la mayoría de los murcianos, una escultura de Salzillo, aparte de sus méritos artísticos, nos resulta casi una figura sagrada, el hecho de entrar en una sala donde te encuentras con su Dolorosa totalmente desmontada y hasta desmembrada, viene a resultar como si, de repente, alguien te invitara a presenciar una autopsia cualquiera.

Pues más o menos eso fue lo que sentimos aquel preciso día de mediados de los noventa cuando entramos por primera vez en aquellos espacios de lo que actualmente es el Museo Salzillo y en los que una chica bastante joven se encontraba en pleno proceso de restauración de esa imagen. Se trataba de Mari Paz Barbero García, hija del también restaurador José Barbero Gor.

Treinta y cinco años después, aquella joven vuelve a Murcia por primera vez desde entonces. Tenía ilusión por encontrarse con algunos amigos de aquella época y, sobre todo, por volver a ver los salzillos procesionando por las calles de nuestra ciudad y, de paso, comprobar su estado actual.

Con esta entrevista queremos recordar el origen y desarrollo de aquel ambicioso proyecto de restauración de las obras de Salzillo iniciado con motivo de la Expo de Sevilla de 1992. Mari Paz Barbero, entonces con tan solo 22 años, asumió el desafío tras una sólida formación y experiencias previas en importantes enclaves patrimoniales.

Para empezar, me gustaría centrar un poco el contexto: su formación, cómo llega a Murcia y cómo surge este proyecto.

El origen de este magnífico proyecto surge cuando el Pabellón de España de la Expo de Sevilla del 92 elige al San Juan de Salzillo para representar al último gran escultor del Barroco español.

En ese momento se ponen en contacto conmigo para que restaure esta escultura, a través de mi padre, que pertenecía al entonces ICROA y participaba como restaurador en un primer proyecto en el que yo ya trabajaba como encargada. Así me proponen hacerme cargo de la pieza, y la institución me facilitó el espacio y los medios necesarios para su restauración. En aquel momento yo era muy joven: tenía 22 años. Había terminado mis estudios con 19 y ya trabajaba como autónoma; de hecho, fui considerada la restauradora más joven de España. Antes de eso ya había trabajado, tanto como autónoma como para empresas de gran prestigio, en lugares como la Alhambra, Medina Azahara, el Museo de Bellas Artes de Sevilla, la Catedral de Granada, Málaga o La Rábida.

Con 19 y ya trabajaba como autónoma; fui considerada la restauradora más joven de España

¿Trabajó mucho con su padre?

La especialidad de restauración escultórica me viene de mi padre, que fue mi gran maestro y mi gran referente. Su generación ha sido el origen de lo que hoy somos los restauradores.

Trabajé con mi padre en mis proyectos de forma puntual; sin duda, su gran experiencia aportaba seguridad a mi trabajo.

¿Y cómo llegas entonces a Murcia?

Llego a Murcia a raíz del trabajo del San Juan. El entonces presidente de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús, Esteban de la Peña, vino a Madrid acompañado por Tomás Díez de Revenga y Juan Torres Fontes para ver el resultado de la restauración.

Quedaron tan contentos que me propusieron continuar con la restauración del resto de los pasos, pero ya trasladándome a Murcia. Primero fue la Oración en el Huerto, y después fuimos trabajando poco a poco en el resto de los pasos.

Restauré los pasos completos, incluidos los tronos de plata corlada, excepto el de Nuestro Padre Jesús Nazareno

¿Restauró todos los pasos?

Sí, todos los salzillos. Restauré los pasos completos, incluidos los tronos de plata corlada, excepto el de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Más adelante, el museo me contrató también para restaurar todo el Belén, incluida su escenografía: casas, palacios y dioramas.

La restauradora junto a un ayudante en marzo del 95.

La restauradora junto a un ayudante en marzo del 95. / Juan Ballester

¿Cómo estaban las obras cuando llegó?

Se encontraban en un estado muy delicado y con necesidad de una restauración con criterio.

Presentaban problemas estructurales, fracturas, ataques puntuales pero activos de xilófagos, intervenciones posteriores que afectaban tanto a la materialidad como a la estética, además de un grueso estrato de contaminación medioambiental que había oscurecido considerablemente todas las policromías.

Restaurar es conservar y preservar. Modificar no tiene cabida dentro de la restauración

¿Cómo se afronta una restauración de esta envergadura?

Como en todos los proyectos, se realizaron estudios previos fundamentales para afrontar un trabajo de estas características. Se hicieron análisis estratigráficos de las policromías, radiografías, microfotografías, entre otros estudios. Después se realizaron pequeñas pruebas de solubilidad y un mapeado de catas, documentando a diario fotográficamente el trabajo y los resultados.

Mari Paz Barbero restaurando La Dolorosa en febrero del 94.

Mari Paz Barbero restaurando La Dolorosa en febrero del 94. / Juan Ballester

¿Dónde está el límite entre restaurar y modificar?

La restauración es una profesión científica en la que la formación, la experiencia, la sensibilidad y la ética deben acompañar siempre al restaurador. Restaurar es conservar y preservar para generaciones futuras. Modificar, en realidad, no tiene cabida dentro de la restauración.

¿Qué característica técnica o artística piensa que sobresale en Salzillo?

La naturalidad y el realismo de sus rostros.

En general, las obras de Salzillo están bien conservadas y se han seguido pautas adecuadas

¿Nota el paso del tiempo desde su restauración?

En general, las obras están bien conservadas y se han seguido pautas adecuadas.

¿Con qué se queda de toda esta experiencia?

Me quedo con la ilusión, la emoción y la energía de aquella época. Para mí ha sido siempre importante concienciar sobre el valor de estas obras y la necesidad de conservarlas adecuadamente. La restauración no es solo técnica: es comprensión, respeto y sensibilidad hacia la obra y su historia.

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