ENTREVISTA
Amor Gil: "La anestesia es necesaria en el quirófano. En la vida, no"
La médica especialista en Anestesiología publica 'Vives anestesiado, déjame despetarte antes de que sea tarde', un ensayo que reflexiona sobre el estrés, la hiperactividad y la sensación de vivir en piloto automático

Amor Gil, médica especialista en Anestesiología, con un ejemplar de su libro, 'Vives anestesiado: Déjame despertarte antes de que sea tarde', presentado recientemente en el Real Casino de Murcia / L.O.
Cada día, Amor Gil Ibáñez trabaja en el lugar donde la conciencia se apaga y vuelve a encenderse: el quirófano. Como especialista en Anestesiología, Reanimación y Tratamiento del Dolor, su labor consiste en dormir el cuerpo para que la medicina actúe. Pero fue precisamente fuera de él donde empezó a hacerse otra pregunta: ¿y si muchas personas están viviendo también anestesiadas, aunque nadie les haya administrado un fármaco? De esa reflexión nace Vives anestesiado: déjame despetarte antes de que sea tarde, un ensayo en el que la médica traslada al terreno emocional lo que observa en su práctica diaria. “La anestesia es necesaria en el quirófano. En la vida, no”, afirma. En esta entrevista reflexiona sobre el estrés, la hiperactividad y esa sensación cada vez más común de vivir en piloto automático.
El título es muy potente: Vives anestesiado. ¿En qué momento se dio cuenta de que muchas personas están viviendo así?
Me di cuenta cuando salía de trabajar. En quirófano lo tenía todo controlado: qué fármacos ponemos, qué efectos van a producir y cómo evoluciona cada paciente. Pero cuando salía, veía el caos en mi vida y en la de muchas personas a mi alrededor. Yo misma funcionaba en piloto automático, repitiéndome constantemente que me faltaban horas en el día. Tenía extrasístoles, autoexigencia total, la cabeza embotada… y entendí que así no podía vivir, y que tenía que encontrar una manera de despertar para poder vivir feliz. Y ahí empezó todo.
Usted es anestesista. ¿Cómo influyó su experiencia profesional en la forma de mirar las emociones y escribir este libro?
Influyó completamente. Trabajar cada día entre la conciencia y la inconsciencia te obliga a reflexionar sobre qué significa estar realmente despierto. Además, siendo anestesista, acompaño a las personas en uno de los momentos más vulnerables de su vida, cuando confían plenamente en que alguien cuide de su conciencia y de su cuerpo. La medicina me dio el lenguaje. La propia vida me dio las preguntas.
¿Hubo algún momento o experiencia personal que le empujara a escribir este ensayo?
La maternidad fue un gran punto de inflexión. Cuando te das cuenta de que tu tiempo es limitado, de que el estrés, el embarazo y las noches sin dormir le pasan factura al cuerpo, y de que tus hijos aprenden mucho más de lo que haces que de lo que dices, empiezas a replantearte cómo estás viviendo. Ahí comprendí que no podía seguir funcionando solo por inercia. Necesitaba parar, escucharme y tomar decisiones más conscientes.

'Vives anestesiado: déjame despetarte antes de que sea tarde', de Amor Gil Ibáñez / L.O.
¿Qué significa exactamente vivir anestesiado? ¿Cómo puede una persona darse cuenta de que le está pasando?
Vivir anestesiado es vivir en piloto automático. Lo notas cuando haces todo lo que "deberías hacer" y, aun así, sientes una especie de vacío o desconexión, una sensación constante de cosas pendientes y de distracción permanente. No es falta de actividad. Es falta de sentido.
Muchas personas funcionan, trabajan y cumplen con todo, pero sienten un vacío. ¿Por qué ocurre esta desconexión emocional?
Porque hemos aprendido a rendir, pero no a escucharnos. Hemos puesto el foco en la productividad y hemos descuidado la conciencia. Priorizamos lo urgente y no llegamos a las cuestiones que son verdaderamente importantes para nosotros en la vida, y eso acaba vaciando. Muchas veces ese vacío no es un fracaso, sino una llamada de atención. Ocurre, sobre todo, porque no nos damos espacio para parar y pensar.
¿Es posible que nos hayamos acostumbrado a vivir cansados y estresados hasta normalizarlo?
Totalmente. Hoy el cansancio casi se ha convertido en una medalla social. Vivimos en una cultura que premia la hiperactividad y la disponibilidad constante. Pero vivir permanentemente agotado no es normal, aunque se haya vuelto frecuente. Además, cuando estamos cansados y saturados pensamos menos, cuestionamos menos y decidimos peor. Y una persona que no tiene tiempo ni energía para pensar difícilmente puede sentirse libre, al contrario, se convierte en una persona fácilmente manipulable.
Una persona que no tiene tiempo ni energía para pensar difícilmente puede sentirse libre, al contrario, se convierte en una persona fácilmente manipulable
En el libro habla de un “cansancio silencioso”. ¿Cree que la sociedad actual empuja a ese estado?
Sí. Vivimos en una cultura de la hiperestimulación, de la comparación continua y de la exigencia permanente. A eso se suma un ruido mental constante, una sensación de tener siempre algo pendiente, algo que atender, algo que mejorar. Ese ruido exterior acaba convirtiéndose en desgaste interior, en un cansancio profundo que muchas veces ni siquiera sabemos nombrar.

Amor Gil Ibáñez, especialista en Anestesiología, Reanimación y Tratamiento del Dolor / L.O.
¿Qué papel tienen el ritmo de vida, el trabajo o las redes sociales en esta sensación de desconexión?
Un papel muy importante. No porque sean negativos en sí mismos, sino porque aceleran el ritmo hasta el punto de que dejamos de tener espacios de reflexión. Sin pausas no hay conciencia. Además, hoy sabemos que detrás de muchas plataformas digitales trabajan equipos de neurocientíficos e ingenieros que estudian cómo captar y mantener nuestra atención. Desde la ciencia sabemos que, utilizando sesgos cognitivos y determinados estímulos, es más fácil predecir cómo vamos a reaccionar que lo que nosotros mismos somos capaces de anticipar. Por eso las redes sociales son solo la punta de un iceberg. Si no aprendemos a relacionarnos con ellas de forma consciente, pueden contribuir a un deterioro cognitivo progresivo y a una mayor fragilidad en nuestras relaciones personales y sociales.
Si no aprendemos a relacionarnos con las redes sociales de forma consciente, pueden contribuir a un deterioro cognitivo progresivo
Desde su experiencia como médica, ¿cree que estamos prestando suficiente atención a la salud emocional?
Cada vez más, pero todavía de forma reactiva. Esperamos a sentirnos muy mal para empezar a cuidarnos. El síntoma ya es una alarma de que algo no va bien. Lo ideal sería trabajar antes de que aparezca ese error, y eso es prevención. En esta cuestión veo dos problemas claros. El primero es que no abordamos la salud emocional de forma preventiva y global: a nivel corporal, cuidando la alimentación, el deporte y el sueño profundo; a nivel mental, priorizando el aprendizaje, el aburrimiento creativo, la presencia y silenciando notificaciones; y a nivel espiritual, buscando conciencia, coherencia y trascendencia. El segundo es que, cuando aparece el síntoma, muchas veces ponemos un parche rápido: una benzodiacepina, un ansiolítico… pero rara vez vamos al origen del problema para buscar una solución real y duradera.
El libro no promete soluciones rápidas ni fórmulas de felicidad. ¿Por qué decidió huir del enfoque típico de la autoayuda?
Porque sabemos, también desde la ciencia del comportamiento, que para que una persona cambie un hábito tienen que darse tres cosas: que quiera cambiar, que entienda por qué debe hacerlo y que le duela no hacerlo. Los cambios profundos no son rápidos ni superficiales. Preferí escribir un libro honesto que invite a pensar, antes que uno cómodo que dé respuestas fáciles. Despertar requiere incomodidad, y eso es lo que ofrezco en estas páginas. No hago una promesa vacía: prometo un cambio. Ese cambio está fundamentado en mi formación como médica y especialista en anestesia, en una curiosidad genuina que me ha llevado a leer más de 200 libros de campos muy diversos, desde la física cuántica hasta la filosofía, y, sobre todo, en mi propia experiencia personal. Abro el corazón para que el lector entienda que esto no es una charla teórica desde una universidad, sino una vida real que ha sido capaz de sanar, transformarse y aprender a ser feliz.
¿Cuál sería el primer paso para empezar a “despertar” de esa anestesia emocional?
Pararse. Hacerse preguntas. Y atreverse a escuchar las respuestas, aunque no sean las que uno esperaba. Y también darse el tiempo de leer, reflexionar y profundizar. No puedo resumir en una línea las 200 páginas del libro, que ya son, en realidad, el resumen de una vida de búsqueda, aprendizaje y transformación.
¿A qué tipo de lector cree que interpelará más este libro?
Me encantaría decir que interpela a un nicho pequeño de personas, pero la realidad es otra. Está dirigido a quienes sienten que “todo va bien” por fuera, pero algo no termina de encajar por dentro. A quienes intuyen que vivir no debería sentirse como una carrera continua y que, de alguna manera, están funcionando en piloto automático.Y me temo que eso incluye a un porcentaje muy alto de la población, independientemente del sexo o la edad.
Este libro está dirigido a quienes intuyen que vivir no debería sentirse como una carrera continua y que, de alguna manera, están funcionando en piloto automático
¿Qué le gustaría que sintiera o pensara alguien después de terminarlo?
Me gustaría que sintiera claridad. No necesariamente calma inmediata, sino esa lucidez profunda que aparece cuando uno se da cuenta de que llevaba demasiado tiempo viviendo en automático sin cuestionarlo. Que al cerrar el libro tenga la sensación de que algo se ha movido por dentro. Que empiece a mirar su vida con más conciencia, a hacerse preguntas que antes evitaba y a notar que ya no puede seguir exactamente igual que antes. Porque cuando una persona toma conciencia, aunque sea de forma incómoda, ya no puede volver del todo a la indiferencia. Empieza a decidir mejor, a elegir con más intención y a recuperar una parte de sí misma que estaba dormida. Si este libro logra provocar ese momento de verdad con uno mismo, ese instante en el que entiendes que cambiar no es una obligación, sino una oportunidad, entonces habrá merecido la pena leerlo.
¿Qué papel pueden jugar los profesionales de la sanidad para salir de esta "anestesia"?
Un papel clave. No solo tratando enfermedades, sino ayudando a las personas a entender el impacto real que tienen el estilo de vida, el estrés crónico y la desconexión emocional sobre su salud. Pero este cambio no depende solo del sistema sanitario. También implica que el paciente sea valiente, que quiera mirar de frente lo que le ocurre y que asuma su parte de responsabilidad en el proceso de cuidarse y transformarse.
Si tuviera que resumir en una frase la idea central del libro, ¿qué advertencia o reflexión le daría hoy a alguien que siente que vive en piloto automático?
La anestesia es necesaria en el quirófano. En la vida, no.
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