El camino hacia la innovación y digitalización de las comunidades de regantes
El rápido desarrollo de tecnologías emergentes como la IA abre un horizonte de oportunidades sin precedentes para mejorar la eficiencia hídrica, garantizar la sostenibilidad del recurso y elevar la calidad del servicio que se presta a los comuneros

La digitalización no es posible sin una base sólida de sensorización, telecontrol y telemedida que garantice la validez del dato. / Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena
Las comunidades de regantes afrontan un momento decisivo en su proceso de transformación digital. La convergencia de tecnologías maduras, la democratización y abaratamiento del hardware, software y comunicaciones, así como el rápido desarrollo de otras tecnologías emergentes como la Inteligencia Artificial, abre un horizonte de oportunidades sin precedentes para mejorar la eficiencia hídrica, garantizar la sostenibilidad del recurso y elevar la calidad del servicio que se presta a los comuneros. Ya no hablamos de modernización; los siguientes pasos de mejora abarcan un esfuerzo mayor para conseguir un salto menor, pero un salto y una mejora, al fin y al cabo. Desde la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena llevan años apostando por la innovación como motor de cambio, y entre sus muchas labores también se encuentra la de dar a conocer su visión sobre los desafíos tecnológicos actuales a los que se enfrentan el sector.
Una gestión más ‘inteligente’
La escasez de agua, la variabilidad de los precios de la energía, la presión regulatoria, la trazabilidad de los consumos y la necesidad de ofrecer respuestas rápidas al comunero obligan a evolucionar hacia un modelo de gestión más inteligente, interconectado y sostenible. «La innovación no debe entenderse como una suma de herramientas aisladas, sino como una arquitectura integral al servicio de la explotación, la gobernanza y la confianza», afirma Pablo del Amor Saavedra, director TIC de la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena.

El futuro del regadío en el Campo de Cartagena / Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena
La digitalización no es posible sin una base sólida de sensorización, telecontrol y telemedida que garantice la validez del dato. La falta de mantenimiento de las redes, con sensores descalibrados, transmisiones corruptas o lecturas sin contexto o con contexto erróneo, generan decisiones erróneas y erosionan la confianza. Por eso, tan importante como desplegar dispositivos es implantar tareas de validación, detección de anomalías y trazabilidad. Los nuevos estándares de conectividad IoT y el abaratamiento de las redes ya permiten pensar en infraestructuras siempre conectadas, capaces de cubrir puntos antes no monitorizados y de extender la digitalización a toda la red, no solo a las instalaciones principales. Ahora bien, cuanto más conectamos, más crítica se vuelve la ciberseguridad: segmentación de redes, cifrado extremo a extremo y actualización continua pasan a ser parte del servicio esencial, no un complemento opcional.
Medir, corregir y estandarizar
La transformación tecnológica también tiene una dimensión organizativa. Los retos de gobernanza no desaparecen con más datos; en muchos casos, se vuelven más exigentes. La digitalización obliga a definir quién decide, quién valida, quién publica y quién responde. Aquí siguen siendo plenamente vigentes principios clásicos de la ingeniería y la mejora continua: medir, corregir, estandarizar y volver a mejorar.
Por otro lado, la sostenibilidad ya debe contemplarse desde una lógica más amplia de economía circular y resiliencia. La integración con energías renovables, la optimización energética del bombeo, el uso de recursos no convencionales, el mantenimiento predictivo y la reducción de pérdidas forman parte de la misma estrategia.
El papel de la IA
Con respecto a la inteligencia artificial, ésta empieza a tener un uso actual claro, aunque todavía selectivo. Ya tiene uso para detectar anomalías, anticipar fugas, optimizar bombeos según tarifas energéticas, asistir en la planificación de riegos, etc., pero destaca el uso en la gestión de documentación, ayudando en la redacción de casi todo tipo de documentos, incluso en la gestión y visualización de capas de información geográfica, prometiendo realizar muchas más acciones con el despliegue y mejora de agentes en plena evolución.
«Sin embargo, la IA no debe implantarse a la ligera. Su adopción a día de hoy exige validar modelos, supervisar resultados, medir costes, definir responsables y garantizar privacidad. En organizaciones como las comunidades de regantes, con información operativa sensible, cobra especial interés el uso de modelos locales o entornos LLM privados, entrenados o ajustados con datos propios y conectados a repositorios internos. Para ello, la interconexión de datos, su calidad y su gobierno son más importantes que el algoritmo en sí», explica el Saavedra.
Las comunidades de regantes que lideren esta etapa no serán las que acumulen más tecnología, sino las que sepan unir eficiencia, innovación y seguridad de los datos, sostenibilidad y buen gobierno. «La meta no es digitalizar por digitalizar, sino prestar un mejor servicio, más transparente, más resiliente y lo bastante flexible para adaptarse con garantías y menor coste a los cambios que están por venir», concluye director TIC de la Comunidad de Regantes del Campo de Cartagena.
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