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Ganadería

El precio del cerdo se hunde en las granjas murcianas mientras sube en el súper

COAG denuncia márgenes "injustificables" en la carne : del campo al lineal, un 431% más

El sector porcino murciano afronta además mayores costes ambientales y menores ingresos

Dos cerdos en una granja murciana

Dos cerdos en una granja murciana / L.O.

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

El precio del cerdo se desploma en las granjas, pero no en la cesta de la compra. Mientras miles de ganaderos ven reducirse sus ingresos en plena escalada de costes y exigencias medioambientales, el consumidor sigue pagando más por una carne que nunca había alcanzado precios tan altos en el supermercado. Entre ambos extremos de la cadena alimentaria crece una brecha que el sector ganadero considera ya "injustificable".

La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) ha denunciado que las cadenas de distribución y la industria cárnica no están trasladando al consumidor la caída del precio del porcino en origen. Según los datos del Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos (IPOD), el ganadero percibe hoy un 28,9% menos por cada kilo de carne de cerdo que hace dos años, mientras que el consumidor paga un 6,9% más en el lineal.

En abril de 2024, el productor recibía 1,83 euros por kilo y el consumidor abonaba 6,45 euros en el supermercado. La diferencia entre ambos precios era entonces del 252%. Dos años después, el panorama se ha agravado: el ganadero cobra 1,30 euros por kilo y el consumidor paga 6,90 euros, el precio más alto de toda la serie histórica analizada por COAG entre abril de 2024 y abril de 2026. El diferencial se ha disparado hasta el 431%.

La organización agraria considera que los datos reflejan "una transferencia neta de rentas desde el productor hacia la cadena de distribución e industria cárnica". Según COAG, mientras el sector porcino ha soportado durante 2025 y comienzos de 2026 una caída continuada de ingresos, agravada por el encarecimiento de costes derivado del impacto internacional de la guerra en Irán, el precio final no ha dejado de aumentar.

La situación preocupa especialmente en regiones como Murcia, donde el porcino constituye uno de los grandes motores agroalimentarios. Según datos de la Consejería de Agricultura, la Región supera los dos millones de cabezas de ganado porcino y este subsector representa más del 57% de toda la producción ganadera regional. Además, aporta entre el 2,2% y el 2,7% del PIB murciano.

Sin embargo, tras ese peso económico se esconde un sector sometido a una creciente presión. Los ganaderos murcianos denuncian que las inversiones exigidas para cumplir con la normativa ambiental —especialmente en zonas sensibles como el entorno del Mar Menor— están elevando notablemente sus costes de producción. Impermeabilización de balsas, instalación de piezómetros o limitaciones de capacidad son algunas de las obligaciones que afrontan las explotaciones.

Desde Asaja Murcia, el responsable de ganadería, Alfonso Galera, ya advertía recientemente de que "la única manera de seguir adelante es cumplir con todo lo que exige la ley", aunque subrayaba que ese esfuerzo económico "lo estamos pagando nosotros".

En paralelo, el sector trata de encontrar alternativas que permitan aliviar parte de la presión económica y ambiental. El desarrollo de plantas de biogás en municipios como Lorca o Puerto Lumbreras empieza a verse como una oportunidad para transformar los purines en energía y fertilizantes, reduciendo costes y mejorando la sostenibilidad de las explotaciones.

COAG reclama ahora al Ministerio de Agricultura una mayor transparencia en la cadena alimentaria. La organización exige la actualización de los estudios oficiales sobre márgenes y costes del sector porcino, ya que el último informe elaborado por el Ministerio data de 2013. También pide recuperar la publicación periódica de precios origen-destino que el Gobierno dejó de difundir en 2017.

El responsable de Cadena Alimentaria de COAG, Andoni García, considera que la ausencia de estos estudios públicos supone "una dejación de funciones negligente". Mientras tanto, la paradoja continúa creciendo: el campo vende más barato, pero la carne llega cada vez más cara al consumidor.

Los supermercados rechazan márgenes abusivos y piden ser más "rigurosos"

El enfrentamiento entre organizaciones agrarias y cadenas de distribución por el precio de los alimentos se intensifica. Apenas unos días después de que COAG denunciara que la caída del precio del cerdo en origen no se refleja en el supermercado, la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) respondió defendiendo que no existen "márgenes abusivos" y reclamando un análisis "riguroso" de la información de precios.

La patronal de la distribución presentó en Madrid el estudio 'Análisis de la cadena de valor agroalimentaria: metodología para la comparación precisa de precios origen-destino', elaborado por Manuel Hidalgo, profesor de Economía de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

El informe cuestiona los análisis que comparan únicamente el precio en origen y el de venta al consumidor, como el Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) utilizado por COAG. Hidalgo sostiene que esos enfoques generan "distorsiones sistemáticas" al ignorar procesos intermedios como la transformación, la logística o la distribución comercial.

Según el economista, reducir la cadena agroalimentaria a una comparación binaria invisibiliza eslabones clave y puede conducir a interpretaciones erróneas. "No existen márgenes abusivos en cualquiera de los eslabones, sino que el precio final está plenamente justificado por costes reales, riesgos asumidos e inversiones realizadas", concluye el estudio.

La metodología propuesta plantea analizar cuatro niveles diferenciados: producción primaria, transformación, distribución mayorista y venta minorista. Además, establece criterios como la representatividad estadística, la validación de datos y la actualización periódica de costes y precios.

El informe aplica este sistema a productos como aceite de oliva, leche, pollo, limón y patata, detallando el valor añadido y los costes asumidos en cada fase. Asedas defiende que esta visión refleja "la alta eficiencia" alcanzada por la cadena agroalimentaria española tras años de innovación.

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