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Medio ambiente

El autor del informe sobre metales pesados en el Campo de Cartagena: "Hay motivos para la preocupación, no para la alarma"

Ángel Faz aclara que la investigación descarta riesgo general para la salud y sitúa los problemas en zonas muy localizadas

La Comunidad destaca que se han hecho este año una veintena de análisis en cultivos sin resultados positivos

El informe ha sido dirigido por el especialista en recuperación de suelos mineros, Ángel Faz Cano.

El informe ha sido dirigido por el especialista en recuperación de suelos mineros, Ángel Faz Cano. / Juan Carlos Caval

Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

El diagnóstico sobre la calidad de los suelos agrícolas del Campo de Cartagena ha abierto un debate técnico, político y social que va mucho más allá de los titulares iniciales. Para aclarar el alcance real del estudio, el investigador Ángel Faz, responsable del grupo Garsa de la UPCT, compareció este jueves ante los medios con un mensaje que combinó rigor científico y voluntad de rebajar la alarma: el problema existe, pero no es uniforme ni implica, en términos generales, un riesgo inmediato para la salud.

Durante el encuentro, Faz insistió en situar el informe en su contexto. Subrayó que la cuestión de los metales pesados —la que ha generado mayor repercusión mediática— "es solo una pequeña parte" de un trabajo mucho más amplio que analiza propiedades químicas, físicas y procesos de degradación del suelo. "El estado de calidad no se mide solo por los metales", recordó, apuntando también a factores como las sales solubles o la erosión, que contribuyen al transporte de sedimentos hacia el Mar Menor.

El investigador defendió que la presencia de metales en determinadas zonas no es una sorpresa, sino una consecuencia lógica de la historia geológica y minera del territorio. "Lo raro sería no encontrar metales", afirmó, aludiendo a más de dos mil años de actividad minera en el sureste de la cuenca. En este sentido, rechazó interpretaciones simplistas basadas únicamente en valores absolutos. "Cuando se habla de muy alto o muy bajo, hay que tener en cuenta que la Región de Murcia no tiene niveles genéricos de referencia propios", explicó, lo que obliga a comparar con otras comunidades o con referencias científicas.

Uno de los ejes de su intervención fue la distinción entre metales totales, solubles y asimilables, una diferencia clave para entender el riesgo real. Faz puso ejemplos concretos: el arsénico presenta determinados niveles totales, pero su fracción soluble y asimilable es mucho menor; lo mismo ocurre con el cadmio o el plomo. "Estamos hablando de biodisponibilidad, de lo que realmente puede moverse o ser absorbido por los seres vivos", señaló. En su opinión, este matiz ha quedado diluido en el debate público.

El investigador apuesta por hacer más análisis donde se han detectado picos de contaminación

El informe, al que ha tenido acceso esta Redacción, coincide con esta visión. Por un lado, identifica la Sierra Minera como el principal foco de enriquecimiento en metales pesados, con concentraciones elevadas de plomo, zinc o arsénico vinculadas a escombreras y depósitos históricos. Por otro, señala que la mayor parte de la cuenca agrícola presenta niveles bajos o moderados, compatibles con el uso agrario actual. La clave, por tanto, no es una contaminación generalizada, sino una distribución muy localizada.

Otro aspecto fundamental es la movilidad de esos metales. El documento subraya que los suelos del Campo de Cartagena son mayoritariamente alcalinos, lo que favorece la inmovilización de los metales en formas poco solubles. Faz lo explicó con un lenguaje más directo: "Con los pH que tenemos, muchos metales precipitan y quedan retenidos". Esto reduce la probabilidad de que pasen a las plantas o al agua en condiciones normales.

Mapas de concentración de metales del informe de la UPCT.

Mapas de concentración de metales del informe de la UPCT. / L.O.

A la pregunta clave —si hay motivos para la alarma— el investigador quiso rebajar la tensión: "Hay motivo para la precaución, no para la alarma". Esa precaución se traduce, según explicó, en la necesidad de hacer seguimiento y análisis más detallados en parcelas concretas donde se han detectado los picos. "Yo tomaría más muestras, haría un seguimiento anual y analizaría también la parte comestible de los cultivos", propuso. Y fue más allá: Faz no descartó medidas más contundentes en casos puntuales. En este sentido, explicó que, si tras un análisis detallado se confirmaran riesgos en parcelas concretas, podría ser necesario "clausurarlas o cambiar el uso", aunque insistió en que se trataría de situaciones muy localizadas.

El informe respalda esta idea al señalar que los riesgos para la salud humana se sitúan, en términos generales, por debajo de los umbrales de preocupación, salvo en zonas muy localizadas de la Sierra Minera donde aparecen valores puntuales más elevados. En esos casos, el arsénico y el plomo son los principales elementos de atención, especialmente en escenarios de exposición prolongada. En definitiva, el informe no habla de alarma sanitaria generalizada, pero sí de puntos localizados que requieren gestión específica, prevención y seguimiento.

El vínculo con el Mar Menor también estuvo presente en la comparecencia. Faz reconoció que los episodios de lluvias torrenciales pueden movilizar sedimentos contaminados, aunque evitó dramatizar este riesgo. El informe, en cambio, sí subraya que las avenidas pueden arrastrar materiales desde zonas mineras hacia ramblas y, potencialmente, hacia la laguna, conectando así el problema del suelo con la dinámica hidrológica y el cambio climático.

"Estamos satisfechos con el trabajo que hemos hecho", asegura Ángel Faz

En el plano político, el investigador evitó entrar en polémicas con la Administración regional, aunque defendió la solidez del trabajo realizado. Recordó la experiencia acumulada del equipo y el volumen de análisis efectuados, y dejó claro que el informe responde a criterios científicos consolidados. "Tenemos clara satisfacción con lo que se ha hecho", afirmó.

Sobre el impacto en el sector agrícola, Faz apeló a la prudencia informativa. Comprendió la preocupación de los productores, pero defendió que conocer la situación es el primer paso para mejorarla. "Lo bueno es saber para reaccionar", señaló, insistiendo en que los controles de calidad de los productos agrícolas son estrictos y están regulados.

El encuentro cerró con una idea que resume el espíritu del informe: no se trata de negar problemas, sino de dimensionarlos correctamente. Hay zonas críticas que requieren intervención, seguimiento y, en algunos casos, cambios de uso. Pero también hay una gran parte del territorio donde los suelos mantienen condiciones adecuadas para la producción agrícola.

La respuesta de la Consejería: más controles y sin positivos en cultivos

Frente a las explicaciones técnicas de Ángel Faz, fuentes de la Consejería de Agricultura y el subdirector general de Producción y Nutrición Agrícola Sostenibles, Francisco Miñano, trasladaron un mensaje centrado en la gestión y el control administrativo del problema.

En primer lugar, la Administración regional confirmó que sigue analizando la documentación completa del informe, incluida su justificación técnica, y evitó concretar por ahora si habrá consecuencias económicas para la UPCT, por no ajustarse a los parámetros de lo solicitado.

En paralelo, defendieron que ya existe un sistema de vigilancia activo sobre el terreno. Miñano explicó que, dentro del programa Prasam, se están realizando muestreos semanales de productos agrícolas en las zonas consideradas más sensibles, especialmente en el entorno de la Sierra Minera. A ello se suma un plan de inspección específico para el periodo 2025-2027 en áreas vulnerables, incluidas las reguladas por la ley del Mar Menor, que incorpora controles sobre suelos y metales pesados.

Mapa de distribución del plomo total en suelos superficiales

Mapa de distribución del plomo total en suelos superficiales / UPCT

Según detalló, el informe de la UPCT está sirviendo para afinar el foco de actuación. “Estamos focalizando la zona, ampliándola ligeramente más allá de la Sierra Minera para concretar mejor las inspecciones”, indicó, subrayando que también se realizarán análisis de contraste por parte de la propia Administración.

El subdirector incidió, además, en uno de los aspectos clave del debate: la diferencia entre metales totales y metales asimilables. Coincidió con Faz en que los valores elevados detectados en algunas zonas responden en gran medida a un origen natural ligado a la historia minera del territorio.

En este sentido, puso el acento en las características de los suelos del Campo de Cartagena —con pH elevado y alto contenido en carbonatos—, que favorecen la inmovilización de los metales. "El porcentaje que puede ser asimilable por los cultivos es muy remoto", aseguró, reclamando “mesura” a la hora de interpretar los datos.

Como elemento de tranquilidad, la Consejería avanzó resultados preliminares de los controles realizados este año: más de una veintena de analíticas en distintas parcelas y cultivos no han detectado "ningún positivo". Un dato que, aunque aún no publicado oficialmente, refuerza la idea de que no existe una afección generalizada a la producción agrícola.

Con todo, desde la Administración se insiste en la necesidad de continuar con los estudios y el seguimiento, especialmente en las zonas donde el informe apunta a mayores concentraciones, con el objetivo de trasladar seguridad tanto al sector como a los consumidores.

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