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Medio ambiente

La bioluminiscencia que tiñe de azul eléctrico el mar de Águilas, cada vez más vulnerable

El fenómeno, conocido como mar de ardora, podría verse afectado por el aumento de temperatura del mar, la acidificación y los microplásticos

Una de las asombrosas estampas de bioluminiscencia captadas en las playas de Águilas.

Una de las asombrosas estampas de bioluminiscencia captadas en las playas de Águilas. / Mario Navarro

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Sandra Rullo Pichel/EFE/L.O.

Hay noches en las que el mar parece salirse de su lógica visual. Basta una ola rompiendo en la orilla, el paso de un pez o unos pasos descalzos en el agua para que la oscuridad se encienda de azul eléctrico. Ese resplandor hipnótico, conocido como mar de ardora o bioluminiscencia, ha dejado imágenes espectaculares en distintos puntos del planeta y, de forma excepcional, también en la costa de la Región de Murcia. Pero detrás de esa belleza efímera, científicos e investigadores alertan de un problema creciente: el cambio climático y la presión humana amenazan a los microorganismos responsables de este fenómeno.

Los protagonistas de este espectáculo natural son los dinoflagelados, unas microalgas unicelulares capaces de emitir destellos luminosos cuando se sienten alteradas por estímulos mecánicos, como el movimiento del agua. La científica Brenda María Soler Figueroa, del Centro Smithsonian de Investigación Ambiental, explica que esa reacción puede activarse "por el movimiento de los peces o de un barco en el agua", generando destellos azulados que, cuando existe una alta concentración de organismos, llegan a teñir playas y bahías enteras.

En lugares como Bahía Mosquito o La Parguera, en Puerto Rico, la bioluminiscencia forma parte del paisaje habitual y atrae cada año a miles de visitantes. En la Región de Murcia, sin embargo, el fenómeno sigue siendo raro y casi fortuito. Águilas se ha convertido en el principal escenario regional de estas apariciones, especialmente frente a la Isla del Fraile y en Playa Amarilla, donde en los últimos años numerosos vecinos y turistas han fotografiado un mar fluorescente que parecía sacado de una película de ciencia ficción.

Fenómeno de bioluminiscencia captado en las playas de Águilas en 2023.

Fenómeno de bioluminiscencia captado en las playas de Águilas en 2023. / Mario Navarro

Las condiciones para que ocurra son muy concretas: agua cálida, oscuridad total, calma marina y una determinada concentración de nutrientes. Por eso suele aparecer durante las noches de verano, especialmente en julio y agosto, aunque también puede darse tras cambios bruscos de temperatura en otoño.

José Manuel López Nicolás, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia, señala que esos delicados equilibrios están siendo alterados por el cambio climático. "Para que estas microalgas se acumulen y brillen deben darse unas condiciones adecuadas de temperatura, pH y nutrientes", explica. El problema es que el calentamiento de los océanos y la acidificación del agua están modificando precisamente esos parámetros.

"Los dinoflagelados necesitan una temperatura óptima para producir bioluminiscencia. Si esa temperatura no está, no van a actuar", advierte el investigador murciano. A ello se suma la absorción del exceso de CO2 por parte del océano, un proceso que reduce el pH del agua y genera entornos más ácidos donde algunas especies directamente no pueden sobrevivir.

El impacto no termina ahí. El cambio climático también altera las corrientes marinas y los ciclos de nutrientes que alimentan a estos organismos microscópicos. "Si en vez de haber nutrientes hay restos de microplásticos, tampoco se va a producir bioluminiscencia", deja caer López Nicolás.

Una de las impresionantes imágenes captadas en la costa aguileña.

Una de las impresionantes imágenes captadas en la costa aguileña. / Mario Navarro

Los expertos observan además cómo fenómenos meteorológicos extremos, cada vez más frecuentes, afectan de lleno a estos ecosistemas. Soler Figueroa relaciona la abundancia de dinoflagelados con los patrones de precipitación: las lluvias aportan nutrientes al agua y favorecen su proliferación, mientras que las sequías provocan descensos drásticos de población.

La investigadora recuerda el efecto devastador del huracán María sobre los ecosistemas bioluminiscentes de Puerto Rico. "Sencillamente desaparecieron todos los organismos", relata. Y lanza una advertencia: el escenario climático apunta a huracanes más intensos y sequías más largas, una combinación especialmente dañina para sistemas tan sensibles.

Un sistema resiliente, pero amenazado

A esos efectos directos se suman otros indirectos. Alexis Hernández Delgado, investigador de la ONG boricua Sociedad Ambiente Marino, explica que la proliferación masiva del sargazo en el Caribe está reduciendo la entrada de luz solar en el agua y alterando las condiciones de crecimiento de los dinoflagelados. Además, la descomposición de esas macroalgas consume oxígeno y deteriora aún más el ecosistema.

La presión humana también juega un papel importante. María Fernanda Barberena-Arias, catedrática de Ciencias Naturales en la Universidad Interamericana de Puerto Rico, alerta de que la contaminación derivada del uso del suelo, los residuos arrastrados por la lluvia o incluso productos como cremas solares y repelentes pueden afectar directamente a estos organismos.

Pese a todo, los especialistas recuerdan que los ecosistemas bioluminiscentes han demostrado una gran capacidad de resistencia durante millones de años. "Son sistemas resilientes", sostiene Marcela Gutiérrez-Graudiņš, fundadora de la organización Azul, aunque matiza que actualmente "se encuentran atrofiados porque tenemos un desequilibrio monumental".

En la Región de Murcia, donde el mar de ardora sigue siendo un acontecimiento tan raro como fascinante, cada aparición funciona casi como un recordatorio luminoso de la fragilidad del Mediterráneo. Un destello azul en mitad de la noche que, además de maravillar, empieza también a servir como señal de alarma.

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