Hasta siempre, alcalde
El lado más personal y humano de José Ballesta
Le gustaba almorzar en bares de las pedanías para departir con los vecinos, era un acérrimo forofo del Real Madrid y presumía de que su mujer era «la más lista de su familia»

Ballesta, con sus nietas gemelas y su mujer (a su espalda), en la toma de posesión como alcalde de 2023. | JUAN CARLOS CAVAL
Como todo personaje público, el fallecido alcalde, José Ballesta, también tenía su lado más personal e íntimo, que solo compartía con sus más allegados. Comidas en bares de pedanías, deporte con sus hijos, regalos para sus nietos, loas a su Real Madrid, dietas para adelgazar o reconocimiento al talento de su esposa son algunas de las anécdotas que jalonan su trayectoria de puertas para adentro, que ahora vuelven a la memoria de aquellos que lo han conocido bien.
El personaje público era inmenso y prueba de ello son las largas colas para su despedida, pero poco trascendía sobre sus pasiones, su interior y su espiritualidad, muy apegada al catolicismo. De hecho, era un gran creyente que acudía prácticamente a diario a misa de ocho de la mañana a la Catedral de Murcia, en ocasiones acompañado por alguno de sus concejales.
Incluso cuando era rector de la UMU se estrenó como pregonero en un acto religioso. Fue en 2002, como pregonero de la Semana Santa. Y fue su primer pregón de la mano de la Hermandad del Cristo del Rescate, cuyo hermano mayor en esa época era Pedro Antonio Llamas. La lectura que daba el pistoletazo de salida a las celebraciones religiosas se hizo en San Juan. En ese momento estaba la Virgen de la Fuensanta en ese templo debido a que la Catedral estaba en obras y la Patrona de Murcia se ‘refugió’ allí. La foto de ese pregón con el Cristo del Rescate, la Virgen al fondo y un joven Ballesta quedará ya para la historia.

En su primer pregón, en la Hermandad del Cristo del Rescate / Hermandad del Rescate
Una de sus pasiones fue también el deporte. Jugó de pívot en los maristas y compartió cancha con algunos nombres que luego estarían también en la esfera pública como Francisco Martínez Escribano, el que fuera decano de los abogados. El amor al baloncesto se lo inculcó a sus hijos (tenía cuatro hijos: dos hijos y dos hijas) hasta el punto de que uno de sus vástagos llegó a debutar con el UCAM en Primera División. Era habitual verlo en el Príncipe de Asturias siguiendo a su hijo, junto al concejal de Deportes de uno de sus mandatos, Felipe Coello, cuyo hijo también jugaba al baloncesto.
Ballesta, como padre amoroso, se iba a echar unas canastas con él en la entonces explanada Barnuevo de La Ribera, donde veraneaba, en los años 96 y 97, aprovechando que habían puesto una pista de baloncesto, deporte que seguía amando como senior. Además del basket, le gustaba el fútbol. «Era más madridista que Santiago Bernabéu», una frase acuñada por Alberto Castillo, periodista de la Ser y posteriormente presidente de la Asamblea Regional, amigo del alcalde fallecido que ayer se abrazaba, entre lágrimas, a Roque Ortiz, otro de los íntimos del regidor, que incluso llegó a preparar una cena en su casa para que el primer edil conociera, siendo rector, a Pedro Cano, el pintor que la UMU hizo Doctor Honoris Causa.
Detallista hasta el extremo, firmaba las fotos que compartía en actos con su inseparable rotulador azul
Tanta pasión tenía por el Real Madrid que hay una anécdota que refleja claramente su entrega al club blanco, casi a la altura de leyenda. En su despacho del rectorado compró una hucha de ‘los chinos’ y cuando lo visitaba gente amiga y de confianza le preguntaba si era del Madrid o del Barça. En caso de que fueran del equipo culé, les hacía pagar una multa y cuando la hucha recibía el dinero del pago sonaba el himno del Madrid. Su afición deportiva le llevó a ser comentarista en Murcia en Ser Deportivos los lunes por la mañana.
Ballesta siempre protegió a su familia de los focos públicos y del escenario mediático a través del que contaba sus proyectos y sus actividades a diario. Marido y padre entregado, sacó tiempo para estar con los suyos y así lo demostraba en publicaciones de redes sociales. El gran bastión de su vida, sobre todo, en los momentos más duros de su enfermedad, fue su mujer, Pilar Viñas López Pelegrín, reconocida catedrática de Química Analítica en la Universidad de Murcia.
El alcalde sabía de la valía de su compañera de vida y en alguna ocasión, en sus primeros momentos de alcalde y bajo un clima de confidencia, llegó a decir que «la más inteligente de mi familia es mi mujer». Nada de postureo. No en vano la reconocida profesora de la UMU fue incluida dentro del prestigioso ranking internacional de los investigadores más influyentes del mundo elaborado por la Universidad de Stanford en 2022. Actualmente, ella sigue en la UMU al pie del cañón y trabaja en la obtención de un método para eliminar el 100% de los microplásticos del agua.
Puso una hucha en su despacho de rector para que pagaran los que se declaraban antimadridistas
Cuando podía, presumía de sus nietas y nietos y mostraba sin pudor los regalos a pie del árbol de Navidad en su domicilio de Murcia. O tomaba en brazos a las gemelas de uno de sus hijos para darles el calor de abuelo. Uno de esos momentos fue protagonizado en el salón de plenos, en la toma de posesión de 2023, cuando Ballesta recuperó el bastón de mando con mayoría absoluta. Con emoción vivió el enlace de su hija Pilar, la primera de sus hijos que se casó, en 2015, a las puertas de las primeras elecciones municipales que le llevarían a la Alcaldía de Murcia, mostrando su lado más personal.
Detallista hasta el extremo, solía sorprender a las personas con las que compartía actos, días después, con fotos de los eventos firmadas y dedicadas de su puño y letra con su característico e inseparable rotulador azul, un signo distintivo de su autenticidad.
Le gustaba recorrer las pedanías de ‘paisano’, sin el traje de alcalde, de la mano de uno de sus concejales, José Francisco Muñoz, responsable de Movilidad, Gestión Económica y Contratación. «Llévame a algún bar de pedanías que almorcemos», le dijo en más de una ocasión a este edil, que tomó la alternativa política de la mano de Ballesta. El regidor gozaba con los manjares de esos locales de pueblo y de la conversación que le ofrecían los paisanos. Y comiente (como se suele decir en Murcia) era un rato, según los que compartieron mesa y mantel con él. Hubo una época en la que estuvo a régimen y cuando alguien le hacía notar su delgadez, le ofrecía su receta: «Deja el ascensor, sube escaleras y abandona el pan», explicaba. Lo que nunca abandonó fue el vermú en el bar Luis de Rosario a la salida del besapié del Cristo del Perdón, una jornada religiosa y al mismo tiempo mundana. Como fue su misma vida, en el lado más personal.
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