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Asociación Albores: La luz que ilumina el camino
La Asociación Albores, que lleva 20 años protegiendo a los menores que sufren maltrato o vulnerabilidad, busca adaptar los servicios sociales a las necesidades de las familias afectadas y pretende exportar su metodología a otros territorios

Varios miembros de la Asociación Albores en uno de sus locales de atención en Murcia. / Israel Sánchez
Helena tenía apenas 14 años cuando su primo, también menor, abusó sexualmente de ella. En un principio, la familia intentó solucionar la situación en casa, pero tras varios intentos de suicidio y graves problemas de salud mental decidió acudir a Proyecto Luz. Helena recibió atenciones de sus especialistas durante dos años y, aunque las secuelas de lo ocurrido sean permanentes, la herida cicatrizó y pudo seguir adelante con su vida.
La Asociación Albores se encuentra detrás de este programa destinado a la protección de los menores de la Región de Murcia que sufren algún tipo de agresión sexual. Los últimos datos que han salido en este ámbito, señalan que tres niños se enfrentan a la violencia sexual cada semana en el territorio regional.
El grupo busca tratar a las víctimas, pero teniendo en cuenta su contexto. Rafael Llor, director general de Albores, explica que durante los años que lleva trabajando ha encontrado carencias porque "no se trabajaba el ambiente". En sus inicios el método para percibir este entorno era salir a la calle y "hablar con los chavales que iban a los parques en horario escolar".
Aunque la prioridad en todo momento debe ser la víctima, existe una realidad que, a menudo, se queda fuera de los titulares por la falta de espacio y tiempo: el personal. Los profesionales que tratan este tipo de casos se exponen a un significativo desgaste emocional que acaba pasando factura. "Te pones en modo profesional, pero a veces es imposible no sentarse a llorar después de acabar", comenta el director. Al fin y al cabo, "somos humanos".

El grupo de Albores en otro de sus establecimientos. / Israel Sánchez
Para intentar paliar esto, el equipo cuenta con un supervisor que se encarga de velar por la salud mental de cada una de las personas que lo integran. Ateneo es el nombre que dan a una reflexión de grupo que realizan semanalmente para poner encima de la mesa sus emociones y el dolor que han sufrido durante los tratamientos.
Llor no cree que la asociación cuestione los métodos que hay en este ámbito, sino que genera recursos que suman y contribuyen a mejorarlos. Asimismo, se lleva a cabo un acompañamiento, pero el objetivo final es que "ellos puedan hacerse cargo de sí mismos y no tengan dependencia de ninguna organización".
Con respecto a las víctimas, como bien ilustra el caso de Helena, el gran problema sigue siendo la tendencia a ocultarlo. Entiende que en la palabra ‘vergüenza’ se encuentra la clave de este fenómeno. La violencia sexual infantil suele desarrollarse en un entorno familiar o de confianza, lo que genera que las víctimas quieran evitar por todos los medios "romper la familia".
Asimismo, aclara que en muchos casos no se cree a los niños porque sus relatos no describen una agresión tal y como la entienden los adultos, la mayoría de veces no saben siquiera que han sido víctimas. Todo esto, si se mezcla con peleas o rupturas, acaba por crear un sentimiento de culpa en los pequeños que conduce a conductas como las autolesiones y enfermedades de salud mental como la depresión.
La asociación experimenta de primera mano una clara brecha de género, y es que, por ejemplo, de las 311 víctimas que pasaron por el Proyecto Luz en 2024, 233 tenían sexo femenino y 78, masculino. Esto supone un 75 por ciento del total.
Otro de los motivos por los que no se denuncian todos los casos, según indica, es el miedo a los servicios sociales: "Los vemos como algo amenazante, como el hombre del saco". Por esto, tienen como propósito cambiar la perspectiva mediante un apoyo amable que permita que la familia no se sienta sola y vea que tiene apoyo.
El grupo no solo trata estos casos, sino que toca gran parte de las áreas que engloba el maltrato infantil. Solamente en la Región de Murcia cuentan con el proyecto ECO que pretende prevenir situaciones de menores en riesgo, con el proyecto ALA para ayudar a adolescentes con dificultades en el entorno escolar y la convivencia en el hogar, el proyecto Parkeando que acompaña a jóvenes de San Javier y Los Alcázares para participar en actividades de ocio en espacios públicos. La última iniciativa que presentaron fue la del proyecto Avatares que introducía a los menores de entre 10 y 18 años en la reforestación para aprender a cuidar la naturaleza y a sí mismos.
"Nuestro objetivo es adaptar el sistema a las necesidades de la familia y eliminar el miedo a los servicios sociales"
Albores surge en el año 2006 como uno de los primeros pasos para hacer frente a la violencia sexual infantil en la Región de Murcia. Pese a las dificultades provocadas por la crisis de 2008, en la que la asociación se dedicó exclusivamente a las valoraciones de idoneidad de las familias para la adopción, volvieron en 2016 con un nuevo enfoque más centrado en el trabajo localizado en la calle -el sitio donde los niños se desarrollan-.
Desde el principio, la agrupación se ha constituido como una entidad referente gracias a su forma de trabajo, pero también a sus valores y motivaciones. Se trata de la orientación al objetivo o "remar todos en la misma dirección", según indica el director; la coordinación, puesto que la comunicación es fundamental para una labor con tanta carga emocional; el tratamiento del error, reconocer los fallos y utilizarlos para mejorar; la jerarquía, entendida como la correcta definición de los roles dentro del equipo; la flexibilidad, ya que necesitan adaptarse constantemente a la situación de cada uno de los miembros; la conciliación, de cara a que el trabajo no empeore la calidad de vida de quienes lo ejecutan; y, por último, tener todos los procesos definidos para identificar y adelantarse a posibles anomalías.
La formación está compuesta por casi doscientas personas que para entrar necesitan cumplir con un requisito innegociable: la sensibilidad."Necesitamos que sean personas y que sientan esto como una parte de su vida", aclara Rafael Llor; "el título es, para nosotros, como un carnet que te permite entrar", añade. Habla de predisposición a formarse, de cuestionar las cosas y, en definitiva, de adaptar el sistema a las necesidades de la familia.
Un plan para prevenir las agresiones
En colaboración con la Red Barnahus -referencia europea en violencia sexual infantil-, Albores pretende llevar a cabo un nuevo programa para anticiparse a las agresiones de este tipo en la infancia.
El programa pretende preparar a las familias para que adquieran herramientas de comunicación y eviten la victimización o retraumatización de sus hijos. Normalmente son los adultos los que transmiten la angustia al niño que, en un principio, no entiende lo que ha pasado. El proyecto quiere capacitar a los mayores para que sepan cómo actuar y evitar el sentimiento de culpa que padecen las víctimas.
Es, en palabras de Rafael Llor, "una antesala a todo el procedimiento de valoración y judicial". Por otro lado, se busca evitar que el infante tenga que contar la experiencia en repetidas ocasiones. De forma práctica, la idea inicial es hacer terapias de grupo con la familia en el propio domicilio.
Al tener lugar en un entorno de confianza, tanto los pequeños como su entorno cercano están más cómodos y libres del miedo a ser juzgados que a menudo sufren. En esta línea, también sirve para mantener la situación bajo control mientras se resuelven los procesos judiciales.
Más allá de este proyecto, Albores quiere transferir su modelo a otros lugares. El primer paso fue Sevilla, pero buscan llevar mucho más allá su perspectiva sistémica y del trauma informado. En otras palabras, valorar las situaciones en toda su complejidad.
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