Medio ambiente
Reclaman el traslado de la estación de calidad del aire de San Basilio a un punto con más tráfico en Murcia
Un informe de Ecologistas en Acción advierte que solo cumple parcialmente los criterios europeos

Estación medidora de la calidad del aire en San Basilio (Murcia). / EP
La calidad del aire que respiran millones de personas en las ciudades españolas podría no estar midiéndose donde realmente es más necesario. Esa es la principal conclusión del informe de Ecologistas en Acción, que revela que solo una de cada cuatro estaciones urbanas de control del aire cumple adecuadamente su función. El resto presenta deficiencias —en muchos casos relevantes— que pueden llegar a distorsionar la imagen real de la contaminación, especialmente la ligada al tráfico y Murcia no es una excepción: la única estación analizada, San Basilio, presenta limitaciones que cuestionan su representatividad plena.
Ecologistas en Acción pone el foco en un aspecto técnico pero crucial: la ubicación de las estaciones que miden la contaminación. No se trata solo de medir, sino de hacerlo en los lugares donde la población está más expuesta. Según el informe 'Tráfico y calidad del aire urbano en el Estado español', durante años muchas administraciones han reubicado estaciones "conflictivas" —especialmente las vinculadas al tráfico— hacia zonas menos expuestas. "El objetivo implícito era evitar registrar niveles elevados", sospechan desde la organización, una práctica que ya fue cuestionada por la justicia europea y que ahora queda más acotada por la nueva Directiva comunitaria.
La normativa actual exige que los puntos de medición se sitúen en lugares críticos: calles con alta intensidad de tráfico, zonas residenciales o entornos sensibles como colegios y hospitales. Sin embargo, el estudio concluye que esto no siempre se cumple.
Tres de cada cuatro estaciones, con problemas
El análisis abarca 25 ciudades españolas y ofrece una fotografía clara: Solo el 24% de las estaciones son adecuadas, un 8% presenta deficiencias parciales y un 68 por ciento no cumple los criterios establecidos. En otras palabras, tres de cada cuatro estaciones tienen algún grado de limitación .
Las principales deficiencias no están tanto en la elección de la ciudad o el barrio, sino en el detalle. Entre esas deficiencias los ecologistas advierte de distancias excesivas respecto al tráfico, alturas de medición poco representativas, obstáculos que alteran la circulación del aire o ubicaciones en espacios poco expuestos, como patios o zonas retranqueadas. "Es precisamente en la microimplantación donde se concentran los fallos más relevantes", recoge el informe .

Imagen de archivo de tráfico congestionado en la Gran Vía de Murcia. / Juan Carlos Caval
El caso de Murcia: una estación "parcialmente adecuada"
En la Región de Murcia, el estudio se centra en la estación de San Basilio, la única analizada en la capital. El estudio concluye que cumple solo parcialmente los criterios, lo que la sitúa en una posición intermedia dentro del conjunto estatal.
El informe advierte que su ubicación es, en términos generales, coherente con un entorno urbano con presencia de tráfico y población expuesta. De hecho, se encuentra en una zona residencial consolidada con influencia de infraestructuras viarias cercanas y niveles acústicos elevados (entre 70 y 75 dB), indicativos de presión del tráfico .
Sin embargo, presenta limitaciones relevantes. La principal: no está situada directamente en un punto de máxima intensidad de tráfico, sino en una plaza peatonal próxima a una vía secundaria. Aunque existe una gran infraestructura viaria cercana (Ronda Oeste), esta se encuentra a unos 44 metros, lo que reduce su capacidad para captar los niveles más altos de contaminación. Aun así, cumple algunos requisitos técnicos importantes, como la distancia adecuada a la calzada más próxima (calle Federico García Lorca) dentro de los parámetros establecidos por la normativa europea. En síntesis, la estación murciana podría tener una validación legal, pero no necesariamente refleja los peores escenarios de contaminación por tráfico en la ciudad, que es precisamente lo que exige la legislación europea.
El problema no es solo técnico. Tiene consecuencias directas en salud pública y en la toma de decisiones. Si las estaciones no están ubicadas en los puntos más contaminados se puede subestimar la exposición real de la población. Además, se dificulta la adopción de medidas eficaces contra la contaminación y se genera una falsa sensación de cumplimiento de los límites legales. El informe advierte de que algunas estaciones clasificadas como "de tráfico" funcionan en la práctica como estaciones de fondo urbano, lo que puede distorsionar los datos y su interpretación .
Desde Ecologistas en Acción reclaman una revisión completa del sistema y proponen que, en el plazo de un año, las administraciones revisen la ubicación de todas las estaciones urbanas de tráfico. Además, piden que este proceso incluya participación ciudadana, para identificar los puntos donde la población percibe mayor contaminación, como entornos escolares o sanitarios. "El objetivo debe ser claro: medir donde realmente se respira peor", sostienen.
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