Caravaca de la Cruz
Manuel Alfonso Guerrero abre las fiestas en honor a la Vera Cruz con una oda a la memoria
El pregonero invitó a «volver a recobrar lo que tantos caravaqueños nos han ido legando a lo largo de los siglos, a desnudar de nuevo vuestra alma festera»
Con la mirada de un niño y el despertar festero de un adolescente, el abogado Manuel Alfonso Guerrero abrió la puerta a los caravaqueños a sus próximas fiestas en honor a la Vera Cruz. Porque en cada caravaqueño todo empieza desde pequeño, con los mitos y leyendas de la Caravaca medieval, y este pregón comenzó con la leyenda del abuelo del pregonero, Manuel Guerrero. El coloso Tomir que protege la ciudad, todos dicen que «en los atardeceres, desde el Camino del Huerto ven la silueta del gigante los ojos de los románticos y de los idealistas…» Hoy Tomir es uno de los gigantes que, acompañados por el Tío de la Pita y su tamboril, llegan en las vísperas de San Marcos y nos hacen recordar que todo va a comenzar.
Guerrero realizó un pregón narrando de manera exquisita el milagro que cada año sucede en la Ciudad Santa del Noroeste murciano con la llegada del mes de mayo: «Está a punto de volver a estallar la primavera en Caravaca. Ese estallido eterno, siempre igual, siempre diferentes, indeleble, real», explicó. Además de incorporar todos sus recuerdos y vivencias de las fiestas, reflexionó en voz alta acerca de los múltiples pliegues que ofrecen los festejos en honor a la patrona de Caravaca.
El pregonero reconoció que cuando se enfrentó a las hojas en blanco del pregón «cerré mis parpados para tratar de ver con los ojos de mi memoria y alcanzar a recordar alguno de los momentos que he compartido con la Fiesta». Llevando a los asistentes no solo a recordar los momentos más importantes de la primera semana de mayo, sino los rincones más idílicos que ofrece la ciudad de Caravaca, como «los destellos azules de las tejas vidriadas de la Concepción que dieron color a los juegos de mi infancia en la Corredera».
Tuvo palabras emocionadas para sus abuelos Manuel Guerrero y Alfonso Zamora, así como para su padre Juan Miguel Guerrero: «Los tres se sabían Caravaca con pasión fiel: cada callejuela, cada cicatriz, cada aroma», puso de manifiesto sobre ellos.
Durante el pregón, que fue seguido por cientos de caravaqueños, recordó momentos de la fiesta como la Bandeja de Flores: «El alcalde depositó en la Bandeja de Flores el bastón de mando, en un gesto que simboliza a Caravaca rendida ante su Cruz… y es ese orgullo, esa determinación, ese amor y esos sueños son los que el alcalde ofrece cada año en la Bandeja de Flores», explicó.
Sobre el festejo de los Caballos del Vino y su mágica mañana destacó que «apenas despunta el alba, Caravaca se transforma. Con esos primeros rayos de sol que comienzan a desperezarla, se despierta una ciudad que, ilusionada, se dispone a evocar nuevamente el pasado».
Guerrero Zamora revivió el inicio de la renovación de las fiestas en 1959. «Desde entonces mi infancia es recuerdo alegre, olor a nostalgia con el que me gustaría sacudir el polvo de los días y poder cumplir una vez más, un año más, el sagrado rito de salir de mi casa de la mano de mi padre vestido de templario», afirmó. Así como todos los rituales que se celebran en esta Semana Grande.
«Si cerráis los ojos y miráis en lo escondido, podréis ver conmigo el corazón que cada caravaqueño pone en cada flor, en cada gota de agua, en cada beso que, desde la devoción más sincera, se le entrega a la Santa y Vera Cruz», detalló sobre los caravaqueños, a los que convocó a «volver a vivir, a recobrar lo que tantos caravaqueños nos han ido legando a lo largo de los siglos, a desnudar de nuevo vuestra alma festera. Os llamo a Caravaca, a su Fiesta y a su Cruz».
El pregonero fue presentado por su amigo Gonzalo López Auguy, quien recordó sobre él que es heredero de una saga familiar clave en la identidad festera y cultural del municipio: «Manuel Alfonso no solo es de Caravaca, es Caravaca misma». Y subrayó que se trata de «un referente festero, jurista y servidor público con un profundo ADN caravaqueño».
Por último, antes del encendido de luces, el alcalde de Caravaca, José Francisco García, y el hermano mayor de la Cofradía, Jesús López, desearon a todos los caravaqueños unas inolvidables fiestas de mayo.
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