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Divulgación

Dormir más el fin de semana no borra la deuda acumulada entre semana, advierte una experta de la UMU

Alterar los horarios, recortar el descanso diario y confiar en ‘recuperar’ el sueño más adelante pasa factura física, cognitiva y metabólica, según defiende la investigadora María Ángeles Bonmatí

Una joven durmiendo.

Una joven durmiendo. / Pexels

La idea de recuperar horas de sueño el sábado y el domingo está profundamente arraigada. Sin embargo, la fisiología humana no funciona con ‘balances semanales’. La investigadora María Ángeles Bonmatí, doctora en Fisiología, profesora en la Universidad de Murcia (UMU) e investigadora en el Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB), advierte que el descanso perdido no se puede compensar con ‘atracones’ de sueño tardíos.

El despertador marca el ritmo de millones de personas de lunes a viernes, casi siempre por delante de lo que el cuerpo desearía. Según explica Bonmatí, esa rutina suele implicar levantarse "generalmente sin el suficiente descanso", lo que alimenta una promesa tan extendida como engañosa: ya se dormirá el fin de semana.

Este hábito, conocido como ‘catch-up sleep’, describe la tendencia a dormir más durante los días libres para compensar la falta de sueño acumulada. Bonmatí plantea la cuestión de fondo: si esta práctica responde realmente a una necesidad fisiológica o si se trata de una percepción equivocada sobre cómo funciona el descanso.

Mientras dormimos el organismo activa procesos esenciales, como la reparación de tejidos

Para entenderlo, la investigadora subraya que es imprescindible conocer qué ocurre durante el sueño. Mientras dormimos, el organismo activa procesos esenciales: aumenta la síntesis de proteínas que reparan tejidos y se liberan hormonas que guían estas funciones. Además, el sistema inmunitario "se entrena" y el cerebro reorganiza sus conexiones, consolidando recuerdos y eliminando otros.

Bonmatí también destaca un mecanismo clave: durante el sueño se reducen metabolitos como la adenosina y se eliminan residuos como la proteína beta-amiloide. Esta limpieza está vinculada al proceso homeostático, que regula la necesidad de dormir en función del tiempo que llevamos despiertos. "Actúa como un reloj de arena", señala, acumulando presión de sueño a lo largo del día.

A este sistema se suma el ritmo circadiano, encargado de programar cuándo dormir. Ambos procesos funcionan de manera coordinada y bajo un principio fundamental: el organismo se rige por ciclos de aproximadamente 24 horas. Es en este punto donde la idea de recuperar sueño empieza a tambalearse.

Más allá del número exacto de horas que debe dormir, en promedio, un adulto, la investigadora propone un criterio práctico: evaluar el bienestar diario. Si existe un buen rendimiento físico y cognitivo, un estado de ánimo estable y no se percibe el día como una carga desde el inicio, es probable que el descanso sea suficiente, según afirma la docente de la Universidad de Murcia.

El problema surge cuando ese equilibrio se rompe durante la semana. Bonmatí describe cómo, al no dedicar el tiempo necesario al sueño, el organismo no completa los procesos de reparación. Esto se traduce en una sensación acumulativa de fatiga, que lleva a confiar en el fin de semana como solución.

El metabolismo responde a patrones diarios, no a promedios semanales

María Ángeles Bonmatí

— Doctora en Fisiología, profesora en UMU e investigadora en el IMIB

Cuando llegan esos días, muchas personas duermen más horas con la idea de "pagar" la deuda pendiente. Pero, según la investigadora, la evidencia científica ofrece matices importantes. Algunos estudios apuntan a que el ‘catch-up sleep’ podría reducir ciertos síntomas diarios de depresión, aunque este beneficio se limita a diferencias de hasta dos horas respecto a los días laborables.

Aun así, Bonmatí cuestiona si esos efectos no serían mayores manteniendo un descanso adecuado cada día. Además, recuerda que el déficit de sueño se ha asociado con problemas metabólicos, cardiovasculares, cognitivos, envejecimiento prematuro e incluso algunos tipos de cáncer. "¿Con el sueño que pretendemos recuperar durante el fin de semana conseguimos compensar el perjuicio causado en el día a día?", se pregunta Bonmatí.

La clave, explica, está en cómo interpreta el cuerpo estos cambios. "Nuestra fisiología entiende de periodos de 24 horas", afirma, y no distingue entre días laborales y fines de semana. "El metabolismo responde a patrones diarios, no a promedios semanales".

Por ello, alternar falta de sueño con intentos de recuperación puede provocar "cronodisrupción", conocida como ‘jet lag social’. Este desajuste refuerza la idea central: "No es posible compensar el daño acumulado en la salud metabólica durmiendo más el fin de semana. La falta de sueño diaria no se corrige con descansos ocasionales".

No existe una cifra universal

Sobre cuántas horas necesita dormir cada persona, la investigadora del IMIB y profesora de la UMU, María Ángeles Bonmatí, considera que "depende". Aunque en adultos se sitúa en torno a 7 u 8 horas diarias, insiste en que no existe una cifra universal. Factores como la edad o la genética influyen en estas necesidades, dando lugar a lo que denomina ‘short sleepers’ y ‘long sleepers’, personas que requieren menos o más horas de descanso.

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