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Medio ambiente

Ríos secos, pero que 'dan vida' y protegen frente a inundaciones en la Región

Dos expertas de la Universidad de Murcia alertan del deterioro que sufren gran parte de las ramblas de la Región de Murcia y reivindican su valor ecológico, territorial y preventivo ante episodios extremos de lluvia

Rambla de La Azohía.

Rambla de La Azohía. / L. O.

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Durante buena parte del año parecen cauces muertos. Caminos de tierra, grava y arena donde apenas queda rastro de agua o directamente ni la hay. Pero los ríos secos y ramblas de la Región de Murcia no son solo espacios vacíos. Bajo esa apariencia árida y aparentemente sin vida se esconde una compleja red ecológica y una infraestructura natural clave para la seguridad de la población frente a las lluvias torrenciales.

Las catedráticas de Ecología de la Universidad de Murcia (UMU) María Luisa Suárez Alonso y María Rosario Vidal-Abarca llevan años estudiando estos ecosistemas, tradicionalmente ignorados por la gestión ambiental y urbanística. Su diagnóstico es claro: la degradación de las ramblas no solo amenaza la biodiversidad y algunos procesos naturales esenciales, sino que incrementa el riesgo de inundaciones en una de las regiones españolas más expuestas a episodios extremos de lluvia.

Caracoles en la rambla de Valdelentisco.

Caracoles en la rambla de Valdelentisco. / L. O.

Eso de 'río seco' puede sonar contradictorio, reconocen las investigadoras, porque la idea tradicional de río se asocia a una corriente permanente de agua. Sin embargo, en el ámbito de la ecología existe todo un gradiente de cauces: desde los ríos permanentes hasta aquellos que solo transportan agua durante episodios puntuales de lluvias torrenciales. En el Levante español, esos cauces reciben un nombre profundamente ligado al paisaje mediterráneo: ramblas.

La Región de Murcia es uno de los territorios donde estos sistemas tienen una mayor presencia. Según explican Suárez Alonso y Vidal-Abarca, más del 50% de los cauces regionales son temporales, una categoría donde se incluyen los ríos secos. Solo en el municipio de Murcia existen alrededor de 55 ramblas.

Las expertas matizan, además, que el término «rambla» engloba situaciones muy distintas. Algunas pueden llevar agua de manera permanente, como la Rambla del Cárcavo; otras solo de forma temporal, como las ramblas del Moro o del Judío; y existen también casos singulares de elevada salinidad, como Rambla Salada. Los ríos secos, propiamente dichos, serían aquellos cauces que únicamente conducen agua cuando se producen lluvias torrenciales y que permanecen secos el resto del tiempo.

Aunque a menudo se perciben como espacios improductivos, estos cauces cumplen funciones ecológicas esenciales. «En realidad, los ríos secos son sistemas híbridos cuya dinámica se parece más a la de los ecosistemas terrestres que a la de los ríos permanentes», señalan las investigadoras.

Su funcionamiento está condicionado por las avenidas episódicas de agua que remueven sedimentos, desplazan materia orgánica y modelan continuamente el paisaje del cauce. Esa dinámica crea nuevos microhábitats y mantiene la conexión con el resto de la red fluvial de cada cuenca. Las lluvias torrenciales recolocan los sedimentos, formando pequeñas barras e islas donde terminan asentándose numerosas especies vegetales y animales.

Debido a ello, las ramblas albergan una intensa actividad biológica. Las condiciones de humedad de sus lechos suelen ser superiores a las del terreno circundante, algo que favorece la aparición de comunidades vegetales compuestas por helófitos, arbustos y árboles, afirman las expertas de la UMU. Estas formaciones estabilizan el suelo, retienen sedimentos y generan refugios para multitud de organismos.

En estos cauces prosperan también numerosos invertebrados terrestres, como hormigas, arañas o escarabajos, que encuentran alimento y refugio entre la vegetación y los sedimentos acumulados. Reptiles, aves y mamíferos utilizan además las ramblas como corredores ecológicos para desplazarse o como áreas de descanso y reproducción.

Las investigadoras destacan incluso la importancia de estos espacios para especies concretas del sureste ibérico, como la tortuga mora mediterránea, que selecciona los lechos arenosos de los ríos secos para anidar.

Pero la relevancia de las ramblas no termina en la biodiversidad visible. Bajo la superficie se desarrollan procesos biogeoquímicos fundamentales. La materia orgánica que arrastran las lluvias puede permanecer durante largos periodos en los cauces, convirtiéndose en una reserva de carbono y nutrientes. Hongos y bacterias degradan lentamente esos restos vegetales en presencia de oxígeno, mientras que la radiación solar facilita la descomposición de compuestos complejos mediante procesos de fotodegradación.

Ese funcionamiento contribuye al reciclaje de nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, esenciales para el mantenimiento de la vegetación y del equilibrio ecológico del sistema. Según las expertas, alterar físicamente las ramblas supone romper precisamente esa conexión entre el cauce y el ecosistema terrestre que lo rodea.

Seguridad humana

A todo ello se suma un papel crucial para la seguridad humana. Los ríos secos y ramblas actúan como «vías naturales de evacuación durante las grandes avenidas de agua», subrayan Suárez Alonso y Vidal-Abarca. «La vegetación ralentiza el flujo, favorece la infiltración y ayuda a reducir el riesgo de desbordamientos», añaden.

La paradoja es que muchos de estos cauces han sido ocupados precisamente porque pasan gran parte del año secos. Urbanizaciones, carreteras, explotaciones agrícolas, canalizaciones o extracciones de áridos han alterado profundamente la morfología de numerosas ramblas murcianas. Las investigadoras advierten de que esos usos reducen su capacidad para infiltrar agua y aumentan la vulnerabilidad frente a las lluvias torrenciales. «La mayoría de las ramblas de la región se encuentran en un estado muy degradado», alertan.

Entre los impactos más frecuentes citan vertidos de aguas residuales, acumulación de basuras, minería, vertederos, canalizaciones, presas o la extracción de aguas subterráneas. También denuncian el uso recreativo de motos o quads, que altera el lecho y destruye parte de las funciones ecológicas del sistema.

Sin embargo, las alteraciones más graves llegan con la ocupación urbanística. «Especialmente duras son las alteraciones físicas que se producen en estos ríos que llegan incluso a su total desaparición», explican las catedráticas.

La rambla de Espinardo

Uno de los ejemplos más claros en la Región de Murcia es la rambla de Espinardo. Según recuerdan las investigadoras, el cauce está «completamente ocupado» y cuando se producen lluvias torrenciales termina desbordándose y afectando a la población.

El problema se repite en otros puntos del territorio. Según recuerdan Suárez Alonso y Vidal-Abarca, la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) dispone de cartografía específica sobre zonas inundables en la cuenca, especialmente en las vegas media y baja del Segura, donde numerosas poblaciones presentan un elevado riesgo de inundación. Las expertas consideran además que la canalización de las ramblas que desembocan en el río agrava todavía más la situación.

Tortuga mora, animal que habita en algunas ramblas.

Tortuga mora, animal que habita en algunas ramblas. / L. O.

Fuera de ese entorno, señalan especialmente a Los Alcázares y, en general, al entorno del Mar Menor, donde la transformación urbanística y territorial ha modificado «completamente toda la red de ramblas y ríos secos».

Pese a todo ello, los ríos secos siguen siendo «los grandes olvidados» de los ecosistemas mediterráneos. Las investigadoras sostienen que históricamente las administraciones públicas apenas les han prestado atención y recuerdan que la propia Directiva Marco del Agua de la Unión Europea ni siquiera contempla estos sistemas a la hora de evaluar la calidad ecológica de los ríos.

Ese vacío científico y administrativo comienza ahora a corregirse lentamente. Vidal-Abarca y Suárez Alonso afirman que existe actualmente un grupo de investigadores españoles trabajando en el desarrollo de indicadores biológicos, morfológicos y físico-químicos específicos para evaluar el estado de conservación de estos cauces.

El reto, insisten, pasa también por cambiar la percepción social sobre las ramblas. Comprender que esos espacios aparentemente áridos no son terrenos vacíos ni obstáculos urbanísticos, sino ecosistemas complejos que ayudan a amortiguar los efectos de las lluvias extremas y sostienen procesos ecológicos esenciales en territorios semiáridos como la Región de Murcia.

Afección al Mar Menor

Las investigadoras advierten de que la degradación de las ramblas del Campo de Cartagena está estrechamente ligada a la crisis ecológica del Mar Menor. Estos cauces conectan la cuenca terrestre con la laguna y deberían actuar como «ecosistemas filtro». Sin embargo, las canalizaciones, los vertidos, la agricultura intensiva y la pérdida de vegetación reducen su capacidad para retener nutrientes y sedimentos. Así, los nitratos, fosfatos, pesticidas y contaminantes llegan con más rapidez a la laguna.

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