Medio ambiente
El agua narra su historia en la nueva sala inmersiva del Museo de la Huerta de Alcantarilla: una experiencia sensorial única
La nueva instalación envuelve al visitante con proyecciones 360º, sonido envolvente y un relato que guía un viaje al pasado y al presente de uno de los pilares de la identidad murciana

A.L.V.
La luz envuelve el espacio desde el primer momento. No hay penumbra ni transición brusca: la inmersión llega a través del color, del sonido y del movimiento. Las paredes se convierten en piel viva y el visitante pasea la mirada y siente cómo el entorno late a su alrededor. Una voz —grave, cálida, serena— comienza a narrar una historia que no solo se escucha, sino que se siente. Así fue ayer la prueba piloto de la nueva sala inmersiva del Museo de la Huerta en Alcantarilla, una experiencia que convierte al visitante en testigo, en viajero y, por momentos, en parte del propio relato.
Esta Redacción ha podido asistir al primer ensayo de lo que será el primer entorno inmersivo de estas características en un museo de la Región de Murcia, con posible apertura en menos de dos meses. Música, sonido ambiente y proyección envolvente construyen un relato sensorial que sumerge al espectador en la memoria y la transformación del paisaje de la huerta.
La directora del Museo de la Huerta, Raquel Hernández, explica que el objetivo de este proyecto es que el visitante "se ponga en situación, que experimente esa sensación del agua, de la materia prima, de la huerta… y que sienta todo ese proceso ligado a nuestro patrimonio inmaterial más identitario". El planteamiento es tan emocional como técnico. El relato, con imágenes reales, animaciones y una duración de unos cinco minutos, está contado desde la perspectiva del río Segura y el agua, que narra su propio recorrido a través del tiempo y del territorio, desde el origen histórico de la huerta hasta su configuración actual, pasando por algunos episodios que han marcado su destino, como las temibles riadas.
Según Hernández, el proyecto busca "reflejar cómo el agua ha ido modelando la huerta, cómo nacen las acequias, cómo cambian, cómo se transforman y cómo conviven con el urbanismo actual". La experiencia combina 19 proyectores láser de alta definición y técnicas avanzadas para conseguir una imagen unificada en 360º y de gran impacto, como el blending, que permite la mezcla precisa de los bordes de proyección; el warping, que adapta las imágenes a superficies irregulares; y el mapping, para ajustar los contenidos a los volúmenes arquitectónicos del espacio. La directora reconoce que todavía se están afinando detalles: "Estamos ajustando pequeños elementos. El sonido es clave, la música también, todo contribuye a crear esa atmósfera. Queremos que el visitante lo sienta realmente".

Un momento de la prueba piloto de sala inmersiva del Museo de la Huerta en Alcantarilla. / Juan Carlos Caval
La sala, que ocupa el espacio de la antigua zona de exposiciones temporales del museo, se convierte así en un punto de entrada a una experiencia sensorial que quiere despertar emociones, pero también conciencia patrimonial, presente y futura. "El museo tiene que ser un vehículo para transmitir el patrimonio inmaterial. Queremos que la gente lo entienda, lo valore y lo transmita a las nuevas generaciones", afirma Hernández.
La alcaldesa de Alcantarilla, Paqui Terol, que también ha participado en esta primera prueba, coincide en la singularidad del proyecto: "Es una propuesta única en la Región de Murcia. No conozco ningún museo que tenga una sala inmersiva de estas características". Tras la primera proyección, Terol reconoce también que aún quedan aspectos por pulir, pero se muestra convencida de que la experiencia será "extraordinaria" una vez esté totalmente ajustada. "Hay que mejorar algunas transiciones entre pantallas, y nos gustaría incorporar más escenas con movimiento, porque son las que generan esa sensación de estar realmente dentro", apunta.
Uno de los elementos más destacados de la experiencia es la narración en primera persona. No hay un narrador externo: es el propio agua quien guía al usuario. "Queremos que la gente entienda la importancia del agua para nosotros, para los agricultores, para toda la Región. Que se sientan parte de esa historia, que la vivan", explica Terol.
La inversión en esta sala inmersiva forma parte de un proyecto global financiado en gran medida por fondos europeos. Aunque la cifra exacta dedicada al espacio inmersivo no está cerrada, Hernández apunta que podría rondar los 325.000 euros. La apertura oficial está prevista en breve, una vez finalicen los últimos ajustes técnicos.

Directora del Museo de la Huerta, Raquel Hernández, ayer tras la prueba de la sala inmersiva. / Juan Carlos Caval
Tanto la dirección del museo como el Ayuntamiento confían en que este nuevo espacio no solo atraiga al público local, sino también visitantes de toda la Región de Murcia e incluso de fuera de ella. "Queremos ser un referente nacional e internacional", señala Hernández. Terol, por su parte, anima a quienes aún no conocen el museo a visitarlo: "Este es el museo de toda la Región. Queremos que la gente venga, lo disfrute y que además aproveche para conocer el entorno, la gastronomía y todo lo que ofrece Alcantarilla".
Una renovación que comenzó en 2021
La transformación del Museo de la Huerta se articula como un proceso continuado que arrancó en 2021. La primera fase de modernización renovó por completo el interior del museo, reorganizó el recorrido expositivo y habilitó una entrada accesible, eliminando barreras físicas y adaptando la museografía a nuevos públicos. Aquella etapa consolidó un relato más claro sobre la vida tradicional de la huerta, incorporando recreaciones de viviendas, oficios, sonidos y elementos patrimoniales vinculados al agua y a la vida cotidiana.
A partir de 2024, comenzó una segunda fase centrada en el exterior del recinto y en la incorporación de tecnología y experiencias inmersivas. Esta etapa incluye la creación de una nueva zona para la exposición de carruajes, un aula didáctica en el antiguo edificio de Tejeduría, la mejora integral de la accesibilidad con caminos adaptados y señalización inclusiva, así como un nuevo vallado perimetral inspirado en los cerramientos tradicionales de caña. También se está actuando sobre la barraca tradicional, el escenario exterior y el entorno natural, con la instalación de una pasarela sobre la acequia del Turbedal para conectar el museo con el Parque del Acueducto.

Acceso al Museo de la Huerta de Alcantarilla, todavía inmerso en las obras de renovación. / Juan Carlos Caval
La tercera línea de intervención se centra en la experiencia del visitante y la digitalización. En este contexto se enmarca la nueva sala inmersiva, así como recursos interactivos, ingenios hidráulicos recuperados, elementos audiovisuales en el recorrido exterior y herramientas de guía autónoma. El objetivo de esta modernización, financiada con fondos europeos, es reforzar el valor del patrimonio hidráulico y etnográfico, garantizar la accesibilidad universal y situar al museo como un referente regional en innovación cultural.
La experiencia inmersiva no es un final, sino un comienzo. El museo no descarta ampliar los contenidos audiovisuales en el futuro, incorporando nuevas narrativas y recursos. "Un museo tiene que estar vivo, tiene que renovarse constantemente", apunta Hernández.
Tras la prueba, queda claro que esta sala no es solo una proyección audiovisual, sino una apuesta por contar la historia de la huerta desde dentro, apelando a los sentidos y a la emoción. Una forma de mirar al pasado con tecnología de futuro.
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