Agricultura
Victoria Molina, presidenta de Fademur: "Me han llegado a desear la muerte por pedir igualdad salarial"
El campo afronta el reto del relevo generacional entre estereotipos, falta de servicios e igualdad pendiente, mientras la innovación, la juventud y el liderazgo femenino emergen como claves de futuro

Victoria Molina gestiona una explotación agrícola de tres hectáreas de fruta de hueso, principalmente nectarina. | L.O.
A la abaranera Victoria Molina se le nota en la voz que habla desde la experiencia, pero también desde el compromiso. Agricultora, presidenta de Fademur y referente en la defensa de las mujeres rurales, conoce de primera mano las dificultades del campo… y también su enorme potencial. En plena puesta en marcha de ZagaLab, un laboratorio para impulsar el talento joven en el sector agroalimentario, Molina reivindica un mensaje claro: el medio rural no es pasado, es presente y futuro.
Y ese futuro pasa, necesariamente, por la juventud, la innovación y la igualdad. Victoria Molina no idealiza el campo, pero tampoco permite que se le mire con desprecio o con prejuicios. Habla de dificultades reales —servicios, desigualdad, acceso a recursos—, pero también de avances, oportunidades y vocación. Su mensaje es directo, casi urgente: el relevo generacional no llegará solo. Hace falta creer en el campo. Y, sobre todo, apostar por él.
ZagaLab pone el foco en la juventud. ¿Cómo valora la situación actual del relevo generacional en el sector agroalimentario?
El relevo generacional está complicado, eso es una realidad que todo el mundo conoce. Pero en gran parte se debe a la idea equivocada que existe sobre lo que es trabajar en el campo. Quienes nos dedicamos a esto somos el pilar de la alimentación de toda la sociedad, tanto de quienes viven en el medio rural como en las ciudades. Por eso tenemos que cuidar este entorno y garantizar que siga adelante. Yo, desde luego, no pierdo la esperanza. Hay motivos para confiar: a nivel nacional ya hay más de 200.000 mujeres incorporadas al mundo rural.
¿Qué estereotipos siguen pesando sobre el sector?
El principal es que trabajas en el campo porque no sirves para otra cosa. Y eso sigue existiendo, aunque se diga lo contrario. También se piensa que es un trabajo extremadamente duro, de sol a sol. Pero la realidad ha cambiado mucho. Hoy estamos mecanizados, usamos tecnología, drones, inteligencia artificial… estamos profesionalizados como cualquier otro sector. Además, hay muchísima gente preparada trabajando en el campo, incluso con carreras universitarias.
¿Qué barreras encuentran los jóvenes, especialmente las mujeres?
La principal es la falta de servicios. Hablamos de transporte, de acceso a internet, de recursos básicos. Y en el caso de las mujeres, además, sigue siendo un sector muy masculinizado. Nuestro trabajo muchas veces se considera una ayuda, cuando en realidad es un trabajo con todas las letras. A eso se suma la carga de los cuidados: sin guarderías, centros de día o servicios cercanos, muchas mujeres se lo piensan dos veces. Y es clave entender que si las mujeres se quedan en el campo, se queda toda la familia; si se van, se va todo el núcleo.
¿Qué papel juega la innovación en el futuro del campo?
Es fundamental. La tecnología tiene un valor enorme. Por ejemplo, en mi explotación utilizamos sondas que, mediante inteligencia artificial, nos indican cuándo regar. Gracias a eso, hemos llegado a estar más de un mes sin regar porque no hacía falta. Esto supone un ahorro de agua importantísimo y hace que la producción sea más eficiente y sostenible. También optimizamos el uso de abonos. Es beneficioso para nosotros y para toda la sociedad.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció un paquete de medidas como facilitar el acceso a tierras para jóvenes. ¿Cómo lo valora?
Todo lo que sea facilitar el acceso a la tierra es clave. Es una de las mayores dificultades. Comprar tierras es muy caro, y un joven no siempre puede asumir ese coste. Si se ponen a disposición tierras públicas o se facilitan recursos, eso puede marcar la diferencia para emprender en el sector.
La brecha de género sigue siendo importante…
Sí, es brutal. Solo el 30% de las explotaciones están en manos de mujeres, frente al 70% de hombres. Y en puestos de responsabilidad es aún peor: menos del 4% en gerencias de cooperativas o menos del 1% como pilotos de dron. Además, muchas mujeres trabajan sin estar dadas de alta en la Seguridad Social, lo que afecta a su futuro. La ley de titularidad compartida es una herramienta importante, pero hay que darla a conocer y facilitar su aplicación
.¿Qué aporta ZagaLab en este contexto?
Lo que más me gusta es que se dirige a jóvenes y les transmite un mensaje claro: es posible vivir en el campo. Van a trabajar con retos reales, con innovación, con tecnología… y van a ver experiencias de personas que ya lo han conseguido. Se trata de mostrar tanto lo bueno como lo difícil, pero sobre todo de abrir puertas y generar oportunidades de empleo real.
¿Qué mensaje lanzaría a quienes dudan si apostar por el medio rural?
Les diría: si este es tu sueño, corre a por él. No dejes que te frenen las dificultades, porque no estás solo. Todos hemos pasado momentos complicados: crisis, sequías, pandemias… pero hemos salido adelante. Hay un camino ya iniciado, hemos quitado muchas piedras, aunque quedarán otras. Lo importante es seguir luchando. Necesitamos mujeres y hombres que crean en esto, porque el campo es esencial: somos quienes producimos los alimentos.
Ha participado recientemente en un encuentro internacional con mujeres rurales, en la FAO. ¿Qué se lleva de esa experiencia?
Ha sido maravilloso. Compartir experiencias con mujeres de todo el mundo te hace ver que los problemas son comunes, pero también la fuerza que tenemos. Las mujeres rurales estamos liderando proyectos, sosteniendo territorios e impulsando innovación. Y tenemos que seguir haciéndolo, porque sin nosotras no hay futuro en el campo.
Después de tantos años de lucha, ¿qué la ha mantenido firme en los momentos más difíciles?
La convicción de que lo que estábamos haciendo era justo. He tenido momentos muy duros, incluso personales, pero nunca me he arrepentido. Me han llegado a desear la muerte por pedir igualdad salarial. Cuando luchas por la igualdad y por algo en lo que crees, sabes que va a haber resistencia. Pero también sabes que estás abriendo camino para quienes vienen detrás. Necesitamos hombres y mujeres líderes, que sigan luchando. Eso es lo que te da fuerza para seguir.
¿Cómo imaginas el campo dentro de diez o quince años si se hacen bien las cosas?
Me lo imagino más vivo, más conectado y más igualitario. Con jóvenes trabajando, con mujeres ocupando los espacios que les corresponden, con explotaciones sostenibles y tecnológicamente avanzadas. Un campo donde vivir no sea una desventaja, sino una elección de vida. Y, sobre todo, un campo reconocido como lo que es: imprescindible para toda la sociedad.
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