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Investigación

Un estudio de la UMU revela que un fármaco para tratar el lupus podría frenar el cáncer cerebral más agresivo

La molécula 'Lupuzor' neutraliza uno de los procesos clave que ayuda a que el glioblastoma se expanda en el cuerpo

El equipo investigador de la UMU que ha desarrollado el estudio.

El equipo investigador de la UMU que ha desarrollado el estudio. / UMU

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Santiago Ramón Torres

Santiago Ramón Torres

Un estudio realizado por un equipo de investigación del Departamento de Bioquímica, Biología Molecular e Inmunología de la Universidad de Murcia (UMU), y liderado por la investigadora Rut Valdor, demuestra que el uso del péptido P140, un fármaco que se encuentra en fase III de ensayos clínicos para tratar el lupus, podría ser un tratamiento frente al glioblastoma, el tumor cerebral más agresivo y con peor tratamiento.

Los resultados revelan cómo el uso de P140 es capaz de neutralizar los mecanismos que el tumor utiliza para manipular su entorno y sobrevivir, y revertirlos.

"En nuestro laboratorio estudiamos cómo el microambiente que rodea al glioblastoma contribuye al crecimiento y resistencia del tumor", explica Rut Valdor, profesora titular de Inmunología y directora de la investigación.

En concreto, el equipo se centra en el estudio de los pericitos, las células que rodean los pequeños vasos sanguíneos del cerebro. En condiciones normales, estas células protegen el tejido cerebral, pero el glioblastoma consigue 'reprogramarlas' mediante un proceso llamado autofagia mediada por chaperonas (CMA).

La autofagia mediada por chaperonas o CMA es un mecanismo celular presente en todas las células del organismo. Su función normal es ayudar a mantener el equilibrio interno de las células, eliminando proteínas que ya no son necesarias o que podrían resultar dañinas si se acumulan. De esta manera, las células aseguran que puedan mantener su funcionamiento adecuado y evitar procesos de deterioro o envejecimiento.

En el caso del glioblastoma, el tumor aprovecha este mecanismo para su propio beneficio. Cuando la CMA se sobreactiva en los pericitos, el tumor los 'secuestra' y los obliga a ayudarles a crecer y a esconderse del sistema inmunitario.

Eliminación del tumor

Sin embargo, este estudio demuestra que el proceso puede revertirse con el péptido P140, también conocido como 'Lupuzor', una molécula que actualmente se encuentra en ensayos clínicos en fase III para el tratamiento del lupus. Esta molécula neutraliza la activación anómala de autofagia en los pericitos, consiguiendo eliminar las células tumorales.

Al romper la interacción entre los pericitos y las células tumorales, el péptido permite que los pericitos recuperen su función defensiva en el cerebro y generen un entorno más hostil para el tumor.

Además, al corregirse este proceso, los pericitos comienzan a liberar proteínas como Tau, que resultan tóxicas para las células cancerosas y desempeñan un papel decisivo tanto en su eliminación como en la reactivación de la respuesta inmune antitumoral.

La proteína Tau, clave en el proceso

Uno de los hallazgos que el equipo de investigación considera como "más sorprendentes" tiene que ver con la liberación de la proteína Tau, que habitualmente se asocia a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer.

Según detallan, cuando la molécula 'Lupuzor' bloquea la eliminación continua de esta proteína, Tau se acumula de manera abundante en los pericitos hasta que acaba siendo expulsada al exterior rompiendo así la interacción entre el tumor y el pericito, lo que favorece la activación de la respuesta inmune antitumoral, así como frenando el crecimiento y la supervivencia de las células del glioblastoma.

Por tanto, explican que los altos niveles de Tau perivascular podrían utilizarse como biomarcador para predecir la respuesta al tratamiento, ya que permiten monitorizar su eficacia y comprobar la correcta evolución en el paciente.

Estos últimos resultados han sido validados en muestras de pacientes de glioblastoma, comprobando además la eficacia del posible tratamiento tanto en cultivos celulares como en modelos animales, en los que han podido comprobar que el efecto no se limita a reducir la masa tumoral, sino que también afecta a las células madre del glioma, responsables de la infiltración del tumor en los tejidos sanos del cerebro y de muchas recaídas tras los tratamientos actuales.

"El hecho de que ya esté en fases avanzadas de ensayos clínicos para otra enfermedad abre la posibilidad de acelerar su evaluación como tratamiento frente al glioblastoma", explica la autora de la UMU.

Asimismo, indican que los resultados de esta investigación están protegidos por dos patentes de la UMU. La primera de ellas protege el uso terapéutico del péptido P140 para el glioblastoma, mientras que la segunda protege el uso de Tau como biomarcador específicamente asociado a este mecanismo de autofagia mediada por chaperonas en pericitos.

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