Prehistoria
Ni Altamira ni Atapuerca: las pinturas rupestres de Murcia que convierten cuevas y cañones en un viaje a la Prehistoria
Un patrimonio milenario, reconocido por la Unesco, que sigue esperando entre barrancos, sierras y abrigos rocosos: así son sus pinturas rupestres en imágenes

Ni Altamira ni Atapuerca las pinturas rupestres de Murcia que convierten cuevas y cañones en un viaje a la prehistoria. / L. O.
Hay un secreto grabado en las paredes de la Región de Murcia. No está en ningún museo ni detrás de ningún cristal. Está ahí fuera, en las entrañas de cañones kársticos, en abrigos rocosos batidos por el viento y en cuevas que durante milenios han guardado silencio. Un silencio que hablan quienes saben mirarlo: el de las pinturas rupestres prehistóricas, una de las herencias más antiguas y desconocidas que atesora esta tierra.
Desde Yecla hasta Mula, desde Moratalla hasta Calasparra, la Región de Murcia cuenta con un patrimonio rupestre de primer orden nacional e internacional. Varias de estas manifestaciones fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998, integradas en el reconocimiento al Arte Rupestre del Arco Mediterráneo Español. Un título que, paradójicamente, muy pocos murcianos conocen. Este reportaje es una invitación a descubrirlo.
El cañón de Los Almadenes: la catedral prehistórica de la Región
Si hay un lugar en Murcia donde la Prehistoria se puede sentir con toda su fuerza, ese es el cañón cárstico de Los Almadenes, que se abre entre los términos de Cieza y Calasparra aprovechando una falla tectónica que corta estratos superpuestos de dolomías y calizas masivas. Por él discurre el río Segura a una profundidad media de 70 metros, con paredes que en algunos puntos alcanzan los 120 metros de altura. Un paisaje imponente, casi irreal, que guarda en su interior algunas de las manifestaciones de arte rupestre más relevantes de la Península.
La Cueva-Sima de la Serreta: el refugio que vio nacer la agricultura en Murcia
En la margen izquierda del cañón, abocada al propio río Segura y en un entorno de gran impacto visual, se abre la Cueva-Sima de la Serreta. Prácticamente inaccesible desde el exterior (hoy se llega a ella a través de una sima de 16 metros de altura, tras atravesar una reja de protección), descubierta por M. López de Ochoa en 1973, esta cavidad ha sido testigo mudo de miles de años de historia humana.

Pinturas rupestres en la Cueva Sima de la Serreta (Cieza). / L. O.
En su interior se han documentado niveles de ocupación que abarcan el Neolítico, la Romanización y la Edad Media Islámica. Pero lo más extraordinario no es solo su continuidad histórica, sino lo que sus paredes guardan: más de 50 figuras de arte rupestre repartidas en dos paneles, pertenecientes al Arte Esquemático con algunas representaciones de estilo seminaturalista. Las pinturas fueron restauradas entre 2002 y 2003 y se conservan en excelente estado.
La Serreta, además, tiene un mérito científico que trasciende lo artístico: las excavaciones realizadas en su interior han sacado a la luz semillas de trigo y cebada que constituyen los indicios más antiguos documentados hasta ahora de la práctica agrícola en la Región de Murcia. El origen de nuestra agricultura, literalmente, está en las profundidades de este cañón.
Los Abrigos del Pozo: diez mil años de historia humana al alcance de todos
A escasa distancia, también dentro del Cañón de Almadenes, se encuentran los Abrigos del Pozo (Calasparra), uno de los conjuntos rupestres más accesibles de la Región. Descubiertas por J. Abellán Hernández y M. San Nicolás, en 1978, las pinturas, de estilo esquemático y datadas en torno al 4300 a.C., representan figuras humanas, animales y objetos simbólicos: hombres con brazos en asa, cuadrúpedos, trazos verticales y puntos.

Pinturas rupestres en los Abrigos del Pozo (Calasparra). / Turismo Región de Murcia
Lo que hace singular a este enclave es que los visitantes pueden recorrerlo por el mismo acceso que utilizaban los pastores en la Prehistoria, hoy restaurado. Una senda de madera y una pasarela adaptada para todos los públicos que facilitan la visita.
Al pie de las pinturas, las excavaciones arqueológicas han documentado presencia humana ininterrumpida durante al menos diez mil años: un registro de continuidad que dice mucho de lo que este lugar representó para quienes lo habitaron. Para visitarlos, conviene llamar antes a la Oficina de Turismo de Calasparra: 968 745 325.
El Conjunto del Arco: el Paleolítico Superior en estado puro
También en este entorno se localiza el Conjunto del Arco, un enclave de época Paleolítico Superior descubierto en 1993 por A. Vázquez, F. Morote y J. Salmerón, formado por varias cuevas y abrigos rocosos, de los cuales solo dos conservan pinturas. La Cueva I presenta un recorrido de salas comunicadas (una de ellas con el techo hundido) y alberga pequeñas cabezas de caballo pintadas en rojo, un cuadrúpedo en rosa y un signo rojo.

A la izquierda, un cáprido visto de frente; a la derecha, el arco (Cieza). / Turismo Región de Murcia
El Arco II, por su parte, muestra dos representaciones frontales de cabezas de cabra, signos abstractos y 23 aerógrafos, una técnica de soplado de pigmento sobre la mano que es característica de los primeros artistas de la humanidad. El conjunto está protegido por una reja.
El Barranco de los Grajos: cuando las mujeres protagonizaban el arte
En la altiplanicie desértica de Ascoy, un barranco profundo esconde uno de los conjuntos rupestres más llamativos de la Región. Los tres abrigos del Barranco de los Grajos son el escenario de un arte donde el protagonismo es, inequívocamente, femenino.

Danza y ritual en el arte rupestre del Barranco de Los Grajos / L. O.
En las paredes del Abrigo I destacan grupos de mujeres danzantes, representadas en número muy superior a los motivos masculinos. Cérvidos y cápridos aparecen relegados a las zonas laterales, como meros comparsas de unas figuras humanas que parecen presidir algún ritual o ceremonia. Una visión del mundo prehistórico que rompe muchos tópicos. El acceso está protegido por reja.
De Moratalla a Yecla: arte rupestre en las tierras altas de la Región
La parte noroeste de la Región de Murcia, con sus sierras, sabinares y planicies elevadas, concentra otro foco notable de arte rupestre levantino y esquemático.
Cañaica del Calar y Fuente del Sabuco: el doble tesoro de Moratalla
A unos 33 kilómetros de Moratalla, en el paraje del Calar de la Santa, se abren dos conjuntos rupestres que merecen el viaje: Cañaica del Calar y Fuente del Sabuco.
El primero, descubierto por A. Cajal (1967) y situado en el reborde superior de un sabinar sobre planicie rocosa, consta de dos abrigos. El Abrigo I concentra 60 figuras de antropomorfos y animales agrupadas en varias escenas; el Abrigo II suma otros 14 motivos de carácter principalmente humano.

Pinturas en Cañaica del Calar (Moratalla). / L. O.
A pocos pasos, Fuente del Sabuco completa el conjunto con dos abrigos más (hallados por Antonio Beltrán, en 1967, y A. Alonso y A. Grimal, en 1985): el primero alberga más de 70 figuras (cuadrúpedos, mujeres, hombres) además de 20 representaciones antropomorfas; el segundo se desarrolla sobre una pared completamente vertical con otras 14 figuras del mismo estilo. Las pinturas se conservan en buen estado y el yacimiento es considerado de gran valor tanto para investigadores como para visitantes sin conocimientos previos.
Monte Arabí: el santuario prehistórico de Yecla
En el extremo norte de la Región, a más de 1.000 metros de altitud, se alza el Monte Arabí, en el término de Yecla. Su vertiente sureste acoge uno de los conjuntos de arte rupestre más completos y mejor valorados de todo el Arco Mediterráneo Español, también declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998.
Tres espacios componen este santuario prehistórico. Cantos de Visera I exhibe más de 30 motivos pictóricos centrados exclusivamente en fauna de grandes herbívoros: caballos y bóvidos de un realismo asombroso.

Pinturas en Cantos de Visera, Monte Arabí (Yecla). / L. O.
Cantos de Visera II amplía el repertorio hasta los 70 motivos (bóvidos, équidos, cérvidos, cápridos) con un tratamiento pictórico excepcional que juega con las tonalidades entre el rojo y el negro y con las diferencias de tamaño entre figuras. Junto a ellos aparecen cuadrúpedos esquemáticos asociados a representaciones humanas.
El Abrigo del Mediodía cierra el conjunto con un arte lineal geométrico, anterior incluso al levantino clásico, que sitúa la secuencia cronológica del Monte Arabí entre el VI y el II milenio a.C.
Para visitar el Monte Arabí es imprescindible llamar con al menos 48 horas de antelación al Museo Arqueológico de Yecla (MaYe): 968 79 09 01 (lunes a viernes, de 9.00 a 13.00 horas). Las visitas se realizan en grupos de entre 15 y 25 personas.
El arte rupestre que todavía espera: Abrigo del Buen Aire y Abrigo del Milano
La geografía rupestre de la Región se completa con dos enclaves que, aunque menos accesibles, forman parte del mismo relato prehistórico.
El Abrigo del Buen Aire, en Jumilla, a 800 metros sobre el nivel del mar, combina Arte Levantino (con escenas de caza, danza, bóvidos, cérvidos y cápridos) y Arte Esquemático de trazo abstracto, una convivencia de estilos que da cuenta de la larga trayectoria de uso de estos espacios.

Arriba, pinturas rupestres del Milano (Mula); abajo, las del Abrigo del Buen Aire (Jumilla). / L. O.
El Abrigo del Milano, en el término de Abrigo del Buen Aire, se abre en un barranco de la cuenca miocénica del río Mula. Sus pinturas, datadas entre el Neolítico y el Eneolítico, incluyen representaciones levantinas de un arquero y dos figuras femeninas junto a ciervos y cápridos, y motivos esquemáticos de carácter simbólico-religioso: ancoroformes, barras y poulobulados.
Junto al abrigo pintado hay otro que alberga un sepulcro múltiple de calcinación parcial, un hallazgo funerario que añade otra capa de significado a este lugar. Actualmente, las visitas están suspendidas por obras de mejora en el acceso.
Un patrimonio que merece ser conocido
La Región de Murcia tiene arte rupestre Patrimonio de la Humanidad. Lo tiene en sus cañones, en sus barrancos, en sus sierras. Lo tienen Cieza, Jumilla, Calasparra, Moratalla, Yecla y Mula. Un patrimonio que llevaba milenios esperando, y que sigue esperando, sobre todo, a los propios murcianos.
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