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Geología

Mucho más que rocas: el legado que refleja la identidad de los territorios y que corre el riesgo de desaparecer

Un investigador de la Universidad de Murcia documenta saberes geológicos ancestrales para preservar oficios, paisajes culturales y memoria colectiva

Gredas de Bolnuevo, lugar geológico visitadotradicionalmente por su gran belleza.

Gredas de Bolnuevo, lugar geológico visitadotradicionalmente por su gran belleza. / L.O.

La identificación y catalogación de la geodiversidad no solo permite proteger enclaves naturales de alto valor científico o paisajístico; también abre una vía para recuperar saberes tradicionales y oficios artesanales que forman parte de la identidad de los territorios. El trabajo que desarrolla el investigador de la Universidad de Murcia (UMU) José Fidel Rosillo Martínez sitúa esta doble dimensión -natural y cultural- en el centro de una propuesta que aspira a llenar un vacío en los inventarios oficiales y a evitar la desaparición de un patrimonio tan antiguo como la relación del ser humano con la Tierra.

La geodiversidad, explica Rosillo, es «la variedad de elementos geológicos, incluidos rocas, minerales, fósiles, suelos, formas del relieve, formaciones y unidades geológicas y paisajes que son el producto y registro de la evolución de la Tierra». Frente a una visión habitual de la naturaleza centrada en los seres vivos, recuerda que esta también está compuesta por materia no viva. «Para que exista la biodiversidad es necesaria la geodiversidad y no se puede estudiar la naturaleza o el patrimonio natural sin tener en cuenta ambos conceptos», señala.

A partir de esta premisa, su investigación se ha orientado al desarrollo y mejora de dos instrumentos contemplados en la Ley 42/2007 de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad: el inventario de lugares de interés geológico y el inventario de conocimientos tradicionales vinculados al patrimonio natural. Es en este segundo ámbito donde detecta una carencia significativa. Mientras que el inventario geológico «está bastante bien trabajado, aunque con muchas posibilidades de mejora», el relativo a conocimientos tradicionales presenta un vacío en lo que respecta a la geodiversidad.

Según detalla, existen miles de fichas sobre usos tradicionales de plantas, pero «no hay nada hecho respecto a los usos tradicionales de la geodiversidad», como el aprovechamiento del yeso, la cal, la arcilla o el agua. Este déficit contrasta con la realidad que ha podido constatar en el territorio.

Para abordar esta laguna, Rosillo desarrolló en su tesis doctoral una propuesta metodológica basada en tres conceptos: los Conocimientos y Usos Tradicionales de la Geodiversidad (CUTG), los Lugares de Interés asociados a estos usos (LICUTG) y los Elementos derivados de ellos (ECUTG). A partir de estas definiciones, elaboró un modelo de inventario que permite identificar desde explotaciones artesanales hasta espacios vinculados a tradiciones, leyendas o prácticas culturales.

Más allá de su dimensión técnica, el inventario persigue documentar una relación histórica entre el ser humano y el medio geológico que se remonta a los orígenes de la humanidad. La presencia de industria lítica y el uso de recursos como el agua o los minerales «nos indica que la relación del ser humano con la geodiversidad es muy antigua», explica. Esta conexión ha sido clave para el desarrollo humano y se ha transmitido durante generaciones a través de oficios y prácticas tradicionales.

Cueva de la Horadada en el Monte Arabí, lugar geológico origen de leyendas.

Cueva de la Horadada en el Monte Arabí, lugar geológico origen de leyendas. / L.O.

Sin embargo, ese legado se encuentra hoy en riesgo. «Hay oficios tradicionales relacionados con la geodiversidad como el de yesero, calero, vidriero, alfarero que se han perdido o se están perdiendo por los avances tecnológicos», advierte. A esta desaparición se suma la de las infraestructuras asociadas y la pérdida de conocimiento, muchas veces transmitido únicamente de forma oral. «Aún quedan personas que trabajaron en estos oficios, pero de avanzada edad», añade.

El impacto de esta pérdida trasciende lo material. Según Rosillo, la desaparición de estos saberes «puede generar un gran impacto negativo en la identidad de una comunidad». En un contexto marcado por la globalización y el abandono del medio rural, las nuevas generaciones desconocen en muchos casos los oficios de sus antepasados. Este fenómeno resulta especialmente acusado en pequeñas localidades o pueblos despoblados, donde «se ha perdido la población y también la identidad».

El inventariado se presenta así como una herramienta clave no solo para documentar, sino también para proteger y revitalizar este patrimonio. Registrar estos conocimientos «permitirá proteger estos saberes y potenciar talleres, actividades culturales, naturales y turísticas que repercutan en el desarrollo de los pueblos», señala el investigador de la UMU. En este sentido, el trabajo ya se está aplicando a escala local en municipios como Mazarrón o Aledo.

Salto del Usero

Uno de los ejemplos más significativos de la conexión entre inventario y protección es el caso del Salto del Usero, declarado Monumento Natural. Este enclave se ha convertido en el primero en España cuya declaración ha tenido en cuenta los conocimientos y usos tradicionales de la geodiversidad. Según explica Rosillo, la legislación permite que estos lugares, por su singularidad y valor científico, cultural o paisajístico, sean objeto de protección especial.

La inclusión de estos criterios en la declaración del Salto del Usero «abre el camino para la declaración de otros lugares similares en España», afirma. Entre ellos, se estudia la posible propuesta del Estrecho de la Agualeja, en Aledo. Este avance ha sido posible gracias al trabajo conjunto de grupos de investigación de la Universidad de Murcia y la colaboración con instituciones científicas.

El alcance del proyecto supera el ámbito regional. Las propuestas desarrolladas han sido presentadas en diferentes territorios, como el Geoparque de Granada o el del Courel, y han sido objeto de conferencias a nivel nacional. Además, Rosillo mantiene contactos con el Ministerio para la Transición Ecológica con el objetivo de incorporar este modelo al inventario nacional.

Conocimientos perdidos

El trabajo de campo, sin embargo, plantea dificultades significativas. La principal es la desaparición de las personas que conservaban estos saberes. «Muchos de estos conocimientos se han perdido con ellos», reconoce. A ello se suma la escasez de documentación y la desaparición de instalaciones tradicionales. En ocasiones, el investigador se encuentra con restos materiales -canteras, hornos o estructuras- que permiten intuir la actividad, pero sin acceso a los detalles sobre técnicas o formas de trabajo.

Ese vacío, precisamente, es el que el inventariado trata de llenar: registrar, antes de que desaparezca definitivamente, una parte esencial del patrimonio natural y cultural que ha modelado tanto el paisaje como la vida de las comunidades.

Un investigador de referencia sobre la geodiversidad

José Fidel Rosillo Martínez, autor del inventario de usos tradicionales de la geodiversidad, es geólogo por la Universidad de Granada y doctor por la Universidad de Murcia, donde ha desarrollado buena parte de su trayectoria investigadora. Actualmente ejerce como profesor de Biología y Geología en Educación Secundaria y Bachillerato en el IES Poeta Sánchez Bautista de Llano de Brujas, y ha sido profesor asociado de Geología en la Universidad de Murcia.

Su labor científica está vinculada al Grupo de Investigación de Geología de esta universidad, desde donde ha impulsado estudios sobre patrimonio geológico y, especialmente, sobre los conocimientos y usos tradicionales de la geodiversidad. En este ámbito, ha desarrollado propuestas metodológicas y de inventariado que buscan integrar estos saberes en los instrumentos oficiales de protección del patrimonio natural.

Rosillo ha trabajado en colaboración con investigadores como Francisco Guillén Mondéjar, Mª Asunción Alias Linares y Antonio Sánchez Navarro, con quienes ha participado en conferencias, publicaciones científicas y propuestas legislativas. También ha dirigido y tutorizado trabajos académicos, entre los que destacan los realizados por Marta Inmaculada Baranda Ibáñez en el Monte Arabí y José Antonio Pérez Martínez en el Estrecho de la Agualeja.

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