Feminismo
Maria Luz Álvarez, primera presidenta de un Centro de la Mujer del municipio de Murcia, "Las mujeres dijimos ‘vamos adelante’ para conquistar nuestros derechos"
La primera presidenta del Centro de la Mujer de Cabezo de Torres y pionera en ostentar este cargo repasa una vida de trabajo, lucha vecinal y compromiso feminista

Mª Luz Álvarez, pionera del movimiento vecinal y feminista en Cabezo de Torres. / L.O.
Juana Herreros Bustamante
Hace apenas unos días se conmemoraba el Día Internacional de las Mujeres, una fecha para celebrar avances, pero también para recordar que la igualdad plena sigue siendo una tarea pendiente. En ese camino han sido fundamentales mujeres como Mª Luz Álvarez, pionera del movimiento vecinal y feminista en Cabezo de Torres, primera presidenta del primer Centro de la Mujer creado en el municipio de Murcia y testigo directa de una época en la que todo estaba por conquistar. La historia de es la de tantas mujeres que, sin grandes focos, sostuvieron a sus familias, levantaron sus barrios y empujaron cambios decisivos para las generaciones que vinieron detrás. Una vida atravesada por el esfuerzo, el compromiso y la convicción de que los derechos no llegan solos: se conquistan.
Usted vivió los años de la dictadura franquista. ¿Cómo era entonces la vida de las mujeres?
Yo nací en Ponferrada y allí pasé mi infancia. En aquellos tiempos el hombre y la mujer trabajaban a la par porque se dedicaban al campo. En el medio rural no había mucho, un pedazo de tierra y tus animales para subsistir. No se podía pensar en otras cosas. La vida era dura, y la de las mujeres más, porque trabajaban igual que los hombres y además eran las que se ocupaban de todo lo demás: los hijos, la casa y los enfermos.
¿Eran conscientes de que vivían en desigualdad respecto a los hombres?
Más que conciencia, lo que pasaba es que la gente empezaba a emigrar fuera de España y veía que fuera había más oportunidades y más libertades. Se abrían a otro mundo y a otras maneras de vivir. En mi caso fue mi madre la que emigró y mandaba el dinero a casa. Yo no viví el machismo en mi familia porque mi padre enfermó y se tuvo que quedar en casa, y era él quien nos cuidaba. Pero, en general, para las mujeres de aquella época era impensable darse cuenta de esa desigualdad.
"No queríamos seguir siendo ‘las mandadas’ de lo que decían los hombres de la asociación"
Una gallega en Murcia. ¿Cómo llegó aquí?
Empecé a trabajar muy joven como auxiliar de enfermería y trabajé en una residencia para enfermos de tuberculosis en la sierra de Madrid. Allí conocí a mi marido, nos casamos y nos vinimos a vivir a Murcia porque él era de aquí. Y aquí he hecho mi vida.
¿Cómo fueron aquellos comienzos, en los años 80, cuando empezó a implicarse en su pueblo y en la mejora de la vida de las mujeres?
Estaba todo por hacer, y yo me metí en todo: en la asociación de vecinos, en el APA… El Ayuntamiento nos mandó un equipo de técnicos para estudiar cuáles eran las necesidades del pueblo y, después de las primeras reuniones, vimos que las que acudíamos éramos sobre todo las mujeres. Entonces nos planteamos que necesitábamos aprender a participar, que no queríamos seguir siendo ‘las mandadas’ de lo que nos decían los hombres de la asociación, sino tener nuestros espacios de decisión y poner en marcha los servicios que necesitábamos.
¿Qué pedían exactamente?
Queríamos que nos enseñaran a hablar en público, a presentar escritos a las administraciones, a organizarnos, a dar nuestras opiniones y aportar nuestras soluciones. El Ayuntamiento respondió positivamente y así empezamos a constituir el primer Centro de la Mujer.
¿Cuál fue la primera conquista?
Lo primero que pedimos fue educación de adultas, porque había mucho analfabetismo, sobre todo en las mujeres. El concejal de Educación de entonces dijo que no podía ponerlo solo para mujeres, pero yo me negué, porque éramos nosotras las más interesadas en asistir y en aprender. Y lo conseguimos.
Después llegaron nuevas reivindicaciones.
Sí. Pedimos tener consulta de planificación familiar en el pueblo, porque no existían esos servicios y las mujeres, sobre todo las jóvenes, no acudían si no estaban cerca de sus casas. Así conseguimos que hubiera consultas un día a la semana en el Centro de la Mujer. Iba un ginecólogo y una enfermera, nos hacían citologías, recetaban anticonceptivos y atendían todo lo relacionado con la salud reproductiva, que entonces hacía mucha falta.
También hubo asesoramiento jurídico y psicológico.
Sí. Se organizaron charlas y conferencias sobre salud, sexualidad, derechos de las mujeres y malos tratos. Muchas mujeres sufrían malos tratos y creían que no podían hacer nada para salir de esa situación. El Ayuntamiento puso una asesoría con abogado y psicóloga para ayudar a las mujeres que lo necesitaban y orientarnos a todas.
¿Qué recuerda de aquella etapa?
Fue un gran movimiento por el que logramos muchas cosas buenas. Y fue gracias al conjunto de las mujeres, a muchas mujeres, en cada barrio y en cada pueblo, que empujaron y dijeron: “Vamos adelante”, a conquistar nuestros derechos y a ocupar el espacio público.
Hay un aspecto muy duro de su vida que también habla de su fortaleza. ¿Qué pasó con su hija Teresa?
Perdí a una hija de 47 años, mi hija Teresa, que dejó dos hijos y un marido. Y eso te rompe la vida. Es un dolor tan grande que hasta que no lo vives no sabes lo que es.
¿Qué supuso para usted esa adversidad?
No puedes quedarte en ese dolor, aunque es lo que tu cuerpo quiere. No puedes dejarte morir. Tienes que morir y vivir por los demás, llevar las dos cosas a la vez, porque tenía cuatro hijas más y los nietos, y me necesitan. Y aquí estoy, dando gracias a la vida, por lo bueno y por lo malo.
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