Medio ambiente
Alarma en Sierra Espuña: temor a una explosión de sarna en el arruí que amenaza a la fauna autóctona
El episodio podría convertirse en el más grave de las últimas décadas en la Región de Murcia: "Esto puede convertirse en un desastre", advierten los ecologistas
La Comunidad rebaja la preocupación: "Los picos de incidencia entran dentro de la dinámica natural de la enfermedad"

Ejemplar de arruí afectado severamente por la sarna en el que se puede ver la pérdida de su pelaje. / Ecologistas en Acción
La aparente bonanza que han traído las lluvias a Sierra Espuña podría esconder una amenaza creciente. En un contexto de alta productividad y abundancia de fauna, expertos alertan de un fuerte repunte de sarna que ya afecta con fuerza a los ungulados salvajes y que podría tener consecuencias graves en pleno inicio de la época de cría.
El foco se ha detectado principalmente en el arruí, pero la preocupación se extiende a otras especies, especialmente a la cabra montés, más vulnerable a esta enfermedad cutánea altamente contagiosa. La coincidencia de factores —lluvias abundantes, incremento poblacional y contacto entre especies— está creando el escenario perfecto para su expansión.
Según explica Rubén Vives, portavoz de Ecologistas en Acción en la Región de Murcia, la gravedad de la situación no es una hipótesis sino una constatación sobre el terreno: "La información la hemos visto nosotros, sobre el terreno".
Según Vives, el parque regional está experimentando "una explosión de sarna que coincide con un año muy bueno de lluvia y una alta productividad en cuanto a cría". Este incremento de individuos, lejos de ser únicamente positivo, facilita la transmisión de la enfermedad. "Cuantos más animales, más fácil lo tiene para expandirse", advierte.

Ejemplares de arruí afectados por la sarna. / Ecologistas en Acción
Un problema que va más allá del arruí
Aunque el pico de incidencia se ha detectado en el arruí, especie catalogada como exótica invasora, su impacto puede ser especialmente severo en la cabra montés, autóctona y más sensible a la sarna. "Por cada arruí afectado, puede haber dos o tres cabras en esas mismas condiciones", señala Vives.
El contacto entre especies es clave en esta transmisión. "Se ven manadas mixtas, arruí y cabra montés juntos. Eso contribuye a que la enfermedad se distribuya", explica. En este sentido, el portavoz ecologista subraya que la presencia del arruí "va a contribuir a que la cabra se infecte más".
El momento del año agrava aún más la situación. La época de cría ya ha comenzado, con hembras preñadas y partos recientes, incluso gemelares debido a las buenas condiciones ambientales. "Las crías nacen en un contexto en el que la enfermedad está muy presente, y eso puede disparar los contagios", añade.

Síntomas visibles de la sarna en los arruís: alopecia y costras gruesas / Ecologistas en Acción
Gestión y debate abierto
Según los colectivos ecoligistas, el pico de sarna también reabre el debate sobre la gestión de la fauna y el papel de la caza deportiva. Vives cuestiona que la actividad cinegética pueda ser una solución eficaz: "El objetivo de la caza son los machos grandes, con cuernas. Pero quienes más sarna tienen son las hembras y las crías, y esos animales no se cazan".
Por ello, apunta a la necesidad de medidas específicas: "La única opción es el sacrificio selectivo de animales enfermos, gestionado por personal especializado, no como actividad deportiva".
La sarna no es nueva en estos ecosistemas —"siempre ha estado ahí", recuerda—, pero sí lo es la magnitud actual del brote. "Seguramente estamos ante uno de los episodios más fuertes de los últimos años, o incluso el mayor", sostiene.
Aunque no supone un riesgo relevante para humanos, sí puede tener consecuencias ecológicas importantes si no se controla. "Sin depredadores naturales y con alta densidad de animales, esto puede convertirse en un desastre en cuestión de meses", advierte.
Claves sanitarias y advertencias al visitante
La presidenta del Colegio Oficial de Veterinarios de la Región de Murcia, Teresa López, coincide en la gravedad del escenario, aunque introduce una mirada más técnica y contextualizada sobre la enfermedad. Según explica, la sarna es "un parásito de la piel", concretamente un ácaro que se instala en la epidermis y provoca lesiones que pueden agravarse por infecciones secundarias. "Lo que realmente pica no es solo el parásito, sino la infección que generan las heridas", matiza.
López subraya que se trata de una patología conocida desde hace décadas en el medio natural. "No es algo nuevo; en Sierra Espuña, en Cazorla y en otros espacios lleva años presente. La Dirección General de Medio Natural lo sabe perfectamente", afirma. En su opinión, el problema no radica en su existencia, sino en la imposibilidad de controlarla en ecosistemas abiertos. "En una explotación ganadera puedes tratar a todos los animales, desparasitar, limpiar instalaciones. En el monte eso es inviable", explica.
La veterinaria advierte de que las condiciones climáticas recientes han favorecido el repunte. "Hemos tenido un invierno muy húmedo y ahora temperaturas suaves. Esa humedad hace que estos parásitos proliferen mucho más", señala. Este patrón, añade, es habitual también en granjas, donde los problemas cutáneos aumentan en ambientes húmedos.
Uno de los aspectos que más le preocupa es la interacción entre fauna y humanos. Aunque la sarna animal no suele completar su ciclo en personas, sí puede producir contagios puntuales. "Los animales pueden acercarse a zonas de descanso, rascarse en mesas o bancos, y luego una persona sentarse ahí", pone como ejemplo. El riesgo, insiste, es bajo pero no inexistente, especialmente en primavera y verano.
Ante esta situación, López lanza recomendaciones claras para senderistas y visitantes. "Lo más sencillo es evitar el contacto directo: pantalones largos, ropa que cubra la piel y, si es posible, aplicar repelentes o insecticidas sobre las prendas", aconseja. También insiste en la importancia de no abandonar residuos: "Los animales se acercan a comer lo que dejamos y eso aumenta el contacto".

Barranco de Enmedio (Sierra Espuña) / CARM
En cuanto a posibles medidas de control, se muestra escéptica. El sacrificio selectivo es una opción, pero limitada. "Si la prevalencia es alta, no sirve actuar solo sobre unos pocos ejemplares visibles", señala. Otras alternativas, como el uso de cebos medicados o tratamientos masivos, presentan dificultades logísticas y riesgos ecológicos. "Cualquier intervención puede afectar a otras especies. Es un equilibrio muy complejo", resume.
Los antecedentes refuerzan la preocupación. En 1987, una epidemia de sarna en la sierra de Cazorla llegó a diezmar hasta el 93% de la población de cabra hispánica, un episodio que aún hoy se recuerda como uno de los más graves en fauna silvestre en España. "Estos brotes pueden tener consecuencias muy serias si confluyen muchos factores", advierte López.
En definitiva, la experta insiste en que la clave está en la vigilancia y en una gestión adaptada a la realidad del medio natural. "No hay soluciones fáciles ni rápidas", concluye, "pero sí medidas para minimizar riesgos y evitar que la situación se descontrole".
"Los picos forman parte del ciclo natural de la enfermedad", destaca la Comunidad
Frente a la preocupación expresada por colectivos ecologistas, fuentes técnicas de la Consejería de Medio Ambiente aseguran que no existe evidencia de «un brote extraordinario de sarna en Sierra Espuña». Según explican, se trata de una enfermedad «endémica en la fauna silvestre del sureste peninsular», por lo que la aparición de picos de incidencia forma parte de su comportamiento natural.
Desde la Administración autonómica subrayan que el espacio protegido cuenta con un sistema de vigilancia permanente. Agentes medioambientales y técnicos especializados realizan un seguimiento continuo de las poblaciones, lo que permite detectar ejemplares afectados conforme aparecen. «El control consiste en el abatimiento selectivo de los animales enfermos», indican, con el objetivo de reducir el sufrimiento y limitar la propagación.
Una vez retirados, los animales se trasladan al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de la Región de Murcia para su gestión sanitaria. En determinados periodos también se procede a la destrucción de la piel para evitar la persistencia del parásito.
Estas actuaciones se integran en la gestión poblacional del arruí. El PORN fija una población de referencia de unos 300 ejemplares, priorizando siempre «el abatimiento de animales enfermos frente a ejemplares sanos».
Desde la Consejería de Medio Ambiente recuerdan que no existe tratamiento farmacológico eficaz en fauna silvestre en libertad, por lo que la retirada selectiva sigue siendo la principal herramienta, junto al seguimiento continuo de la situación.
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