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Confesión

El murciano Blas Cantó rompe años de silencio sobre Auryn y revela el miedo que marcó al grupo: "Baja la pluma"

El artista se sincera con Ana Milán sobre una etapa de éxito, silencios y códigos no escritos dentro de la popular 'boyband'

Blas Cantó se sincera en 'Ex. La vida después', el programa de Ana Milán.

Blas Cantó se sincera en 'Ex. La vida después', el programa de Ana Milán. / Cuatro

Juanjo Raja

Juanjo Raja

Hay confesiones que se hacen con años de retraso pero que, cuando llegan, lo cambian todo. Blas Cantó se sentó frente a Ana Milán en 'Ex. La vida después' y, con la calma de quien ya ha hecho las paces con su pasado, desveló algo que había permanecido enterrado bajo capas de imagen, marketing y autoprotección: cuatro de los cinco integrantes de Auryn eran homosexuales.

El dato sacudió el plató. Auryn no fue un grupo cualquiera. Durante sus años de actividad se convirtieron en una de las boybands más populares del país, con una legión de seguidores y una presencia constante en medios. Todo eso, construido sobre un silencio que no era casual.

Nadie les obligó a callarse: eso es lo más duro

Cuando se habla de armarios en la industria musical, el relato habitual apunta a las discográficas como las grandes villanas. Cantó desmontó ese esquema. La presión, dijo, no llegó desde arriba sino desde al lado. Fueron sus propios compañeros quienes, en algún momento, le pidieron que moderara sus gestos, que "bajara la pluma".

Que el mandato viniera de personas que vivían exactamente la misma situación es, probablemente, la parte más amarga de todo el relato. El miedo contagia, y a veces construye sus propias trincheras entre quienes más deberían entenderse.

Con todo, el de Ricote no quiso quedarse en el rencor. Dentro del grupo, aseguró, siempre funcionó un código no escrito de cuidado mutuo: "Siempre nos hemos protegido entre nosotros".

El invento de la chica ideal y la culpa que ya no carga

Ana Milán sacó a relucir algo que cualquier hemeroteca confirma: en aquella época, Cantó habló públicamente de cómo sería su mujer perfecta. Una ficción construida a la vista de todos que él mismo reconoció sin intentar escabullirse.

"Eso fue algo por lo que me culpé, pero ya me he disculpado. Lo contextualizo en ese momento de la historia", dijo. No hubo excusas ni victimismo, sino la perspectiva de alguien que entiende por qué hizo lo que hizo y ha decidido pasar página sin borrarlo.

No era odio. Era miedo y tenía una sentido

Cantó dejó claro que dentro de Auryn no había homofobia. Lo que había era algo quizás más difícil de combatir: un miedo racional, calculado, a convertirse en blanco fácil. "Teníamos miedo al ataque fácil por responder sobre otros temas", explicó, describiendo una estrategia defensiva. "Es como cuando yo me enfadaba con alguien en el pueblo de niño por una bicicleta, un juego o por cualquier tontería y te respondían 'maricón'", aclaró.

El programa podría haber terminado con un mensaje esperanzador sobre la libertad conquistada y los tiempos que cambian. Pero Cantó eligió la honestidad por encima del final bonito. Hoy, con su carrera consolidada y su orientación sexual fuera de cualquier armario, reconoció que le sigue costando mostrar cariño a su pareja en la calle. No porque le avergüence quien es, sino porque algo dentro de él aprendió a estar alerta y todavía no ha olvidado esa lección.

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