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Un Mar de Compromisos

Las tres claves para liderar la nueva revolución industrial de la Región

La segunda sesión del Consejo de Industria e Innovación Tecnológica plantea una estrategia que ayude a crecer al ecosistema murciano

Los miembros de la segunda reunión del Consejo de Industria e Innovación Tecnológica de la Región de Murcia, de izquierda a derecha: María José Aragón, Pablo Salvador Blesa Aledo, José Alberto Pardo, Federico Miralles, Antonio Calvo, Rafael Martínez y Patricio Valverde.

Los miembros de la segunda reunión del Consejo de Industria e Innovación Tecnológica de la Región de Murcia, de izquierda a derecha: María José Aragón, Pablo Salvador Blesa Aledo, José Alberto Pardo, Federico Miralles, Antonio Calvo, Rafael Martínez y Patricio Valverde. / Israel Sánchez

La Región de Murcia cuenta con una base industrial potente y con oportunidades de seguir creciendo, pero para lograrlo todavía necesita resolver cuellos de botella en infraestructuras, ajustar la formación a las necesidades de las empresas y cambiar la imagen social de una industria que aún no siempre se reconoce como motor económico del territorio. Esa fue una de las principales conclusiones a las que se llegó en la segunda reunión del Consejo de Industria e Innovación Tecnológica de la Región de Murcia, celebrada en el marco del Foro Económico y Social del Mediterráneo.

El encuentro, celebrado en las instalaciones de La Opinión, sirvió para avanzar desde el diagnóstico inicial hacia la formulación de propuestas concretas. Presidido por José Alberto Pardo, director de La Opinión de Murcia y presidente de la comisión, reunió a representantes de la Administración regional, el Instituto de Fomento, universidades, centros vinculados a la innovación y organizaciones empresariales.

La sesión partía del trabajo realizado en la primera reunión, celebrada el 25 de marzo, en la que se reivindicó a la Región como potencia industrial del Mediterráneo. En esta segunda jornada, el debate se centró en cómo convertir esa realidad en una estrategia reconocible, ordenada y capaz de superar los principales obstáculos que limitan el desarrollo industrial.

El problema de la red eléctrica

El primer gran obstáculo identificado fue el de las infraestructuras, con la energía como elemento central. La red eléctrica se posiciona así como uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento industrial, a juicio de Federico Miralles, director general de Industria, Energía y Minas. Miralles expuso que el 82% de los nodos de la Región están saturados, una situación que limita tanto la llegada de nuevos proyectos industriales como el propio crecimiento urbanístico.

El diagnóstico apunta a un déficit histórico de planificación energética. Miralles señaló que se ha obtenido un 74% de lo solicitado en planificación, un avance relevante pero todavía insuficiente para responder a las necesidades de un territorio que aspira a consolidar su posición industrial. A ello se suma, añadió, la regulación estatal que limita la inversión en redes de distribución y el retraso en la materialización de los incrementos de la capacidad inversora en un 62%.

Actuar en lo estructural

Por otro lado, el Consejo también puso en el centro del debate algunas infraestructuras que pueden ser claves para el desarrollo industrial de la Región, pero que dependen de decisiones estatales o de grandes acuerdos políticos, como pueden ser el Corredor Mediterráneo y El Gorguel (ampliación del puerto de Cartagena).

Ante esta tesitura, el director general defendió que, sin embargo, la Región sí puede actuar en varios frentes, como la reducción de trabas burocráticas -gracias a la ley de simplificación administrativa-; la planificación técnica anticipada, como el estudio de corredores energéticos y la preparación del territorio para ejecutar inversiones con rapidez cuando lleguen.

Junto a ese margen de actuación, la energía renovable aparece como una oportunidad estratégica, según Miralles. El potencial fotovoltaico de la Región permite plantear la energía no solo como problema, sino como ventaja competitiva. En el encuentro, el director general apuntó la posibilidad de atraer industrias intensivas en consumo energético, como centros de datos o industria tecnológica, si la Región consigue ordenar sus capacidades y resolver las limitaciones de acceso a la red.

Falta de personal cualificado

El segundo gran bloque de preocupación fue el capital humano. La falta de personal cualificado aparece como un problema inmediato y recurrente para las empresas industriales. Pero el Consejo fue más allá del diagnóstico habitual sobre escasez de perfiles: el problema no se limita a la falta de plazas o programas formativos; tiene también una raíz cultural.

Según expuso Miralles durante la reunión, existen ciclos y plazas que no se cubren, hasta el punto de que se han cerrado formaciones por falta de alumnado. Esto revela un desajuste entre lo que demanda el tejido productivo y lo que eligen o perciben como atractivo los jóvenes y sus familias.

María José Aragón, jefa del Departamento de Economía de FREMM, situó el foco en «el relevo generacional» y la falta de atractivo de determinados «oficios tradicionales, como pueden ser el de electricista o fontanero». Muchas ocupaciones industriales siguen asociadas a una imagen antigua, cuando en realidad han evolucionado hacia perfiles con alta carga tecnológica, según expuso Aragón. Otro ejemplo que puso de relieve fue el del electromecánico, «un oficio que ya no es meramente manual, sino que se ha convertido en un perfil que requiere competencias informáticas avanzadas».

De la mano de las empresas

La relación entre sistema educativo y empresa ocupó una parte relevante del debate. Desde la universidad, Pablo Salvador Blesa Aledo, vicerrector de Relaciones Internacionales y Comunicación de la UCAM, y Antonio Calvo, vicerrector de Economía de la Universidad de Murcia (UMU), coincidieron en la necesidad de reforzar la conexión con el tejido productivo.

Calvo fue crítico con la «insuficiencia» de las prácticas académicas tradicionales. La idea que planteó es que la empresa debe tener más peso en la definición de las necesidades formativas y que la experiencia en el entorno productivo no puede quedar reducida a una fase breve o periférica. En ese contexto, la formación dual apareció como una prioridad estratégica.

El vicerrector de Economía de la UMU considera necesario avanzar hacia modelos más intensivos, en los que una parte sustancial de la formación se desarrolle en la empresa durante «al menos seis meses».

Otro de los grandes bloques de alternativas giró en torno a la transferencia de conocimiento entre universidad y empresa. En este sentido, Patricio Valverde, gerente de la Fundación Isaac Peral, insistió en que la transferencia debe ser bidireccional y mucho más profunda. No basta con crear cátedras o realizar prácticas; es necesario generar un flujo constante de conocimiento que conecte necesidades empresariales con capacidades académicas.

Dignificar y modernizar la FP

La Formación Profesional fue otro de los ejes de consenso. Los participantes subrayaron la necesidad de «dignificarla» y presentarla como una vía de alta cualificación, empleabilidad y modernización industrial. El debate recogió que la FP arrastra todavía estereotipos que no se corresponden con la realidad actual de muchos puestos industriales.

El cambio de percepción empieza, según se planteó, por explicar mejor qué hacen hoy las empresas, qué perfiles buscan y qué oportunidades ofrecen. La industria ya no puede presentarse con códigos antiguos si quiere atraer talento joven: debe mostrarse como un ámbito tecnológico, innovador y con capacidad para generar empleo de calidad.

Las microcredenciales se plantean en este contexto como una herramienta complementaria para responder con rapidez a demandas concretas. Rafael Martínez, jefe de Área de Iniciativas Estratégicas del INFO, introdujo esta vía como fórmula flexible para recualificar perfiles y cubrir necesidades en sostenibilidad, economía circular, innovación y nuevas tecnologías. No sustituyen a las grandes reformas formativas, pero pueden ayudar a resolver déficits específicos en sectores emergentes, explicó.

Pablo Blesa, por su parte, se mostró optimista al señalar que este cambio ya está en marcha. Según su percepción, el estigma social comienza a desaparecer y la FP está ganando atractivo debido a su mayor empleabilidad.

El problema de la percepción

El Consejo dejó claro que muchas soluciones técnicas pueden quedarse cortas si no cambia la percepción social de la industria. La falta de vocaciones, el desinterés por algunos ciclos formativos y la dificultad para atraer talento joven tienen relación directa con la imagen que proyecta el sector.

Por eso se planteó intervenir desde edades tempranas. Acercar la industria a los institutos, organizar jornadas divulgativas y mostrar ejemplos reales de profesionales y empresas fueron algunas de las líneas de actuación señaladas. Patricio Valverde defendió la utilidad de llevar al aula experiencias concretas para que los estudiantes conozcan de primera mano qué oportunidades existen.

Una estrategia con proyección

El Consejo perfila una estrategia de triple palanca: energía e infraestructuras para desbloquear el crecimiento, capital humano para sostenerlo y percepción social para hacerlo reconocible y atractivo. Las tres dimensiones aparecen conectadas. No habrá nuevos proyectos sin energía suficiente; no habrá crecimiento sin talento; y no habrá talento si la industria no se percibe como un espacio moderno, tecnológico y con futuro.

Las conclusiones provisionales de esta segunda sesión serán parte del trabajo que el Foro Económico y Social del Mediterráneo, impulsado por Prensa Ibérica, llevará a su gran encuentro de los días 16, 17 y 18 de junio en Barcelona. Allí se expondrán los grandes retos del arco mediterráneo y se formularán propuestas a medio y largo plazo a partir del trabajo de los consejos territoriales.

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