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Lo exótico y lo cercano

Costa Brava Pirineu: el viaje donde no tienes que elegir

Puente de Besalú.

Puente de Besalú. / C. M.

Carlos Moyano

Carlos Moyano

Creo que pocas provincias pueden presumir de un lema tan bien elegido como Girona. Es simple, directo y, lo más importante, es cierto. Aquí, el viaje entre montañas y calas escondidas es sorprendentemente corto… y está lleno de sorpresas. De esas que no se planean, pero se quedan contigo.

Voy al grano: es el momento perfecto para visitar esta zona. En mi último viaje me sorprendió la escasez de turistas españoles, como si no supiéramos apreciar lo que tenemos o como si las tensiones de hace unos años aún no hubiesen terminado de desaparecer. Abril y mayo son, además, meses ideales: buen tiempo, menos gente y la sensación de tener muchos rincones casi para ti solo, como si el paisaje te perteneciera durante un rato.

Por eso hoy te cuento mi escapada de cuatro días por la Costa Brava y el Pirineo.

Día 1

A algunos todavía les sorprende, pero sí: en Girona, de primeras, te hablan en catalán. No te preocupes, no es como dice tu cuñado. En cuanto lo pides, te hablan en castellano sin problema y con total amabilidad, como nos ocurrió nada más llegar.

Nuestra primera parada fue Blanes, la puerta de la Costa Brava. Comimos frente al mar y entendimos rápido lo que define esta costa: no esperes grandes playas, sino pequeñas calas llenas de encanto. Rincones que quieres recorrer enteros, ya sea con una toalla o imaginando que eres el dueño de esa casa imposible colgada del acantilado, de las que dan envidia aunque no quieras.

Entre todos esos lugares, hay uno que destaca: el Jardín Botánico Marimurtra. Te recomiendo ir a primera o última hora del día. Su palacete junto al mar se ha convertido en uno de los puntos más visitados de la zona, y aunque hay que esperar, merece la pena. Podría pasar por un rincón de Grecia o Italia… pero está aquí. Casi parece sacado de Desembarco del Rey, de hecho creo que alguna escena se grabó por aquí. Por cierto, a última hora la entrada es más barata.

Después de este primer contacto con la costa, en apenas 40 minutos llegamos a Girona. Hacía años que no la visitaba y fue una sorpresa. Ciudad universitaria, viva, llena de librerías, cafeterías y plazas con ambiente, pero también con un casco histórico medieval de los más bonitos de la península.

Entre la tarde y la mañana siguiente tendrás tiempo suficiente para entenderla. Un consejo: prueba los xuxos y haz parada obligatoria en la heladería de los hermanos Roca. Hay ciudades que solo se visitan y esta además se saborea.

Día 2

Dejamos Girona y nos adentramos en los pueblos medievales. Pals es uno de los imprescindibles, no solo por lo bien conservado que está, sino también por su arroz, que sabe a tradición y a tierra.

Esa mañana la dedicamos a recorrer la zona en bici eléctrica, una forma perfecta de disfrutar del entorno si el tiempo acompaña. Pedaleando entre campos y caminos, te haces una mejor idea de cómo se vive en esta zona tan tranquila.

Después, volvemos a la costa. En Tamariu comimos en el Hostalillo, probablemente uno de los restaurantes con mejores vistas en los que he estado. Y para bajar la comida, nada mejor que el Camino de Ronda en Calella de Palafrugell.

Aquí entiendes lo que es el Mediterráneo en estado puro. Un paseo sencillo, bonito y que, si lo haces al atardecer, termina de enamorarte de la Costa Brava, cuando la luz cae despacio y el mar empieza a teñirse de diferentes tonos según la hora.

Esa noche dormimos en Roses, una ciudad con pasado romano que merece, al menos, un paseo tranquilo junto al mar, tranquilos, sin prisas y al menos intentando despejar la cabeza

Día 3

Fue, sin duda, mi día favorito. Nos habían advertido del viento en Cap de Creus, pero tuvimos suerte: día perfecto. De esos que convierten un buen sitio en algo inolvidable.

Este parque natural es único. Cientos de rutas que llevan a calas casi vírgenes y que, en esta época, puedes disfrutar prácticamente en soledad. Creía que decir esto en esta zona ya era misión imposible, pero comprobé que no.

Y como puerta de entrada, uno de los pueblos más bonitos de la zona: Cadaqués.

Dalí ayudó a ponerlo en el mapa, pero la verdad es que no necesitaba mucha ayuda. Aislado, escondido entre colinas, con calles blancas y un paseo marítimo que parece detenido en el tiempo, Cadaqués tiene algo especial y no hace falta estar mucho tiempo allí para darse cuenta..

Siguiendo el rastro de Dalí, visitamos Figueres y su museo. Merece la pena, sobre todo si te interesa el artista. Pregunta rápida, pero difícil de contestar: ¿eres de los que separan la obra del artista? Puedes contestarme en mis redes sociales si te apetece

Pero si hay dos paradas que no puedes saltarte son Besalú y Castellfollit de la Roca. Dos pueblos medievales con ubicaciones difíciles de igualar, elevados sobre el río y perfectos para esa foto que sabes que vas a guardar… aunque la imagen nunca haga justicia del todo.

Esa noche dormimos en Santa Pau, un lugar del que no esperábamos nada… y que terminó siendo nuestro favorito.

Día 4

En Santa Pau te recomiendo alojarte en Cal Sastre. Despertarte prácticamente junto al castillo ya merece la pena, pero además podrás probar las famosas fesols de la zona. Su propietario, Jesús, hace que la experiencia sea aún mejor.

Después de visitar el pueblo, es momento de explorar el Parque Natural de la Garrotxa. Desde Castellfollit, entras en una zona volcánica única en la península.

Volcanes dormidos, rutas entre bosques y alguna que otra cascada. Un paisaje muy tranquilo… si no piensas mucho lo que duerme bajo tus pies.

Y si quieres rematarlo bien, haz una última parada en el Hostal dels Ossos. Cocina de montaña, producto local y platos contundentes. Mi recomendación: las patatas de Olot, rellenas de carne. No las había probado nunca y ya estoy deseando repetir.

Me habría gustado detenerme más en cada lugar, pero el espacio es el que es. Aun así, espero haberte dejado con ganas de descubrir esta zona donde, en apenas una hora, puedes pasar del mar a la montaña… e incluso a la nieve.

Pocos sitios en la península pueden decir eso.

Y quizá por eso, aquí no tienes que elegir, hay viajes más complicados de organizar, pero este, sin embargo, puede ser genial, parando donde te apetezca, sin rumbo fijo, aunque siempre puedes seguir estas recomendaciones.

Si tienes cualquier duda, puedes preguntarme en mi cuenta de Instagram @carolomoyo.

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