Medio ambiente
Cartagena planta vida en el fondo del mar Mediterráneo
Más de 6.000 fragmentos de posidonia fueron replantados frente a la playa de Fatares, en un proyecto que combina ciencia y voluntariado

Un buzo del proyecto Acción Posidonia documenta la replantación frente a la playa de Fatares (Cartagena). / José Luis Alcaide Sanjurjo
El mar parece inmutable cuando se mira desde la orilla. Un horizonte azul, aparentemente eterno, que respira con la calma de las mareas. Pero bajo esa superficie tranquila se libra una batalla silenciosa por la salud del Mediterráneo. En ese escenario, donde cada fragmento de vida cuenta, un grupo de científicos, buceadores y voluntarios ha decidido plantar futuro en el fondo marino.
El proyecto Acción Posidonia acaba de cerrar su primera fase tras varios meses de trabajo en distintos puntos del litoral mediterráneo español. La iniciativa, impulsada por la Fundación Ecomar junto a entidades científicas y organizaciones del sector marítimo, ha permitido avanzar en la recuperación de praderas de Posidonia oceánica, una planta clave para el equilibrio ecológico del Mediterráneo.
La primera fase del proyecto concluyó el pasado 22 de febrero, pero su impulso no se detiene. Tal y como explica la fundadora de Ecomar, Theresa Zabell, la iniciativa continuará con una segunda etapa de 18 meses de duración que mantendrá el trabajo en varias zonas del litoral. ‘Acción Posidonia 1 ya está finalizada, pero damos continuidad con Acción Posidonia 2’, explica a La Opinión.
El proyecto se ha desarrollado en cuatro enclaves del Mediterráneo español: la bahía de Pollensa, en Baleares; Calpe, en la Comunidad Valenciana; Tossa de Mar, en Cataluña; y en Cartagena. Todos ellos comparten una característica común: zonas donde las praderas de posidonia han sufrido deterioro, pero todavía mantienen condiciones adecuadas para su recuperación.
Fundación Ecomar impulsa el proyecto con seguimiento y técnicas científicas innovadoras
La elección de estos espacios responde a criterios científicos. La posidonia no puede plantarse en cualquier lugar, sino en áreas donde anteriormente existieron praderas y todavía queda lo que los expertos denominan ‘mata muerta’. Es decir, restos del antiguo ecosistema que indican que el fondo marino puede volver a albergar esta vegetación.
En el caso de Cartagena, la zona frente a la playa de Fatares reunía esas condiciones. A ello se sumó la presencia de un equipo local capaz de trabajar sobre el terreno de forma continuada, algo fundamental en un proyecto que requiere seguimiento constante. Allí estaba prevista la replantación de 6.000 fragmentos o semillas de posidonia, una cifra que finalmente se ha superado ligeramente tras los trabajos desarrollados durante los últimos meses. Al frente del proyecto en la zona está José Antonio Oliver Hernández.

Cultivos de posidonia frente a la costa cartagenera. / José Luis Alcaide Sanjurjo
El proceso de restauración es complejo y combina distintas técnicas. Parte del material vegetal procede de fragmentos replantables desprendidos por temporales, mientras que otra parte se obtiene de semillas recogidas en la costa y germinadas en laboratorio; en concreto se ha colaborado con un centro experimental en Portmán del Ministerio para la Transición Ecológica. En esta suerte de vivero provisional los fragmentos germinan hasta desarrollar una pequeña raíz y tallo, y estas plántulas se fijan a estructuras que posteriormente se anclan al fondo marino.
Las praderas de posidonia protegen la costa de la erosión y sirven de refugio a las especies marinas
Este trabajo combina ciencia y paciencia. Cada fragmento debe colocarse cuidadosamente para aumentar sus probabilidades de supervivencia, en un ecosistema donde las condiciones ambientales y la presión humana pueden dificultar el crecimiento.
El proyecto también ha incorporado investigación aplicada. Entre las líneas de trabajo se encuentra el desarrollo de técnicas de cultivo in vitro de posidonia, que permitirían en el futuro obtener material vegetal sin recurrir a praderas naturales.
Más allá de la restauración directa, la iniciativa busca también impulsar la participación social en la conservación del mar. Para Zabell, proteger los ecosistemas marinos requiere implicar a toda la sociedad, desde científicos hasta pescadores o estudiantes.
Un trabajo en equipo
"Esto es un trabajo en equipo", subraya. En el proyecto participan investigadores, centros de buceo, voluntarios y representantes del sector pesquero, cuya colaboración resulta esencial para compatibilizar la conservación con la actividad económica.
El Mediterráneo es especialmente vulnerable a los impactos humanos, desde la pesca de arrastre hasta la contaminación o el calentamiento de las aguas. En ese contexto, las praderas de posidonia desempeñan un papel crucial: producen oxígeno, absorben dióxido de carbono, protegen las costas de la erosión y sirven de refugio a numerosas especies marinas.
Además, estos ecosistemas funcionan como grandes almacenes naturales de carbono, conocidos como sumideros de carbono azul, capaces de retener CO₂ durante siglos en los sedimentos marinos. Por eso, su degradación no solo implica pérdida de biodiversidad, sino también una menor capacidad del mar para mitigar el cambio climático.
Mientras la segunda fase del proyecto Acción Posidonia comienza a desplegarse, las pequeñas plantas ancladas al fondo del Mediterráneo representan algo más que un experimento científico. Son una apuesta por devolver al mar parte de la vida que durante décadas ha ido perdiendo.
La fuerza de las alianzas empresariales en el Mediterráneo
La recuperación de los ecosistemas marinos requiere cada vez más alianzas entre instituciones científicas, administraciones públicas y sector privado. En el proyecto Acción Posidonia, una de las compañías que ha participado en esta colaboración es el holding Redeia, del que depende Red Eléctrica, a través de su estrategia de sostenibilidad y restauración ambiental.
La implicación de la empresa en la protección de las praderas marinas tiene un origen que se remonta a más de una década. Según explica Laura Quintana, directora de Desarrollo Sostenible de Redeia, el trabajo comenzó en 2014, cuando la compañía desarrolló la interconexión eléctrica entre Ibiza y Mallorca.

El proyecto recupera la posidonia perdida. / José Luis Alcaide Sanjurjo
Aquella infraestructura incluía medidas compensatorias orientadas a la recuperación de la posidonia. "De la mano del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados se desarrolló una metodología para recolectar y plantar posidonia", recuerda Quintana. Gracias a ese proyecto pionero se restauraron hasta dos hectáreas de pradera en la bahía de Pollensa.
El seguimiento científico realizado años después confirmó la eficacia del método: cerca del 95% de las plantas sobrevivieron. Ese resultado animó a la compañía a ampliar su implicación en iniciativas de restauración marina y buscar nuevas alianzas.
La colaboración con la Fundación Ecomar surgió precisamente con ese objetivo. "Queríamos crecer y aumentar nuestro impacto positivo en el ecosistema, y la forma de hacerlo era buscar alianzas", explica Quintana.
Dentro de Acción Posidonia, Redeia ha participado apoyando el conjunto del proyecto desarrollado en distintos puntos del Mediterráneo, entre ellos Cartagena.
Para la responsable de sostenibilidad de la compañía, la restauración ambiental debe formar parte de la responsabilidad de las empresas, especialmente en sectores vinculados a infraestructuras y energía. "Nuestro compromiso con la sostenibilidad va más allá de compensar el impacto de nuestras actividades", afirma.
Redeia gestiona miles de kilómetros de infraestructuras eléctricas en España, incluidos cables submarinos que conectan territorios como Baleares o Canarias. Esa presencia en el medio marino ha reforzado la apuesta de la empresa por proyectos de conservación.
Además de las actuaciones directas sobre el ecosistema, la compañía también promueve iniciativas de divulgación y educación ambiental. En colaboración con entidades como la Fundación Ecomar, se organizan talleres dirigidos a escolares para explicar la importancia de los ecosistemas marinos.
Quintana defiende que este tipo de proyectos muestran un nuevo modelo de actuación ambiental basado en la cooperación. "Nosotros solos no podemos llegar tan lejos. Las alianzas con científicos, voluntarios y comunidades locales son fundamentales".
La compañía prevé seguir impulsando iniciativas similares en el futuro. Entre sus líneas de trabajo se encuentran nuevos proyectos relacionados con otros hábitats marinos, como los bosques de macroalgas o los arrecifes de gorgonias. El objetivo, concluye Quintana, es claro: "dar a los ecosistemas y a la sociedad más de lo que recibimos".
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