Entrevista
Jesús López Baquero, exdirector de Agroseguro: "Lo que baja en heladas lo estamos pagando en pedrisco e inundaciones"
El ingeniero agrónomo analiza el impacto del cambio climático, defiende el seguro agrario y reclama soluciones estructurales para el agua

Jesús López Baquero recibe la insignia de oro de Fecoam. / FECOAM
Tras cuatro décadas vinculado al seguro agrario, cinco como perito tasador y 35 como director territorial de Agroseguro en el sureste, Jesús López Baquero repasa la evolución de un sistema clave para la estabilidad del campo. Reconocido recientemente por Fecoam con su insignia de oro, analiza los grandes hitos técnicos, el impacto del cambio climático en la siniestralidad y los retos futuros de un modelo que considera "la única herramienta" para proteger a agricultores y ganaderos. En esta conversación, defiende la necesidad de reforzar las subvenciones públicas, ajustar coberturas y avanzar en cuestiones estructurales como el agua o la soberanía alimentaria.
Con su trayectoria, ¿qué momentos han marcado un antes y un después en el desarrollo del seguro agrario en el sureste?
El seguro ha evolucionado de forma continua, pero ha habido hitos destacados. En Murcia, por ejemplo, fuimos pioneros en la zonificación del riesgo de helada. Antes la prima era comarcal; después se ajustó a nivel de parcela, acercándose mucho más al riesgo real. Eso fue un gran avance. A partir de ahí, todo ha sido adaptación constante a los cambios del sector: nuevos sistemas de cultivo, como el paso de estructuras abiertas a invernaderos altamente tecnificados, o la aparición de nuevas variedades en fruta y cítricos. El seguro ha tenido que evolucionar al mismo ritmo que la agricultura.
¿Qué otros hitos destacaría?
Las normas de peritación. En el seguro agrario todo está definido: cómo se valoran daños, depreciaciones de calidad o cantidad… Es un sistema transparente, acordado entre administraciones y organizaciones agrarias. El agricultor sabe de antemano cómo se le va a tasar un siniestro, y eso es fundamental.
El seguro agrario es a día de hoy la única herramienta eficaz frente a los daños climáticos
Las organizaciones agrarias presionan para mejorar el sistema. ¿Tienen razón?
Siempre hay margen de mejora, claro, pero existe un foro técnico donde se debate todo: las comisiones territoriales de seguros agrarios. Ahí están ministerio, comunidades autónomas, cooperativas y organizaciones agrarias. Se discute técnicamente qué se puede incluir y qué no. Es un sistema muy participativo
En los últimos años, ¿qué siniestros han aumentado? ¿Cómo influye el cambio climático?
El cambio climático está condicionando claramente la siniestralidad. Han bajado las heladas, pero han aumentado mucho el pedrisco y las inundaciones. Estamos viendo episodios cada vez más extremos, con tormentas en momentos críticos para los cultivos. En la Región de Murcia hemos tenido daños generalizados en los últimos años.
¿Está preparado el sistema para esta realidad?
Sí. Es un sistema garantista. Las indemnizaciones están protegidas por ley y se pagan sí o sí. Además, hay mecanismos de seguridad: reservas propias, reaseguro internacional y el respaldo del Consorcio de Compensación de Seguros. Todo eso garantiza la viabilidad del sistema incluso en situaciones extremas.
¿Qué perfil de agricultor o explotación diría que está más desprotegido?
Las explotaciones grandes se están profesionalizando y diversificando riesgos, incluso geográficamente. Donde hay más debilidad es en los cultivos de secano, como almendro o cereales. Tienen cobertura de sequía, pero con rendimientos ajustados, que apenas cubren costes.
¿Han estado las administraciones a la altura?
En el seguro agrario sí hay coordinación entre ministerio y comunidades autónomas. Y hay un elemento clave: las subvenciones. Sin ellas, el sistema no sería viable, porque el riesgo es muy alto. En muchos casos cubren cerca del 50% de la prima. Es fundamental mantener e incluso reforzar ese apoyo.
¿Cómo lograr el equilibrio entre seguros asequibles y mayor siniestralidad?
Por un lado, más apoyo público. Por otro, ajustar las coberturas: centrarse en los grandes riesgos —pedrisco, heladas, inundaciones— y eliminar otros más difíciles de asegurar, como plagas o ciertos problemas fisiológicos. Eso permitiría abaratar el seguro.
Europa no puede permitirse depender de otros para alimentarse y debe proteger el sector
¿La sequía está bien cubierta?
La sequía climatológica sí, en secano. Pero la sequía hidrológica —la falta de agua para riego— no está cubierta. Y ese es un problema estructural.
Mirando al futuro, ¿cuáles son los grandes retos del sistema?
Ajustar mejor los riesgos y mantener un seguro accesible. Pero sobre todo entender que el seguro agrario es imprescindible: es la única herramienta que tienen agricultores y ganaderos frente a daños climáticos. Y hay otro debate de fondo: la soberanía alimentaria. Debemos apostar por producir aquí, con calidad y garantías.
Ha recibido la insignia de oro de Fecoam. ¿Qué significa para usted?
Es un reconocimiento a toda una vida profesional. Estoy profundamente agradecido. Es el mejor broche posible a mi carrera.
¿Algún momento especialmente significativo de su trayectoria profesional?
Probablemente, todo lo relacionado con la falta de agua de riego. Es un problema que he vivido muy de cerca durante muchos años y que sigue siendo difícil de entender desde un punto de vista técnico. Que regiones como Murcia, Alicante o Almería, con una agricultura altamente productiva y tecnificada, tengan limitaciones de agua por decisiones políticas es algo que no se concibe. Estamos hablando de zonas que producen alimentos de alta calidad y con gran eficiencia, y sin embargo se ven condicionadas por la falta de recursos hídricos, mientras en otras partes del país hay excedentes que no se aprovechan.
¿Qué solución le ve a ese desafío?
Creo que es imprescindible un plan hidrológico nacional que permita gestionar el agua de forma solidaria y racional. No se trata de quitar recursos a unos para dárselos a otros sin criterio, sino de optimizar lo que ya existe. Hay suficiente agua en España si se gestiona bien: lo que falta es planificación. Además, no es solo una cuestión económica o agrícola, sino estratégica. Si no garantizamos el agua, ponemos en riesgo la producción de alimentos y, con ello, algo tan básico como la seguridad alimentaria. Es un tema que va más allá del campo y que debería abordarse con una visión de país.
En ese contexto, ¿qué problema es más urgente: agua, PAC o costes?
Todos son importantes. Sin agua no hay producción; sin producción no hay seguro. Pero también hay que replantear la política agraria: no se puede priorizar solo lo ambiental sin garantizar la producción. Europa debe ser autosuficiente en alimentos.
¿Cómo afronta su nueva etapa personal?
Con mucha ilusión. Soy hermano mayor de la Cofradía de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca. Es una institución con gran dimensión social y religiosa. Estamos centrados en difundir su culto y en organizar actividades. Es una etapa diferente, pero muy enriquecedora.
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